Última actualización: sábado, 10 de julio de 2010 - 02:50 GMT

Venezuela: "Hermano", en el cine y más allá

Escena de película "Hermano"

En "Hermano", el fútbol es la oportunidad, la violencia la tentación.

El lugar: un barrio popular de Caracas. Los protagonistas: dos hermanos, nacidos y criados en la pobreza. La circunstancia: el fútbol como vehículo para la superación, la violencia como tentación y obstáculo. El resultado: la primera película venezolana en obtener un grand prix en un festival internacional clase A, el de Moscú.

No en balde "Hermano" está acaparando todavía titulares de prensa en un país donde la polarización política y la crisis económica parecen no dejar lugar para nadie en las primeras planas. Obtuvo el premio del Público, el premio del Gremio de Críticos y Expertos y el San Jorge de Oro o mejor película, que recibió de manos del presidente del jurado, el director francés Luc Besson.

Así regresó triunfal a su país de origen, pero sin olvidar, precisamente, sus orígenes. Según le cuenta a BBC Mundo su novel director, Marcel Rasquin, la película forma parte de un proyecto de "comunicación para el desarrollo", que incluye talleres de cine para las comunidades donde se produjo la película, construcción de una cancha deportiva y promoción de la "caza de talentos" futbolísticos, entre otros.

"No queríamos llegar como un circo, montar una carpa e irnos", dice. La agencia de Naciones Unidas para la niñez, UNICEF, se ha involucrado en el proyecto y recibe parte de lo recaudado en taquilla para tal fin.

Cambia la vida

Marcel Rasquin, director de Hermano

La película "le cambió la vida" al director.

Un par de preguntas clave revelan que Rasquin, quien también ideó la historia, no sabía mucho de barrios y de violencia callejera antes de embarcarse en "Hermano", al que trata como un "hijo" que ya se realizó artísticamente, pero al que le queda un largo camino por recorrer en términos de exhibición y difusión.

Con su maraña de rizos negros despeinados y la barba incipiente de varios días, que no traicionan la predicción de que no pasa de 35 años de edad, Rasquin confiesa que nació en una urbanización de clase media, estudió en un reconocido colegio de la misma categoría y luego cine en Australia, gracias a una beca.

"La película me cambió la vida. Me di cuenta de algo que no tenía consciente, que el primer gran error es marcar a la gente que vive en zonas populares como ´esa gente´. ¿Cómo vive esa gente? Vive igual que tú y yo. Los mismos anhelos y los mismos sueños, de que nuestros hijos vivan mejor, de sacar buenas notas en la escuela, de ir para la playa…", explica.

Ésta es la mitad de la historia. La otra, el hacer una película en Venezuela. "Ya es difícil hacerla en cualquier parte, pero aquí, ni se diga. Siempre pendió de un hilo, siempre estuvo a punto de caer. Es algo con lo que aprendimos a vivir", dice.

Desafíos

Los desafíos provenían de todos los frentes: "¿Llegaremos al cronograma? ¿Habrá un acontecimiento nacional que nos impida seguir filmando? Este también es un país con mucha burocracia…", señala.

Las mismas preguntas que, posiblemente, enfrentan otros cineastas nacionales en una industria deprimida hace décadas, producto de la falta de recursos y fácilmente arropada por el influjo masivo de material procedente de Hollywood.

...si alguna misión tenemos los cineastas venezolanos es encontrar nuestra forma de contar historias

Marcel Rasquin

En el caso de "Hermano", al final, con el apoyo de los que llama sus "hinchas", menos de US$3 millones y el empuje de todo el equipo, la cinta nació y logró colarse en Moscú cuando todavía estaba a medio cocinar.

Así que, ¿marca un nuevo comienzo para el cine nacional venezolano? ¿O es un destello, un golpe creativo con suerte?

"Espero que deje algo positivo, honestamente. Que por lo menos dé notoriedad y haga voltear los ojos del mundo hacia nuestra cinematografía. Pero si alguna misión tenemos los cineastas venezolanos es encontrar nuestra forma de contar historias", considera Rasquin.

Para el director, los resultados positivos son, por ahora, producto de esfuerzos personales. "Pero los cineastas tenemos que asumir la responsabilidad de lograr que nuestras historias tengan que conectar con nuestra audiencia", añade.

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