Última actualización: martes, 4 de mayo de 2010 - 14:25 GMT

La política sigue igual

El Foro en Roma

Los estrategas aconsejaban lo mismo hace 2000 años que hoy.

Los tiempos cambian, pero la política no. O al menos eso se desprende de las similitudes que la profesora de Estudios Clásicos de Cambridge, Mary Beard, ha encontrado entre la campaña electoral inglesa y las que tenían lugar en Roma hace más de 2.000 años, como le cuenta a los lectores de BBC Mundo.


En el año 133 antes de Cristo, un joven radical que se presentaba a las elecciones en la antigua Roma fue aporreado hasta la muerte por la oposición conservadora.

En un momento de crisis económica, Tiberius Sempronious Gracchus buscaba una reelección proponiendo una serie de medidas destinadas a ayudar a los pobres a salir de sus grandes deudas.

Pero sus propuestas iban más allá de lo que lo que los banqueros del momento y sus amigos podían tolerar: lo mataron antes de que pudiera ganar sus votos.

Las elecciones en la antigua Roma eran similares a las que se pueden celebrar en un país como el Reino Unido. Aunque ciertos aspectos eran distintos: en ese entonces había menos control (Tiberius Gracchus no fue el único asesinado en unas elecciones), tenían lugar cada año y suponía que todos los ciudadanos -más de 200.000 en el año 133 AC- se reunieran en el mismo lugar para votar. De ahí que se exaltaran los ánimos.

Jefes de campaña

Pero los políticos romanos hacían campañas electorales del mismo tipo que tenemos en la actualidad, destinadas a lograr a como dé lugar el voto popular.

Asegúrense de mezclarse con el pueblo, de acordarse del nombre de cada persona y de exponerse al público rodeados de una masa de seguidores

Consejo del libro de estrategias políticas

E incluso tenían sus propios voceros o jefes de campaña, listos a aconsejarlos. Hubo incluso alguno que se atrevió a escribir un libro de referencia con las mejores estrategias para ser elegido en la antigua Roma.

Los consejos son escalofriantemente parecidos a los de hoy en día.

"Asegúrense, -decía-, de mezclarse con el pueblo, de acordarse del nombre de cada persona y de exponerse al público rodeados de una masa de seguidores".

El libro no dice "lava tu toga cuidadosamente", pero era eso exactamente lo que hacían. De hecho, la palabra moderna "candidato" proviene del latín candidus, que significa blanco, en referencia a las togas especialmente blancas que vestían los aspirantes a políticos.

Y más directamente al grano, los jefes de campaña antiguos insistían en que los candidatos no deberían de tener ningún tipo de política, porque las políticas sólo sirven para crear enemigos.

Además, se recomendaba hacer cualquier promesa que les viniese en gana a sus electores, incluso a sabiendas de que no se podría cumplir. Las denegaciones de ayuda tampoco ayudan a ganar amigos, señala el manual.

De todas formas, agrega, para cuando se votantes se dieran cuenta de que no se llevó a cabo lo prometido, sería demasiado tarde pues los candidatos ya habrían sido elegidos.

Y en cuanto a la estrategia para los recortes económicos, era clara: a nadie le gusta saber sobre recortes, por lo tanto, mejor ni mencionarlos.

Meteduras de pata

Los romanos también sabían sobre meteduras de pata, no sabemos si hasta el punto del estilo de la que cometió Brown la semana pasada, -al calificar a una votante de "intolerante" cuando pensó que el micrófono estaba apagado-, pero de meteduras de pata similares.

Escena de política romana

Los aspirantes a políticos eran conocidos por que portaban túnicas extremadamente blancas.

Un aristócrata romano estaba en campaña electoral en el Foro y se encontraba en el momento habitual de los apretones de manos. Al darle un apretón a las manos llenas de callos de un campesino, se sorprendió y comentó "¿qué, caminas con las manos?"

Sobra decir que no ganó la elección. Moral para el político romano: "no insultes a los miembros más pobres del electorado".

Por casualidad, a mi regreso a Cambridge me encontré con el diputado liberal demócrata David Howarth.

Le conté mis conclusiones y le planteé el desafío de las promesas de los políticos y las mentiras.

Ok, me dice, buen punto. Pero hay una diferencia. Tiberius Gracchus era una excepción. La mayoría de los políticos romanos no optaban a una reelección, y se podían permitir mentir. Si quieres volver a ser elegido, las mentiras pueden salirte caras.

Eso está por verse.

El Reino Unido vota

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