Mundial 2010: lo que el fútbol se llevó

Ojo
Image caption Todo el mundo está atento a lo que sucede en el Mundial.

El mundial no es gran cosa por el momento, pero una vez que la pelota rueda, el mundo parece olvidarse de muchas cosas.

Por unos días importa más la magia de Lionel Messi que el aniversario de las protestas en Irán, las gambetas de Cristiano Ronaldo que la crisis del euro, los goles de Brasil y los pases de billar de España que el peligro de limpieza étnica en Kirguistán.

"Todos los espacios informativos quedan tapizados de fútbol y temas que son importantes pasan a un segundo plano", le dijo a BBC Mundo Vicente Parrini, editor periodístico del Observatorio de Medios de Chile.

Y cuando el mundo se olvida, los políticos aprovechan.

Enterrar malas noticias

La técnica de "enterrar noticias" cuando el foco de la atención pública está en otro lado tuvo uno de sus ejemplos más notables en la esfera extrafutbolística.

El 11 de septiembre de 2001, con el mundo alucinado por los atentados contra las torres gemelas, una portavoz del Ministerio de Transporte británico, Jo Moore, envió un correo electrónico en el que sugería que se "enterraran las malas noticias" sobre el ministerio dándolas a conocer ese mismo día.

Moore tuvo que renunciar a su cargo luego de acuñar involuntariamente esa frase memorable para entender el flujo de la información y su impacto en las sociedades de masas contemporáneas.

Image caption Mundial Argentina 1978: goles argentinos en medio del silencio.

No es que la realidad deje de existir durante el mundial 2010, simplemente no entra en el radar de la opinión pública o llega amortiguada.

El gobierno israelí anunció la semana pasada un relajamiento del bloqueo a la Franja de Gaza sin aportar mayores detalles.

Los medios obviamente reflejaron la medida, pero la fervorosa polémica que suele generar el conflicto palestino-israelí estuvo ausente: difícilmente habrá mejor momento para dar a conocer la noticia.

Un caso emblemático de la manipulación político-informativa del futbol fue la copa del mundo en 1978 bajo el gobierno militar argentino.

Este impacto parece extenderse hasta el gélido reino de la economía. Según algunos estudios, la euforia que produce un triunfo en el mundial puede tener un impacto directo en el consumo doméstico y la marcha de la economía.

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El retorno de lo reprimido

Toda esta distracción es maravillosa, pero tiene la efectividad de barrer la basura debajo de la alfombra o aplicar la técnica del avestruz.

Para empezar, el respiro es muy breve. Para los que no pasan de la etapa de grupos, la distracción termina tan pronto que puede tener un efecto contraproducente.

En 2002 Argentina vivía una de las peores crisis político-económicas de su historia. El plan B era Marcelo Bielsa, técnico de la selección argentina, una de las favoritas del mundial.

La cosa no pasó del grupo clasificatorio. Batistuta, Verón, Ortega, Crespo y compañía tuvieron que volverse antes a casa y el gobierno de Eduardo Duhalde tuvo que lidiar no sólo con la crisis sino también con la depresión de una población desilusionada.

¿Qué impacto tendrá este mundial en Grecia, campeón de Europa 2004, sumida en una fuerte crisis económica y con pocas chances de clasificación?

En España, el gobierno de José Luis Rodriguez Zapatero debe haber sentido que los astros estaban en su contra cuando tuvo que anunciar una conflictiva flexibilización laboral luego de la sorpresiva derrota del equipo nacional ante Suiza 1-0.

Ganar la copa no solucionará los problemas politicos y económicos de España, pero una eliminación anticipada profundizará el malhumor social y la sensación de que nada sale bien.

Por su parte, el primer ministro británico David Cameron debe estar soñando con que una victoria inglesa este miércoles ante Eslovenia rescate a equipo nacional de la debacle y ayude a pasar el mal trago del presupuesto más deprimente de la posguerra que dará a conocer un día antes del partido su ministro de finanzas George Osborne.

"El respiro dura lo que dura el partido. Depués el conflicto político reaparece igual", le señaló a BBC Mundo Gianfranco Pasquino, catedrático de ciencia política de la Universidad de Bolonia, en Italia.

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