Última actualización: miércoles, 14 de octubre de 2009 - 22:39 GMT

El niño que se hace grande en el ruedo

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Para el escritor estadounidense Ernest Hemingway, el toreo es el "único arte que juega con la muerte", donde todo depende del "honor del torero". Y en un país dónde las corridas de toros fueron algo popular, pero ahora son algo casi oculto, un niño de tan sólo 11 años parece tomar las palabras de Hemingway a rajatabla.

"Llevo el toreo en la sangre, el toreo corre por mis venas… y me apasiona, lo doy todo cada vez que entro al ruedo", dice Juan Mauricio Copa, conocido en el pequeño círculo taurómaco de Bolivia como "El Mauri" o "Mauro", antes de entrar al ruedo orgulloso y decidido.

Cada vez que dice la frase "arte taurino" sus ojos se llenan emoción.

Se persigna, desenrolla su pequeña capa amarilla y púrpura –hecha a su medida- y mira fijo al primer toro que cruza el portón oxidado. Su agitada respiración hace que su chaleco rojo con bordados dorados se expanda en cada suspiro. El toro enfurecido arrolla, mientras "El Mauri" se arrodilla sobre su pierna derecha y lo esquiva.

El poco -pero fiel- público aplaude enardecido y grita "eres un grande, demuéstraselo al mundo". Y es que en muy poco tiempo, "El Mauri" se ha convertido en una sensación en el país Andino.

Y eso es lo que él y su padre desean profundamente.

"Lo que yo quiero es que sea un gran matador de toros, un gran matador de Bolivia para el mundo ya que nunca hemos tenido uno bueno", le dice a BBC Mundo antes de la corrida, su padre, Justino Copa.

"Yo quiero que vaya a torear a todos lados, a México, a España, a Colombia, a Perú", agrega Copa con la pasión de un padre que además es torero.

Pasión y crueldad

Juan Mauricio Copa

"El Mauri" es ovacionado en la plaza de toros y criticado por algunos en la calle.

Esta pequeña plaza de toros a orillas del lago Titicaca no será como las majestuosas Las Ventas de Madrid o La Monumental de Ciudad de México. Pero este niño comparte la misma pasión que cualquiera de los grandes de la tauromaquia. Una pasión que para muchos no es otra cosa que sangrienta crueldad.

"Pienso que es una degradación del ser humano, preparar a otro ser vivo, ponerlo en desigualdad de condiciones y luego enfrentarlo sabiendo que tiene el 99% de probabilidades de matarlo, previa tortura. Y los que van a aplaudir esto son la misma cosa", explica Liliana Téllez de la Asociación para la Defensa de los Derechos de los Animales (ADDA).

"Las corridas son algo indigno, y más allá de lo que hacen a los pobres animales es una tara heredada de los españoles. Tanto hemos gritado ¡Quinientos años de resistencia (contra la colonia)!, y al final, nos quedamos con sus taras", agrega Téllez.

Pero las opiniones encontradas respecto a este tema se deben en gran parte a la falta de legislación y a la "zona gris" en la que caen las mismas en el país andino, si bien existen ordenanzas que lo prohíben en ciertas localidades, como en la ciudad de La Paz.

"No tenemos ley porque nadie hace caso. Hay mucha ignorancia. Entonces ésta, y otras barbaridades, están permitidas en Bolivia", explica Téllez, quien agrega que las corridas de toros en Bolivia en principio eran sin muerte del animal, pero que ya se han registrado corridas con muerte. "Por eso recientemente hemos presentado una propuesta de Ley, trabajada y con bases muy fuertes".

Camino a Perú

Él (Mauri) está queriendo hacerse un nombre y recuperar algo que antes aquí en Bolivia era muy popular y llevarlo al mundo entero

Justino Copa, padre de "El Mauri"

La prensa local y ciertas organizaciones de derechos infantiles han criticado fuertemente al padre de "El Mauri" quien rechaza las críticas:

"Nunca ha habido críticas hacia el chico dentro del ruedo, pero sí las ha habido fuera … pero son gente que no sabe del arte taurino. Aquí en Bolivia el arte taurino no es algo reconocido, no es algo que se conozca ni se sepa bien lo que es".

Y si bien Bolivia es uno de los tan sólo nueve países del mundo donde las corridas de toros son permitidas, es donde menos populares o conocidas son.

"Maurito ha tenido varias críticas, pero para los buenos conocedores no es así, el niño tiene esa afición por arte taurino", afirma Copa, quien está tratando que su hijo siga el ejemplo del niño torero franco-mexicano Michelito Lagravere, quien a principios de este año causó sensación en algunos círculos, y desprecio en otros, al haber matado seis toros en un fin de semana, en la ciudad de Mérida, en México.

"Él está queriendo hacerse un nombre y recuperar algo que antes aquí en Bolivia era muy popular y llevarlo al mundo entero", dice Copa.

Y parece que "El Mauri" y su familia están decididos a que siga esos pasos: el niño Boliviano ya tiene un contrato para cruzar la frontera y entrenarse para matar toros en Perú, donde la disciplina es mucho más popular que en Bolivia pero con reglas más leves que en España, por ejemplo, donde la edad mínima para torear es de 16 años.

"No les vamos a hacer caso a los que nos critican", afirma convencido su padre y añade: "Yo le he prometido al niño que va matar toros, que se va a convertir en un gran matador y así será".

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