El oporto en busca de nuevos paladares

Viñedo en Portugal
Image caption Las viñas portuguesas han cambiado poco desde la época del imperio romano.

Aunque puede que en las latitudes más frías se siga sacando una botella de oporto con ocasión de Navidad, quedan lejanos los días en que el brebaje era parte habitual de la sobremesa, al menos para la mayoría. La BBC viajó a Portugal para ver cómo la renovación de la imagen del tradicional vino fortificado está afectando el histórico comercio en el valle del Alto Duero.

Paul Symington camina por sus viñedos en la ladera de una colina, a gusto con su tierra. Con cada paso, firme sobre el suelo húmedo y resbaladizo, se perfila cual centurión romano.

Se detiene para conversar con sus hombres en la viña.

Consulta con su caseiro, quien administra la viña, pregunta a un joven viticulturista sobre la calidad del suelo, y luego recorre con la mirada su propiedad, donde la bruma esconde las vistas del Duero, que corre por debajo.

"Los romanos se vestían distinto, por supuesto. Y no hubieran llegado en coche", dice. "Pero aparte de eso, lo que se ve por aquí no ha cambiado desde la época del imperio", afirma.

Su familia lleva más de 300 años podando las viñas del norte de Portugal. Paul tiene un sentido instintivo sobre la historia y la tradición, pero sabe que las cosas deben cambiar si el negocio familiar ha de sobrevivir.

Rituales de sobremesa

Image caption Antonio, "caseiro" de los Symington, no tiene tiempo para los rituales ingleses en torno al oporto.

El negocio de esta región es el oporto, y si un licor está renovando su imagen es este brebaje espirituoso color rubí.

El oporto conjura imágenes de profundas bodegas con añejos barriles cubiertos de telarañas; de un brindis tras una victoria militar; de extraños rituales con licoreras de cristal y enojosas conversaciones entre coroneles de nariz y cachetes colorados, en ausencia de las damas, por supuesto.

Paul ha debido pensar muy seriamente sobre su futuro.

"Hay una ceremonia maravillosa asociada al oporto", dice.

"En los banquetes de Estado, la reina de Inglaterra brinda con oporto, y no queremos que eso se pierda", afirma.

"Pero hoy por hoy la gente vive distinto. No tenemos bodegas en casa. Comemos en la cocina. No nos vestimos para cenar cada noche", señala.

"Debemos adaptarnos a nuestros mercados. Definitivamente necesitamos que la gente joven beba oporto", indica.

Se detiene y recorre con la mano la viña, en toda su extensión. "Si no es así, todo este valle volverá a ser un terreno baldío", dice. El valle no ha estado en desuso desde hace mucho, mucho tiempo.

Cada año, los romanos se quitaban las sandalias para pisar las uvas del valle del Duero, de forma bastante similar a la que todavía lo hacen algunos empleados de Paul en época de cosecha.

El resto se exprime con máquinas que simulan la pisada humana.

Un éxito inmediato

Image caption El valle del Duero es una de las regiones vitivinícolas más antiguas del mundo.

La región es una de las zonas de viñedos más antiguas del mundo. Fue demarcada oficalmente en 1756, un siglo antes que Burdeos.

Pero el oporto surgió casi por error. Para evitar que el vino se pusiera malo en camino a Londres, los comerciantes lo fortificaron con brandy.

El nuevo licor dulce, con fuerza especial, fue un éxito inmediato entre aquellos que podían darse el lujo de comprarlo.

El río Duero desciende hasta la ciudad de Oporto, donde abundan los nombres como Sanderman, Taylors o Dow, que dan cuenta de la presencia británica que siguió a la afición de las clases altas por el experimento.

A la hora del almuerzo, en un pequeño restaurante local, se vuelve evidente que Paul no necesita ir muy lejos si quiere conocer a su nuevo prototipo de cliente: basta con unas preguntas a su caseiro.

"Luego de decantar el oporto, ¿insistes en que se pase hacia la derecha o la izquierda de la mesa?", pregunto a Antonio.

Mientras Paul traduce, se dibuja una amplia sonrisa en el rostro de Antonio. ¿De qué diantres estaba yo hablando?

Paul aclara la pregunta y Antonio se echa hacia atrás desternillándose de risa.

"Él no entiende de los extraños hábitos ingleses", dice Paul. "Hace el oporto, se lo sirve en un vaso, y se lo toma", agrega.

"Y aquí las mujeres toman a la par de los hombres", señala. "Ciertamente no se les pide dejar la mesa; si no, los hombres no podrían pasar la noche en sus propias casas", explica.

Filtro de primera

Image caption Tim Stanley-Clarke, experto en oportos, asegura que se filtran "perfectamente" con medias de nylon.

De regreso en Gran Bretaña, en el corazón de la apesadumbrada City de Londres, uno de los mayores expertos en el oporto, Tim Stanley Clarke, es un entusiasmado del cambio de imagen.

Llega a un prestigioso bar de vinos con una pequeña licorera, una botella de 1983 y un par de medias de nylon. Al ritmo del jazz de fondo, saca una descorchador de bolsillo.

"Un 48% del oporto lo beben mujeres, y un 44%, menores de 45 años", asegura.

"Me encanta", señala una joven de 23 años, Judith Hurrell, que se encuentra en el bar con un grupo de amigas, y comparte con ellas una botella.

Detrás de nosostros, dos ejecutivas conversan sobre sendos vasos mientras teclean en sus portátiles.

Tim estira las medias de nylon sobre la boca de un embudo de plástico, lo coloca dentro de la licorera y comienza a filtrar el oporto. "Ahí va", dice. "Ninguna ceremonia, y perfectamente filtrado a través de las medias. Oporto de la casa servido al vaso", dice.

"Se acabaron los días de los ancianos ricachones con pinta de importantes, que se dormían sobre su oporto en sillones de cuero", sentencia.

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