Vivir de las flores

Plantaciones de flores en Santa Elena. Crédito: León Darío Peláez

Son rosas y claveles en su mayoría. Pero las variedades suman más de 40 y, combinadas, generan un negocio de US$1.500 millones.

En Colombia, las flores se han convertido en el segundo producto agrícola de exportación tradicional, después del café. El país despacha hoy el 10% de las flores del mundo y ocupa el segundo lugar en la lista de proveedores después de Holanda, según datos de la Asociación Colombiana de Exportadores (Asocolflores) y el Flower Council europeo.

Los que practican la floricultura se encargan de enumerar sus logros: desde la contribución técnica a la transferencia de conocimiento para el desarrollo de la industria en países vecinos, como Ecuador.

Lo cierto es que la producción de flores a gran escala comenzó en los años '60, aprovechando la demanda de los mercados internacionales y favorecida por una contingencia geográfica: el fácil acceso al ávido mercado estadounidense, a través de Miami, a donde hoy se vende más del 80% de los tallos cuidadosamente arrancados de suelo colombiano.

Image caption Silletera desfila en la principal fiesta popular de Antioquia. Fotos: León Darío Peláez

Sin embargo, no sólo de trata de clima benigno y suelos idóneos para el cultivo: esta industria –como muchas otras vinculadas a la tierra– encuentra en el país sudamericano condiciones socioeconómicas que favorecen su desarrollo. Aquí –dicen los estudios comparativos– la mano de obra es más barata y el agua de riego, gratis. Además, hay pocos controles medioambientales para asegurar la explotación en condiciones sostenibles.

A los desafíos de adecuación tecnológica y la mala paga se suma otro problema: la exportación de flores está atada al tipo de cambio y, con la revaluación del peso colombiano, entre 2004 y 2008, el sector sufrió una contracción en la demanda que se tradujo en la pérdida de puestos de trabajo.

Son muchos los que viven de las flores. Las estadísticas señalan que son unos 160 mil colombianos, de manera directa o indirecta.

Algunos lo hacen por tradición y orgullo, otros por mandato impuesto. Hay quienes creen que la belleza de las plantaciones, controladas con esmero, justifica cualquier desvelo. Para otros, los jardines atraen turistas, éstos traen dólares y la ecuación no necesita explicarse. Y hay alguno más que cree a pie juntillas que de las semillas puede engendrarse un nuevo estilo de vida.

Valeria Perasso, de BBC Mundo, viajó a Antioquia, principal región floricultora de Colombia junto a la sabana de Bogotá, para conocer de cerca las historias de tres de ellos.

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Estas crónicas fueron producidas en el marco del taller de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), durante la edición 2009 del popular festejo antioqueño.

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