Última actualización: jueves, 17 de junio de 2010 - 12:26 GMT

Calamaro: "La incorrección política es la auténtica corrección"

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Un dandy del rock, lo define un colaborador cercano. Un artesano de canciones, un compositor hiperkinético, un cantante compulsivo.

Andrés Calamaro viste tapado de piel sintética, chaleco entallado y gafas de sol, como corresponde a un dandy moderno. Por tres noches, agotó las localidades del mítico estadio Luna Park de Buenos Aires, y eligió para cantar en vivo algunas canciones de los varios centenares que llevan su firma.

Tiene doce nuevos temas, elegidos entre 77 ya escritos que "merecían grabarse". Con ellos, hizo "On the rock": el disco que marca su regreso después del multipremiado "La lengua popular" (2007) y que lo lleva de gira por América Latina y Europa.

"Quisimos hacer un disco de rock involucrando a todos los músicos y a los ingenieros que trabajan con nosotros. Un disco para compartir, para ensayar, donde cada uno pudiera llevar su sonido particular más el sonido de todos tocando juntos", resume el cantante argentino, tras un trago de tequila para aclimatar la garganta.

Un brindis que luego repetirá sobre el escenario, a la salud de sus compañeros de aventura musical y de los "amigos desconocidos" que lo vivan desde abajo.

Es un disco rockero desde la intención, pero con un marcado cruce de géneros…

Andrés Calamaro

El cantante está presentando en gira por Europa y América Latina "On the rock": el disco que marca su regreso.

Sí, con los representantes más virtuosos de los géneros, que además representan territorios... El flamenco grande del Niño Josele y Diego "El Cigala"; Calle 13, que para mí es un techo de la música latina por talento, verbo y carisma; el rap de los barrios de Madrid con El Langui y la cumbia suburbial de Buenos Aires, además de Enrique Bunbury que hace aragonesa una ranchera de José Alfredo Jiménez.

De alguna forma un poco misteriosa, este disco se emparenta con "El Salmón" (editado en 2000, con 101 canciones), que es un disco de total sobredosis de libertad. "Es un disco de canciones, no de concepto", dijo (el periodista) Rodrigo Fresán. Mi madre diría "es un disco de trabajo, no es un disco de creación".

Y el trabajo son las giras…

El hecho de ser "banda" de rock, el interpretar: ése es nuestro trabajo. En este caso, hacer "ochomiles", como los alpinistas pero en el Luna Park (donde entran 8.000 personas).

Los alpinistas, cuando hacen cumbre en sus "ochomiles" (las 14 montañas más altas del mundo), casi siempre están solos. En ese sentido, este oficio es agradecido: además de la crítica periodística que da dimensión intelectual a la obra y de la gente que escucha el disco en privado, está el show. Una sobredosis de éxtasis total.

¿La exploración de géneros del álbum es algo que continuará?

No fue exploración: los músicos invitados vinieron sabiendo a quién venían a visitar, y cada uno se sintió en su terreno aunque fuese mi terreno.

Creo que la incorrección política y el cinismo nos van a salvar en estos momentos límites, en los que se toma más en serio el fútbol (o los toros) que la política

Andrés Calamaro

Posiblemente para el próximo disco sí me gustaría internarme en sonidos más ásperos y romper con la canción de rock, que es mi subgénero más celebrado. Es posible que intente un modelo distinto al de melodía y letra.

Mencionabas hace poco que estabas abierto a "próximas pequeñas revoluciones". ¿Se trata de eso?

En el mejor de los casos, sí. Una grabación distinta puede ser una pequeña revolución artística: "sucialista", comunitaria, un acto "vasocomunicante" en distintas direcciones. Espero que se trate de esa pequeña revolución y no de otra desestabilizante, porque ya no ganamos para sustos…

Precisamente, estás por cumplir 50 años. ¿Cómo es la vida rockera a los 50?

Bueno, yo intento llegar cada vez más flaco y joven al escenario. Además, oficialmente Bruce Springsteen, el Jefe, declaró que los 60 son los nuevos 35. Y nuestros padres fundadores no se retiraron… Si no los retiró la muerte, siguen en plena actividad: ahí tenemos a los Rolling Stones, que son una revolución cada vez que llegan a un país, y a Bob Dylan, cuyos últimos discos están entre sus mejores. A los músicos sólo nos jubila la fatalidad.

Cuando inauguraron en Buenos Aires una plaza a Miguel Abuelo (fallecido líder de "Los Abuelos de la Nada", banda que Calamaro integró en los años ‘80), dijiste que "volverse plaza" era señal de veteranía. Y ahora tienes un mural homenaje, recién inaugurado en una esquina porteña. ¿Eso te hace sentir viejo?

Andrés Calamaro frente a su mural

El mural está en Buenos Aires por iniciativa de un diputado que propuso homenajear a artistas populares.

Yo sinceramente pensé que la primera esquina que iba a llevar el nombre de un músico sería para (Carlos) Gardel y (Alfredo) Le Pera. Pero me tocó a mí… Miguel tiene una plaza que no pudo ver en vida, yo sí. Me gustaría que fuéramos como Brasil, que pone nombre de músicos vivos a sus calles y colegios.

Volviendo a "On the rock", hay mucho empeño en el arte del disco. ¿Es un esfuerzo para combatir la piratería e incentivar la compra?

Fuimos funcionales a los intentos nobles de la industria discográfica por ofrecer productos más interesantes que la música en sí misma, que cualquiera puede ya almacenar en el botón de una camisa. La estética es la del "cemento estatal": intentamos reproducir la imagen de las empresas estatales argentinas, que en los ’90 nos convencieron de que era deficitarias y que había que privatizarlas. Es la estética de algo que ya perdimos, probablemente para siempre. Es un alfiler en el costado del capitalismo, que de todas maneras ya nos pisoteó. Así como en el disco anterior (Obras incompletas) recordábamos la estética leninista e incluimos discursos y consignas, algunas políticamente incorrectas.

Tus comentarios sobre la actualidad suelen generar polémica. La incorrección política, ¿es una necesidad?

"Incorrección" entre comillas: la incorrección política es la auténtica corrección. Vivimos en un tiroteo de ideas reaccionarias y brotes de racismo, y la mezcla de furia y frivolidad realmente me preocupa. No se puede, por ejemplo, hablar de política en Argentina porque nadie se va a sentar a intercambiar ideas, sino que la gente te va escupir su desacuerdo en la cara.

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También en España generaste polémica por tu defensa de la tauromaquia…

Un problema muy gracioso, porque las corridas son una tradición cultural indiscutible… Yo encuentro un cierto paralelo con el asado. Nosotros nos sentamos a comer un cadáver, que asamos a fuego lento con placer, y no por necesidad de alimentarnos sino para bendecir el paladar.

Que nuestra vaca haya nacido para morir asada y que el toro bravo haya nacido para morir peleando, realmente no me parece muy distinto. Lo que más me sorprende es que los abolicionistas me responden con furia asesina… humanistas intolerantes. Por eso creo que la incorrección política y el cinismo nos van a salvar en estos momentos límites, en los que se toma más en serio el fútbol (o los toros) que la política.

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