Última actualización: lunes, 1 de junio de 2009 - 14:56 GMT

Tras la huella del producto pirata

Vendedor en las calles de Caracas

La internet está creciendo como fuente original de productos piratas, pero el grueso del negocio está aún en otra parte.

En el mercado popular de La Hoyada, en pleno centro de Caracas, el sonido ensordecedor de la música a todo volumen está salpicado de una percusión sincronizada, como de fábrica. A plena luz del día y frente a compradores y curiosos, decenas de "piratas" del disco compacto y el DVD queman, sellan, identifican, empaquetan y venden.

En uno de los primeros puestos, un joven al que llamaremos Morgan, acepta posar para una foto, mientras le pone el sello de "calidad" - marca "El mundo del DVD" - a torres enteras de discos idénticos.

"Tómame sólo las manos", pide Morgan. Porque aunque todos en La Hoyada dicen que el suyo es un negocio "de lo más normal", subyace en la conciencia la idea de que se trata de algo ilegal.

Pero incluso Morgan y sus colegas representan un eslabón de una cadena mucho más grande, que según los expertos se asemeja a las mafias del narcotráfico o a la trata de personas.

"Me atrevería a decir que un 80% de los discos no autorizados provienen de una delincuencia organizada. Son grupos de personas con dinero, vinculadas a la legitimación de capitales, en un negocio muy atomizado y sumamente clandestino. Es tan lucrativo que hasta hay elementos de sicariato", le explica a BBC Mundo Manuel Rodríguez, abogado especialista en derecho de autor del escritorio Antequera, Parilli y Rodríguez.

De dónde son los "quemados"

Pero retrocedamos la película hasta los créditos de apertura, en busca del origen de esta industria de masas.

Asia, un puerto cualquiera, un día cualquiera. Contenedores abarrotados de discos vírgenes son cargados y despachados a todos los rincones del mundo, entre ellos la capital de una nación latinoamericana de mediano tamaño llamada Venezuela.

Vendedor de Cds pirateados

Los vendedores informales realizan sus ventas a plena luz del día y sin intervención de las autoridades.

Los discos, explica Rodríguez, salen más barato en China que en México o la triple frontera suramericana. Así que, tras un largo viaje, llegan aquí los contenedores con 25, 30 o 40 millones de discos.

Estos volúmenes, dice, de por sí son sospechosos y deberían encender las alarmas de las autoridades.

"Ahí pudiéramos atraparlos, es verdad, pero en las aduanas se hacen de la vista gorda. Los importadores declaran un uso y después los desvían", afirma a BBC Mundo el jefe del Comando Antipiratería de la policía científica (COMANPI), inspector Erwin Alfonzo.

Resuelto el papeleo, los discos vírgenes terminan en manos de los mayoristas, que en grupos de 8 a 10 personas y en apartamentos de dos habitaciones reproducen día y noche los últimos títulos de la cartelera cinematográfica o los más recientes hits musicales, señala Alfonzo.

Para ello utilizan las llamadas "torres", unos dispositivos externos que se conectan a la computadora y que permiten quemar cincuenta discos a la vez. De acuerdo con el abogado Rodríguez, las torres son completamente legales. Incluso hay quien comercializa imitaciones de marcas reconocidas.

De estos apartamentos salen grandes lotes de discos, que los "productores" incluso identifican con su propia marca. "Luisín" o "Snoopy", son algunos de los sellos que BBC Mundo encontró entre las carátulas de discos y películas pirata en distintos comercios informales. Aunque no se aceptan devoluciones, algunos incluyen garantía de cambio.

El jefe policial describe el negocio como un mundo de "pequeños empresarios", pero con un alto impacto sobre la industria legal: la portavoz de la Asociación Venezolana de Intérpretes y Productores de Fonogramas, Olga Tovar, cree que el sector coloca de siete a nueve veces más discos que el suyo.

Tovar señala que mientras que en los años noventa las ventas en las tiendas de discos superaban los 18 millones de unidades anuales, ahora alcanzan a los 2 millones a duras penas. El resto lo capitalizan los piratas.

