En Navidad, la pobreza migra a La Paz

Los potosinos aprovechan el semáforo en rojo para pedir monedas.
Image caption Los potosinos aprovechan el semáforo en rojo para pedir monedas.

Sentadas en las puertas de un hotel de cinco estrellas en La Paz, tres mujeres y sus pequeños hijos extienden la mano a los transeúntes a la espera de que caiga una moneda.

Ellas son Valeria, Julia y Lilia, migrantes del norte de Potosí, que junto a decenas de familias se trasladan año tras año a la sede de gobierno de Bolivia para mendigar en época navideña.

Mujeres, niños y ancianos llegan a La Paz a principios de diciembre y se quedan hasta después de Año Nuevo. Viajan al menos dos días con sus noches, primero en camión y luego en bus, para finalmente divisar las luces de la gran ciudad.

Dejan atrás sus parcelas, sus ovejas, su pobreza. Una vez en La Paz, se instalan en las aceras, en las esquinas de las calles, en los escaparates de las tiendas y al pie de los semáforos para pedir dinero, comida y algún regalo para los niños.

Así, el lujo y el brillo navideño contrastan con las sucias caritas de los niños migrantes que visten coloridas ropas típicas hechas a mano y con lana de oveja.

BBC Mundo hizo un recorrido por la ciudad y en las calles céntricas encontró al menos a tres familias por cuadra pidiendo limosna.

Techo y colchoneta por centavos

Lilia Mamani cuenta que visita La Paz desde hace cinco años y que, de tanto mendigar, pudo ahorrar para comprar dulces y revenderlos en las calles.

Ella, su hermana Julia Mamani, su amiga Valeria Rodríguez y otros vecinos de su comunidad alquilan colchonetas de paja para pasar la noche bajo techo, donde pagan el equivalente a 20 centavos de dólar.

En cambio, a Esmeralda Choque, que llegó a La Paz por primera vez, lo que le queda es pedir limosna porque quiere darles "algún regalito y platita" a sus hijos en Navidad.

Ella no puede darse "el lujo" de una colchoneta y, junto a otros recién llegados, duerme al aire libre en las afueras de la terminal de buses, pese a que las noches paceñas son frías y a veces lluviosas.

Ese lugar es una especie de centro de operaciones. Allá es donde estos ocasionales migrantes dejan sus pocas pertenencias durante el día y es donde llegan al caer la noche para comer, dormir y relajarse.

Monedas de la solidaridad

Los paceños ya se acostumbraron a la presencia de estos visitantes de fin de año y, como en estas fechas reciben el aguinaldo o sueldo extra, dejan caer unas monedas en las manos, sombreros y tazas de los mendigos.

Y, en muchos casos, también llenan sus ollas de alguna sopa caliente para espantar el frío y el hambre que acecha a los potosinos. Otras personas preparan chocolate caliente que luego reparten con pan navideño en las calles de La Paz.

Image caption Los escaparates y los migrantes. Un contraste de la navidad boliviana.

La solidaridad también se expresa en campañas de recolección de dinero para la compra de juguetes, que luego son entregados a los niños pobres en actos masivos.

Por eso, estos migrantes de fin de año no se van con las manos ni los estómagos vacíos. Se llevan un poquito, apenas un poquito de lo mucho que se come y se compra en Navidad.

Se llevan también la pobreza de siempre, la que les persigue desde Potosí a La Paz, desde La Paz a Potosí.

Allá van, a Potosí, la tierra que hace más de cuatro siglos fue el centro de la riqueza minera mundial.

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