La increíble historia de los "cubanos" de Sudán

Cartel del club De'Havana
Image caption En el club De'Havana los "cubano-jubanos" se juntan muchas noches para compartir una botella de whisky y arreglar el mundo en español.

Lechón asado cubano en el menú, clases de salsa los jueves y ritmo latino; el club De'Havana en Juba, la capital de Sudán del sur, parece estar en el continente equivocado.

Es aquí donde un grupo de antiguos exiliados de Sudán, conocidos como "cubano-jubanos", se juntan muchas noches para compartir una botella de whisky y arreglar el mundo... en español.

Entre ellos hay médicos, farmacéuticos, contadores, ingenieros y economistas. Todos estudiaron en Cuba durante la Guerra Civil de 21 años que azotó al país africano y ahora son considerados la élite intelectual del sur de una de las regiones más pobres y menos desarrolladas del mundo.

"En Juba, tenemos más de 100 licenciados en Cuba en diferentes campos. Todos ellos formaban parte de los más de 600 estudiantes que fueron enviados a aquel país para educarse", explicó Okony Simon Mori, un médico de 38 años.

Él regresó a Juba para trabajar en el Hospital de Enseñanza de la ciudad en 2007, dos años después de que se firmara el tratado de paz que puso fin a un conflicto en el que murieron un millón y medio de personas.

"Lápices por Kalashnikovs"

Okony Simon Mori sólo tenía 13 años cuando fue escogido por el grupo guerrillero conocido como SPLM, recién fundado en aquella época, para irse a Cuba.

Image caption El doctor Mori quiere algún día volver a Cuba.

"Nuestro difunto héroe, el doctor John Garang -líder del SPLM- nos dijo: 'Ahora los mayores tomarán los AK-47 y ustedes, chicos, tomarán los lápices que serán sus Kalashnikov'", recuerda.

El doctor Mori dejó a su familia en 1985 en uno de los campos de refugiados de Etiopía, a donde miles de sudaneses huyeron de las luchas entre el ejército del norte dominado por los musulmanes, sus aliados la milicia árabe, y enfrente el SPLM.

Viajó a Cuba en un barco ruso y no volvió a ver a sus padres hasta que pasaron 18 años. Tampoco tuvo ningún contacto con ellos hasta que se graduó y se mudó a Canadá una década después.

"Nos quedamos en un internado en una pequeña isla llamada Isla de la Juventud. Éramos 25.000 estudiantes de diferentes países, la mayoría de África y América Latina", afirma.

"Creo que Cuba es única. Es un lugar muy especial. Creen en lo que eres, no en el lugar a dónde perteneces o en qué religión practicas o en el color de tu piel".

"Por lo único que se preocupan es por tu bienestar y tus aptitudes. Realmente nos trataron como a sus propios hijos".

Acento latino

Después de graduarse a finales de los '90 y con la guerra civil en Sudán aún latente, Canadá aceptó llevarse a unos 200 estudiantes que no tenían pasaporte.

Pese a sus buenas calificaciones, la mayoría acabaron haciendo trabajos serviles para mandar dinero a sus familias, que en la actualidad residen principalmente en Kenia.

Sólo después de que se firmase la paz los médicos intentaron volver a Sudán.

Con la ayuda de la organización no gubernamental canadiense Samaritan's Purse, estudiaron en la Universidad de Calgary y después en Kenia antes de mudarse al sur sudanés.

No sólo les enseñaron inglés y los entrenaron para lidiar con enfermedades tropicales, sino también en cómo arreglárselas con el choque cultural que suponía para ellos volver a África.

"Cuando regresamos la gente decía: 'Estos están locos'. Pero el hecho de llevar tanto tiempo fuera no me frenó para seguir y adaptarme nuevamente a mi cultura", cuenta el doctor Mori.

"Me siento como que estoy haciendo algo para la gente que no pudo educarse. Ellos lucharon en esta guerra y algunos murieron, así que me tengo que poner en sus zapatos ahora para cargar esta gran responsabilidad".

Y pese a su acento latino, indica que no ha olvidado completamente los idiomas locales que dice hablar cada vez con más fluidez.

Paciencia

Deng Aleer-Leek, otro "cubano-jubano", reconoce que puede no usar correctamente la gramática, pero apunta que se le puede entender cuando habla el dinka, pese a que cuando volvió a comunicarse con su madre por primera vez ella necesitó asegurarse de que realmente era su hijo.

"Ella preguntó '¿cuál es tu apodo?', y cuando se lo dije exclamó: 'Sí, es mi hijo'", recuerda.

Image caption El Hospital de Enseñanza de Juba sólo tiene 18 médicos cuando necesita 60.

Aleer-Leek es el ingeniero que construyó De'Havana para sus compatriotas que estudiaron en Cuba, lo que él considera una especie de refugio para ellos.

Asegura que han esperado tanto tiempo para volver a casa y liderar los esfuerzos de reconstrucción en el sur de Sudán, que la lentitud con la que avanza el cambio puede ser frustrante.

"Sentimos que no estamos cumpliendo con nuestro deber" dice, aunque reconoce que tienen que ser pacientes.

"Todo llegará a su tiempo".

El doctor Mori es mucho más optimista a pesar de las dificultades que tienen que afrontar y opina que la inversión extranjera es lo que la región necesita.

Según el director del Hospital de Enseñanza de Juba, este centro sólo tiene 18 médicos cuando necesita 60.

Mori explica que es difícil conseguir personal cuando las organizaciones no gubernamentales pagan mucho mejor.

"Sé que hay pocos médicos y que hay una carencia de medicinas, pero tratamos de dar el máximo. Como decía J.F. Kennedy: 'No preguntes lo que tu país puede hacer por ti, pregunta qué puedes hacer por tu país'", asevera Mori.

En los últimos años, el hospital ha mejorado mucho porque Juba se ha transformado de una "jungla a una ciudad", afirma con orgullo.

Y como sus compañeros "cubanos jubanos", sueña con regresar a Cuba algún día.

"Me gustaría, cuando tenga tiempo, agradecerles, no por mi, pero por lo que han hecho por la gente del sur de Sudán"

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