En acción

Vendedor de CDs piratas en Caracas

De la torre al estuche en pocos pasos.

La clave del negocio es que es muy simple. Cualquiera puede hacerlo. Y para quienes no disponen de ocho torres y de un apartamento de dos habitaciones, siempre están los pasillos del mercado de La Hoyada.

Uno al lado del otro se ubican los puestos que suministran todos los insumos: desde el disco virgen hasta la tapa, pasando por los fotolitos de la portada.

Un paquete de 100 discos en blanco cuesta unos US$30, a cambio oficial. En el negocio de al lado se consiguen los fotolitos de los títulos más populares ya listos, a todo color, y a razón de US$ 0,06 al por mayor. Ahí también se suministran cartuchos de impresora, en caso de que el pirata quiera hacer sus propias impresiones.

Al fondo del pasillo, un hombre de unos 40 años, delgado, moreno y de bigote y barba al que llamaremos Kidd, y su esposa, a la que identificaremos como Francis, están empleados a fondo en organizar lotes recién llegados de los característicos discos de color blanco.

Kidd me dice al principio que él "quema" sus propios discos. Según el jefe del comando antipiratería de la policía científica, el 85% de los vendedores es, a la vez, "productor".

Pero cuando le digo que vengo de BBC Mundo, Kidd cambia de opinión y asegura que él no quema, porque eso es ilegal (no así vender discos piratas: "eso no es ningún problema"). Francis, en cambio, muestra orgullosa cómo tiene entre la mercancía varias series de la BBC. Nadie se salva.

Todos los servicios

Hay bastante bajada de música por Internet, de manera ilegal, pero el daño peor que se ha hecho a la industria es con los ´quemados´ (reproducciones de formatos duros).

Olga Tovar, representante de los intérpretes y productores fonográficos de Venezuela

En la parte de afuera del mercado y sin el beneficio de un toldo que lo ampare del sol, un joven en pantalones jeans y franela blanca está ocupado metiendo carátulas en portadas y películas en estuches sin confundir "Kill Bill", de Quentin Tarantino, con "Kill Buljo", la parodia noruega.

Walter -- otro nombre ficticio -, quien resulta ser empleado de Kidd, me confirma que en el mercado hay personas con sus torres instaladas que prestan el servicio de quemado in situ. El costo por unidad es de US$ 0,04.

¿Y de dónde salen los originales? Internet está creciendo lentamente, me explica Walter, en especial cuando se trata de discos y algunas películas muy nuevas. Pero el grueso del negocio grande todavía está en otra parte.

Olga Tovar, representante de los intérpretes y productores fonográficos, dice que en Venezuela "sí hay bastante bajada de música por internet, de manera ilegal, pero el daño peor que se ha hecho a la industria es con los ´quemados´" (reproducciones de formatos duros).

Las computadoras también contribuyen a la industria pirata a través de la modalidad del DVD "ripeado": la película se graba con una cámara directamente en la función de cine, y luego es mejorada digitalmente con programas de edición de video.

Es lo que en el medio se llama la "versión 1", la de menor calidad, según explica el abogado Rodríguez. La versión 2 es intermedia y la 3 casi igual a una copia legal. En este último caso el original es casi seguramente un master obtenido por los caminos verdes. "Algunos van a comprarlos a México", asegura Walter.

El mayor barco pirata

El mercado de La Hoyada está considerado el mayor barco pirata de CDs y DVDs en Venezuela. Walter, Kidd, Morgan y los otros son proveedores de "gente que viene de otras ciudades, porque la movida es aquí en Caracas", admite Kidd.

No cabe duda de que el negocio es lucrativo. Saque usted la cuenta: disco virgen + servicio de quemado + fotolito = US$ 0,40. Los estuches cuestan US$ 0,27. Total = US$ 0,67. Kidd vende al mayor, paquetes de 20 discos o más, a US$ 1,16 cada uno. Al detalle el precio es de US$ 1,86 por película.

Sin embargo, Kidd se queja de que el negocio está flojo. "A veces viene un distribuidor y me compra 600 discos y se salva el día". A todo capitán le toca bandear una que otra tormenta...

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