Última actualización: lunes, 19 de abril de 2010 - 17:55 GMT

Cortázar al final del juego

Julio Cortázar

Los últimos dos años de la vida de Cortázar están ligados al tormento de la ausencia de su mujer, Carol Dunlop

Se trata de treinta cartas inéditas del escritor argentino, las que saldrán a la luz gracias a que el poeta español Félix Grande consiguió derrotar el pudor de reconocerse amigo suyo.

Quizás comprensiblemente, la presencia de Julio Cortázar se haga, hoy, mucho más intensa después de su muerte, ocurrida en 1984. Y tal vez sea ésta la razón del pudor del poeta extremeño Félix Grande, para guardarse el equivalente a varios años de correspondencia con el escritor rioplatense.

"Me parecía presuntuoso presumir de la amistad de Julio Cortázar" - declaró Grande al diario español "El País". Sin embargo, hoy, a más de un cuarto de siglo de su muerte, Félix Grande decide publicar unas treinta misivas del novelista en Revista Atlántica, a cargo de José Ramón Ripoll y editada por la Diputación de Cádiz.

Arqueología cortazariana

"A esa casa que siempre tuvieron abierta para mí y en la que también entró Carol, a esa casa volveré pronto para estar con ustedes y también con ella, que seguirá conmigo en todos los viajes que me toque hacer...

Julio Cortázar

Ripoll y el poeta Javier Vela tuvieron que examinar las cartas de Cortázar como si fueran documentos de arqueología.

Ripoll le contó a Juan José Robledo, de BBC Mundo, sobre la maravillosa experiencia de tener esas cartas entre las manos “Son cartas muy llamativas llenas de dibujos y palabras inventadas que no existen en el diccionario. Hemos tenido que hacer un glosario para explicar qué significan.

"Recuerdo una carta que le escribe a Paca, la esposa de Félix. Contiene un dibujo de tres escalones y una flecha que señala un número: 300. Cortázar se refiere al poemario "300 escalones", que Paca le escribió a su padre, condenado a muerte por el régimen franquista”, le detalló Ripoll a BBC Mundo.

Quince años de correspondencia

Julio Cortázar y Félix Grande se conocieron en un congreso en La Habana y normalmente reavivaban su amistad con los constantes viajes del primero a Madrid, donde compartían sesiones de flamenco, de jazz, el vino tinto de los buenos restoranes y agotadores paseos de madrugada por La Castellana.

Aparte de amistad, música y literatura, las cartas de Cortázar no eluden las diferencias políticas que separan a ambos escritores: Cuba, Nicaragua y una que otra alusión a los gobiernos militares de Pinochet o Videla.

Sin embargo, lo más revelador de la personalidad del argentino se cumple en relación con la presencia y ausencia de una mujer.

Muerte, vacío, desesperación

"A esa casa que siempre tuvieron abierta para mí y en la que también entró Carol, a esa casa volveré pronto para estar con ustedes y también con ella, que seguirá conmigo en todos los viajes que me toque hacer, llegaremos un día los dos, seremos siempre los dos como tú nos ves en esas páginas que me destrozan."

La carta dirigida a Grande revela el ánimo atormentado de Cortázar tras la muerte de quien fuera su última compañera, la canadiense Carol Dunlop, desaparecida a los 36 años, víctima de una leucemia. Según Grande, en sus declaraciones a "EL PAÍS", no había visto nunca a nadie tan contento como Cortázar después de conocerla.

"Era una chiquilla con una inocencia y una dulzura encantadoras", agrega Félix Grande. "Se hizo muy amiga de mi mujer, Paquita, y consiguió que Julio rejuveneciera. Tras su muerte, se fue apagando poco a poco".

Julio Cortázar

Cortázar murió dos años después de au amada Carol, de una enfermedad parecida, y ambos están enterrados en Montparnasse

Entre la muerte de Carol y la suya propia, ocurrida dos años más tarde y de una enfermedad similar a la de ella, Cortázar parece comprender que el juego se acerca a su final. En el vacío de París, y un mundo que comienza a sobrarle, sus visitas al cementerio de Montparnasse, en busca de la tumba de Carol, se hacen más frecuentes.

La última misiva

La última carta que Félix Grande recibió de Cortázar da cuenta de su situación, alude a su compromiso político con la Nicaragua sandinista e intenta crear en su amigo español la esperanza de un reencuentro

"Sigo bastante enfermo. No puede ir con Tomás Borge a Barcelona y Madrid, y no sabes cuánto lo lamento. Pero creo que estaré mejor en alguna semanas."

La carta está fechada el 19 de abril de 1983, más de quince años después de que el novelista argentino, gran consumidor de poesía de todas las épocas y geografías, felicitara a Grande por su producción poética: "gracias por escribir una poesía como la suya en España."

Cortázar murió el 14 de febrero de 1984 y fue enterrado en Montparnasse, el cementerio que ya se había hecho parte de su paisaje cotidiano.

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