De desempleados a soldados

Oficina del ejército en Madrid, España.
Image caption El número de nuevos reclutas de las Fuerzas Armadas se ha duplicado con la crisis.

España tiene la cifra de desempleo más alta de la Unión Europea (UE), pero no todo el mundo se queja. Uno de los mayores beneficiarios de la actual crisis ha sido el ejército.

Cuando el desempleo entre la población juvenil alcanza el 36% -el mayor en el bloque comunitario- el número de nuevos reclutas de las Fuerzas Armadas se ha duplicado.

Poco antes de las nueve de la mañana, hombres jóvenes hacen cola a la entrada de una oficina de reclutamiento en el centro de Madrid. Una vez que se abren las puertas, los aspirantes pasan por un control de seguridad y acceden a una salón amplio decorado con afiches de jóvenes sonrientes y uniformados.

Aquí aguardan el encuentro con representantes del ejército de tierra, la Marina y la fuerza aérea con la esperanza de hallar un nuevo futuro. A muchos de los que desean hacer carrera militar les mueve la dura realidad económica del país.

Emilio, de 18 años de edad, me dice que está aquí debido a la crisis y a la necesidad de contar con un trabajo que le garantice un sueldo regular una vez que está a punto de dejar de recibir los beneficios por desempleo.

"Ahora no tengo trabajo y lo necesito más que nada. Era cerrajero y albañil; me despidieron. Trabajo no encuentro y necesito comer".

Felipe, también de 18 años, admite: "Tengo mucho interés pues ahora no hay mucho trabajo y el ejercito es muy bueno. Es un trabajo del Estado y algo fijo. Es como una estabilidad económica. He intentado buscar trabajo pero hay sólo por temporada".

Vocación y estudios

Pero hay otros casos. Jorge, de 20 años, asegura que él tiene un buen trabajo cerca del lugar donde reside.

Su deseo de unirse al ejército "es puramente vocacional, a diferencia de muchas otras personas que ven eso como una mera cuestión laboral. Es una pasión que llevo dentro. Está bien remunerado, tienes acceso a cursos que en la vida civil te costarían un dinero importante".

Y no se trata sólo de españoles. Roberto, de 19 años, es ecuatoriano. Quiere ingresar al ejército para tener la oportunidad de estudiar gratuitamente. "Me gustan lo que hacen aquí. Hacen muchos deportes y tengo la oportunidad de estudiar informática", remarca.

Otros inmigrantes ven esto como una oportunidad para adquirir la ciudadanía española. Los latinoamericanos constituyen el 9% de las Fuerzas Armadas españolas.

Aquí en Madrid las inscripciones se han incrementado en un 30%. El coronel Juan Carlos Aneiros Gallardo estima que esto se debe a una mejora de las condiciones de vida en el ejército, del entrenamiento profesional y de las perspectivas profesionales de los nuevos reclutas.

"Hemos notado un incremento, una demanda de voluntarios que lógicamente agradecemos porque nos permite, como fuerzas armadas, hacer una selección mejor y aumentar no sólo la cantidad sino la calidad de nuestros soldados", manifiesta.

En otras partes de España se registran cuatro solicitudes por cada vacante. Por primera vez desde que el país abolió el servicio militar obligatorio, en 2001, el ejército no tendrá que batallar por cubrir sus 86.000 plazas.

Quizás muchos de los reclutas se imaginen desfilando a caballo con sus petos reluciendo al sol, en el cambio solemne de la Guardia Real.

Pero la realidad es que algunos de estos soldados tienen que servir en Afganistán. La Guardia Civil -también presente en el Palacio Real de Madrid- está en la línea de frente en operaciones de seguridad y acomete misiones en lugares como Bosnia, Kosovo y Haití.

Universitarios

Son las tres de la tarde y es hora de almuerzo en un comedor de la Universidad Complutense de Madrid. Un reciente estudio muestra que el 93% de los estudiantes españoles están preocupados seriamente sobre sus posibilidades de hallar empleo una vez que se gradúen.

Carlos Pascual egresó de la Complutense hace dos años. Además estudió en Holanda y trabajó un tiempo en Praga. Tras ser despedido de una agencia de viajes como consecuencia de la crisis lleva tres meses desempleado. Me dice que después de estudiar en la universidad durante cinco años se dedicó a viajar para aprender inglés y que ahora trabajar en una fábrica o como mesero no le satisface.

Para ahorrar en alquiler volvió a casa de sus padres. Aunque confiesa que no es así como imaginaba su futuro espera que las cosas cambien.

Lourdes García, quien está al frente de Centro de Estudios Universitarios de la Complutense, dice que los egresados siguen volviendo a la Complutense en busca de consejos.

"Los medios de comunicación han despedido una cantidad (de empleados) asombrosa. Gente también de publicidad... Este año ha pasado bastante gente de Arquitectura. Hemos atendido incluso a muy altos ejecutivos".

El futuro

Image caption Estos estudiantes están a punto de graduarse. La primera palabra que surge sobre su futuro es "temor".

Al final de un caluroso día me acerco a una suerte de picnic tardío en una plaza en el centro de Madrid.

Es poco antes de la medianoche y veo a cerca de 200 jóvenes sentados en pequeños grupos comiendo pizzas y bebiendo cervezas.

Arancha y sus amigos son todos estudiantes a punto de graduarse. ¿Cómo se sienten acerca de su futuro? La primera palabra que surge es "temor". Arancha me dice que teme al futuro y que seguirá estudiando pero sabe que será difícil.

Junto a ella, Daniel expresa que ahora hay muchos jóvenes y en unos años va a ser "imposible" incorporarlos al mundo laborar "porque no se habrán recuperado las empresas... Es el momento de buscar trabajo fuera".

Otro miembro del grupo, Teresa, añade: "Cuando pienso en el futuro, siento frustración y también miedo a no hacer algo que llevo en mente. Tengo miedo de acabar haciendo algo que no me apetece, simplemente trabajar por trabajar".

Y al final añade que "mirar al futuro ahora es como mirar a un pasillo sin fin; nada concreto, nada estable."

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