El fútbol que se volvió vacación para los pobres

Jugadores de fútbol (foto Matías Zibell)
Image caption El campeonato se inició con 12 equipos participantes y fue creciendo hasta llegar a 32 combinados.

Hubo desfile de las 32 delegaciones, cantaron Shakira y Bisbal, se jugaron dos partidos inaugurales y hasta el nuevo campeón salió a defender su corona; pero no fue el primer día de la Copa del Mundo Sudáfrica 2010, sino la primera fecha del Mundialito de los Pobres.

Con la música del último mundial de fondo y la presentación de los equipos comenzó este viernes en la ciudad de Cuenca, ubicada en el sur del Ecuador, una nueva edición del torneo de fútbol sala, o indoor, que nació en 1965 para entretener a aquellos que no tenían dinero para irse de vacaciones.

Organizado por el Amistad Club, el campeonato -que en el pasado se llamó "Vacaciones de los Pobres"- se inició con 12 equipos participantes y fue creciendo hasta llegar a 32 combinados, que son fielmente acompañados por los fanáticos de cada barrio.

Pero para muchos en Cuenca, el Mundialito no es sólo un torneo del pueblo, sino también un reducto de lo más peligroso de la sociedad que, como ocurría con los ejércitos y las antiguas olimpíadas, detiene su accionar durante la celebración del campeonato.

Cuenta la leyenda que años atrás uno de los espectadores pidió permiso para salir del Colegio Febres Cordero, escenario tradicional de la competencia, y comprobar si nada malo había ocurrido a su automóvil, y un dirigente del Amistad Club le respondió: "No se preocupe, los ladrones están adentro".

"Este es el campeonato del pueblo y en el pueblo hay de todo. Sí hay la parte esa de que va lo más 'granado', lo más pesado, pero asimismo tengo que decir que en el tiempo que llevo en esto, nunca hemos tenido que salir gritando 'cojan al ladrón'", indicó a BBC Mundo Ángel Andrade, dos veces presidente de la entidad organizadora.

Anecdotario de novela

El primer campeonato, 45 años atrás, fue ganado por el equipo Corazones, que derrotó 1 a 0 a Magisterio, según consta en el Libro de Oro del Amistad Club.

La misma publicación informa que el plantel del campeón se fue antes de la final a la Iglesia de Santo Domingo para implorar la ayuda de San Martín de Porres, quien habría iluminado al joven Edgard Cartagena a marcar el único tanto de la final.

"Yo creo que se trata de un fenómeno social aquí en Cuenca porque es para la gente sin recursos que no puede ir a la playa o salir de la ciudad", le dijo a BBC Mundo Patricia Enríquez, periodista deportiva y editora del Libro de Oro.

"El tema es familiar, no es como en el fútbol que el marido deja a la esposa y se va al estadio, acá la esposa se va con el marido y los niños a alentar. Se pueden ver madres con niños en brazos dándoles el seno mientras insultan al árbitro", agregó Enríquez.

Pero no sólo asisten familias sino también recién casados: el 4 de septiembre de 1982, Jaime Rolando Garcés, jugador del equipo La Merced, contrajo nupcias con Nancy Argudo Delgado y corrió luego a jugar la final contra Ciudadela Calderón, para regresar horas después a su fiesta derrotado en la cancha y con un ojo morado por un codazo.

Otra anécdota que recuerda Enríquez ocurrió durante la edición del año 2004, cuando el plantel del equipo de primera división Emelec, que se encontraba en la ciudad para jugar con el Deportivo Cuenca, fue atraído por la pasión del cemento del Febres Cordero y bajó en plena concentración a ver los partidos de indoor.

Indoor vs. fútbol profesional

Image caption El cambio de un campo de juego de cemento por otro con piso de madera generó el reclamo de algunos equipos.

Debido a la popularidad del campeonato, en el año 2008 la directiva del Amistad Club decidió jugar las instancias finales del Mundialito en el Coliseo Jefferson Pérez, un estadio con piso de madera mucho más amplio que el Colegio Febres Cordero.

"Había dos problemas –explicó Andrade– que eran la incomodidad, la gente ya invade la cancha y el jugador no puede desarrollar, y la inseguridad, los jugadores están a un milímetro de la gente y eso se presta para cualquier cosa. Hay mucho riesgo, allí una metedura de pata del árbitro puede terminar en una masacre".

"La gran mayoría de la prensa y muchos de mis compañeros eran incrédulos. Inclusive la señora que vende la comida me decía 'don Angelito ¿cómo voy a vender allá?' y hubo reclamos de uno que otro equipo, porque obviamente el cambio de piso de cemento a madera sí se sintió", admitió el dirigente.

Pero la mudanza resultó un éxito y la popularidad del certamen se incrementó a tal punto que hoy en día el Mundialito se ha vuelto una verdadera competencia para el único equipo que tiene la ciudad en la primera división del fútbol profesional.

"Entre julio y agosto, el Deportivo Cuenca trata de jugar sábado o domingo, porque si juega el viernes y choca con una fecha del Mundialito, unos 3.000 o 4.000 hinchas prefieren ir al torneo de indoor porque dicen 'al Cuenca lo puedo ver todo el año pero para el Mundialito sólo tengo un mes', explicó la periodista Enríquez.

"El hincha del Deportivo Cuenca es un hincha rutinario, el otro, el de indoor, es la gente de pueblo, la gente que se apasiona. El Cuenca es el equipo de todos pero en el indoor cada uno deposita sus esperanzas en el equipo de su barrio", agregó Luis Ortiz, leyenda del fútbol sala de la ciudad.

Semiprofesionalismo de los pobres

Image caption No siempre los jugadores son de los barrios a los que representan.

Pero Ortiz es crítico con una tendencia cada vez más marcada en el torneo, la compra de jugadores por cantidades que van desde los 500 a los 1.500 dólares.

"Este es un deporte que une a barrios y cuando uno representa a un barrio no tiene por qué pensar en la parte económica. En el momento que se produce el semiprofesionalismo deja de haber esa pasión barrial", le dijo Ortiz a BBC Mundo.

"Eso empieza a surgir, en parte, con la migración", explicó Andrade y añadió: "Ex jugadores que se van del país querían tanto a sus barrios que les mandaban dinero para los uniformes (presentarse en el Mundialito puede llegar a costar hasta US$2.500) y para comprar jugadores".

"Es al mejor postor. Antes de que termine el campeonato ya están hablados los mejores para el siguiente. Hablamos de barrios pero no hay tal cosa. El año pasado San Marcos presentó jugadores que no sólo no eran del barrio sino de Azogues (ciudad vecina a Cuenca)", admitió el ex presidente de Amistad Club.

Pero un periodista local que prefirió no dar su nombre señaló que "si los hinchas del Inter de Milán pueden celebrar una Liga de Campeones sin ningún jugador italiano, que hay de malo que sigamos hablando de los 32 barrios, que esos nombres permanezcan y que sus seguidores continúen alentando".

El Mundialito de los Pobres se extiende del 16 de julio al 16 de agosto. Por un dólar se ingresa al Febres Cordero y por un dólar cincuenta centavos se puede gritar un gol sobre el entablado del Jefferson Pérez. Para muchos la única forma de pasar las vacaciones, para otros la mejor manera de hacerlo.

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