Venezuela: el teatro a contracorriente

Representación de la obra "Padre"
Image caption Obras como "Padre" o "Madre" refrescan la oferta cultural oficial en Venezuela, según Palamides.

El dinero escasea, la polarización política arrecia, la inseguridad preocupa, los espacios en los medios se reducen…y las páginas culturales de los periódicos venezolanos anuncian un número sin precedente de obras teatrales, mientras que al menos tres salas nuevas han abierto sus puertas en los últimos años.

¿Cuál es el secreto del éxito, en este aparente desafío a todas las adversidades?

"Esta situación ha sido buena para el teatro", opina el actor y director del grupo Skena Basilio Álvarez. "Porque descubres quiénes son dependientes del Estado y quienes, no importa lo que pase, van a seguir haciendo lo que están haciendo", añade.

Si esto le hace sospechar que también este sector está dividido por las opiniones políticas, usted acertó. Álvarez se describe a sí mismo como uno de los directores más críticos y con posiciones más abiertas frente a la gestión de gobierno.

"Somos reflejo de la realidad del país y vamos a ver en nuestro quehacer teatral opiniones contrarias hacia cómo lo está haciendo el gobierno o la oposición, y cuál es el tipo de teatro que debemos hacer. No hay términos medios", opina, en la otra acera, el director y profesor de la Universidad Nacional de las Artes (Unearte) Costa Palamides.

Gobierno vs. gente de teatro

Así que hay un teatro "privado", buena parte del cual está viviendo de la taquilla y de los aportes de empresas e instituciones, desde que hace unos meses le fueran retirados los subsidios estatales. Skena, por ejemplo, quedó en una especie de "lista negra" de grupos considerados "perniciosos" por el ministerio de Cultura.

"Yo estoy clarísimo de que si pido fondos para hacer Blancanieves no me los van a dar porque soy Basilio Álvarez", señala el director.

"Aunque hay gente que dice que hay libertad de expresión, y yo tengo una obra como La Ola – sobre modelos autocráticos y riesgos de manipulación a través de la obediencia extrema --, los recursos y las salas del Estado me son negadas por mi posición política. Eso limita mi libertad de expresión", añade.

Por otro lado, hay un teatro "público", que opera en el circuito de salas estatales y que está avivado por proyectos como el de Unearte, admirado por formación de jóvenes e innovación y criticado por supuesta baja calidad de producciones y sesgo ideológico, en diferentes proporciones por propios y extraños.

"El que hable mal de Unearte tiene una visión ciega cultural del país. O totalmente estigmatizada o colocada en el otro límite, solamente como oponente, pero a ciegas", indica Palamides.

Como ejemplo, pone los proyectos que tiene ahora entre manos: "Padre" y "Madre", reflexiones sobre los sentimientos encontrados de la paternidad y maternidad, vistos por diferentes dramaturgos.

Mientras, grandes compañías estatales del pasado se encuentran en proceso de "profunda reflexión", como la Compañía Nacional, según señala el sitio web del Ministerio de Cultura.

En una evaluación que busca poner en la balanza lo bueno y lo malo, Palamides critica lo que llama una "política cultural errática" del gobierno hacia el teatro y se manifiesta en desacuerdo con la eliminación de los subsidios. "El estado no puede ponerse en un pique a pique con los artistas, porque tienen derecho a decir lo que les da la gana", señala.

Crisis de televisión

Con todo, lo que el profesor de teatro considera como un verdadero atropello es "todo lo que viene de la televisión, que tiene una gran crisis, y lo que ha hecho es refugiarse en un teatro llamado comercial, de muy mala calidad".

Image caption Álvarez considera que su libertad de expresión está limitada por la falta de acceso a recursos y salas oficiales.

A continuación nota que una parte importante de las obras en cartelera entran en esa categoría, "en teatros hechos para recaudar fondos, como una manera de sobrevivir ante una supuesta crisis, y al parecer les va muy bien".

Basilio Álvarez, quien también ha actuado en telenovelas, coincide en la causa, pero no en la consecuencia. Explica que tras el fin de transmisiones del canal Radio Caracas Televisión (RCTV), el número de telenovelas producidas en el país, antes considerada una "potencia del culebrón", se redujo drásticamente de unas ocho a solo una.

"Esto dejó una cantidad de gente desempleada, desde creativos, escritores, técnicos y actores que antes no hacían tanto teatro (…) Pero no soy partidario de la separación entre teatro comercial y de arte. Cada uno cumple su función. Para mí lo que hay es buen y mal teatro", dice.

Para Álvarez, esto no hace sino reforzar el argumento a favor de los aportes estatales como una forma de garantizarle espacios a obras de corte no comercial, a precios asequibles para buena parte de la audiencia potencial.

Y también de poner a todos los "teatros" a empujar el carro en la misma dirección. "Ahora somos como el mercurio. En vez de desarrollar a los grandes grupos para que alimenten otros pequeños grupos, de tantos golpes se termina generando cien bolitas separadas, que intenta cada una generar un hueco, abrirse un lugar", opina.

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