Última actualización: martes, 3 de noviembre de 2009 - 13:00 GMT

España: renace negocio de las plañideras

Escultura en homenaje a las plañideras de España. Foto: Arquidiócesis de Luanco, Asturias.

Escultura en homenaje a las plañideras de España.

Un oficio de la Edad Media, extinto hace dos siglos, está siendo rescatado en España para salvar la economía de muchas amas de casa en tiempos de crisis.

Con la aprobación de sacerdotes católicos de parroquias rurales, han regresado las plañideras (conocidas en algunos países como lloronas), mujeres que reciben dinero por rezar y derramar lágrimas por muertos que les son desconocidos.

La tradición europea de las plañideras -que trabajan en el Día de los Muertos, en misas y fechas como aniversarios o fallecimientos- fue prohibida en el siglo XVIII.

Sin embargo, debido a la crisis económica mundial parte del clero español decidió ser más flexible y permitir que las familias puedan conseguir dinero extra.

"No se trata de cambiar las leyes, ni desobedecer a la Iglesia Católica, pero si podemos dar una mano a quien lo necesita, es un acto de caridad cristiana", dice a la BBC el padre Antonio Pérez, responsable de la parroquia de Campanario, en Badajoz (oeste de España).

En la iglesia de Nuestra Señora de Asunción, en Campanario, el servicio de las lloronas ha sido anunciado durante las misas en los últimos tres meses.

El sacerdote no sólo informa a los fieles sobre ellas, sino que también avisa sobre "rezos de plañideras y gemidoras" para cuando alguno de los 5.000 habitantes de la ciudad está enfermo o bajo riesgo de muerte.

Para rezar y llorar por un muerto desconocido, las mujeres reciben entre 20 y 30 euros (US$30 a US$45) por día.

En feriados como el Día de los Muertos, el trabajo incluye también ir al cementerio, lustrar la lápida, cambiar las flores, orar y recitar salmos en honor al fallecido.

Vocación

"Lo que hago es por vocación. Rezar, rezo todos los días. El dinero no voy a decir que no ayuda, ahora que la cosa está como está”, cuenta Facunda Santiesteban, de 64 años, quien estrenó el oficio de plañidera profesional en 2009.

Facunda afirma que, por su constante asistencia a misa, muchas personas le pedían oraciones y le pagaban con regalos.

El padre conversó conmigo y me empezó a llegar un dinero que no da para mucho, porque para ser rica tendrían que morir unos siete por día, pero ayuda para pagar algunas cuentas

Facunda Santiesteban, plañidera

"El padre conversó conmigo y me empezó a llegar un dinero que no da para mucho, porque para ser rica tendrían que morir unos siete por día, pero ayuda para pagar algunas cuentas", dice a la BBC.

A diferencia de las profesionales de la Europa medieval -que gemían a alto volumen y llegaban a rasgarse las ropas, golpearse el pecho y arrancase cabellos durante sus actuaciones en misas y funerales-, las plañideras del siglo XXI son discretas y oran en silencio.

Fue por aquellas escenificaciones, consideradas escandalosas por el Vaticano, que el oficio empezó a ser perseguido a partir del siglo XIII, hasta prohibirse en el siglo XVIII.

La Iglesia Católica amenazó con excomulgar a quien continuase llorando y gimiendo alto por un muerto desconocido a cambio de dinero, también porque las actuaciones asustaban a los fieles e incomodaban a los sacerdotes, que tenían que gritar para ser escuchados durante las ceremonias.

Descuentos

A pesar de la prohibición, en algunas ciudades rurales de provincias españolas como Extremadura, Galicia y Canarias, el oficio se mantuvo escondido de las autoridades eclesiásticas de Roma.

Ángela Díez Compostrana, de 63 años, es plañidera profesional desde los 21 años en la ciudad de Casar de Cáceres. Su trabajo va desde recitar salmos y encender velas hasta cuidar de los trámites legales y los documentos del muerto en representación de sus parientes.

"Hay gente que no quiere, o no puede, hacer esas cosas. Hay familias que tiene que salir de la aldea y les cuesta trabajo venir aquí para eso. Entonces, yo hago mi parte e incluso uso mi fe para ayudar a esa alma a estar en paz”, dice Ángela a la BBC.

"Con la crisis, el servicio aumentó un poquito. Algunas familias dejaron de venir, porque viajar sale más caro que llamarme a mí. Pero también me han pedido descuentos. He trabajado hasta por diez euros (US$15), porque está difícil para todo el mundo".

Un año de crisis

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