Mamá, ¿por qué no voy de campamento?

Aula en Barcelona, España
Image caption Una escuela de verano cuesta unos US$650 al mes por niño, demasiado para muchos padres.

Hoy Yolanda Manzanera ha tenido un mal día. Tuvo que llamar a las cuatro o cinco familias que habían contratado el campamento escolar de verano para septiembre y notificarles que fue cancelado. Sencillamente no hay quórum.

Yolanda es coordinadora de actividades de verano para niños de escuelas públicas de siete municipios en Barcelona, España.

Lleva ya muchos años en el negocio de ofrecer actividades de ocio a hijos de padres trabajadores que, sencillamente, no se pueden dar el lujo de tomarse los tres meses de vacaciones escolares que le dan a sus hijos.

Este año, sin embargo, es diferente. Los padres lo piensan dos y tres veces antes de pagar unas semanas de campamento.

En promedio, estas escuelas de verano suelen costar en la región unos US$650 al mes por niño, poco más de la mitad del salario mínimo en España.

"Creo que, por situaciones económicas, las familias intentan organizarse de otra manera", le explica a BBC Mundo Manzanera durante la visita a uno de los campamentos que tiene a su cargo.

Son pocos niños, los justos para que el servicio funcione en julio. La mayoría no se queda la jornada completa. Sus padres, a diferencia de otros años, han decidido pagar sólo medio día.

"Cambian vacaciones, se organizan con la familia, y no tienen necesidad de contratar un servicio", agrega.

Por turnos

Ester Sanz es madre de una niña de cinco años. Este año ni se planteó la posibilidad de inscribir a su hija, aunque sea un par de semanas, en uno de estos centros mientras llegan las ansiadas vacaciones de agosto.

"La gente lo que hace ahora es que los padres, en vez de tomar vacaciones juntas, lo hacen por separado", le explica a BBC Mundo.

Así, mientras uno tiene que trabajar, el otro se queda en casa con los hijos para no tener que pagar por este tipo de actividades de ocio.

"Pero también depende de la empresa donde trabajes, porque no todas te dan un mes de vacaciones y los niños no sólo tienen un mes libre, sino mucho más", aclara Sanz.

¿Y qué se hace cuando ya no quedan vacaciones para cuidar a los hijos? "Pues para eso tienes a los abuelos o a los tíos", responde.

La comida, en casa

En tiempo de crisis, el papel de los abuelos ha recobrado importancia. Son ellos los que alivian a los padres en el cuidado de los niños. Son ellos los que buscan a los pequeños al colegio y hacen las funciones de guarderías.

Manzanera explica que muchas veces los padres que siguen contratando las escuelas de verano son aquellos que no tienen a la familia cerca para que los ayude.

Milagros Ponte, portavoz de la Asociación de Padres y Madres de Alumnosde Cataluña, interrumpe a Manzanera para señalar que este fenómeno no empezó con el calor boreal.

"No son sólo los campos, las actividades extraescolares durante todo el curso se han visto afectadas por la crisis", le aclara a BBC Mundo.

Ponte asegura que ha habido un descenso en la contratación de comedores. Un servicio pago que además de alimentar al niño, permite a los padres buscar a sus hijos más tarde de las escuelas en España.

Durante el año escolar éste puede llegar a costar hasta US$129 al mes. "También se ha registrado dificultades en algunos centros a la hora de asumir los pagos, cuando antes se hacía sin problemas", agrega.

Un compañero de juego

Según Manzanera, el hecho de que las familias recorten los gastos por el lado de las actividades extraescolares de sus hijos no perjudica al niño.

"Yo pienso que los niños lo que tienen ganas es de estar con la familia. Sobre todo si hablamos de niños de tres a cinco años. Ellos prefieren estar con sus padres e incluso con sus abuelos", explica.

Sanz no está del todo de acuerdo con Manzanero, pues considera que todo depende del niño y de la edad de éste. "Mi sobrina de 12 años no quiere estar con sus abuelos, lo que quiere es irse de colonias (campamento) con sus amigas del colegio".

Además, para esta madre, "los abuelos les dan de comer y los cuidan muy bien, pero no están en forma como para jugar igual que un niño de su edad. Que es lo que necesitan los niños".

Ni bueno ni malo

Elena Alcalá, una madre que tiene a su hija de ocho años en una de las escuelas de verano, no cree que su hija se hubiera perjudicado o beneficiado si por razones económicas hubieran tenido que prescindir del servicio.

"Quizás yo sí me hubiera tenido que sacrificar un poco más y hacer las cosas más de prisa u organizarme de otra manera", le cuenta a BBC Mundo.

"Pero para ella... no creo que haya afectado mucho su estilo de vida. Para mí el casal (campamento) es una herramienta de ocio para los críos (niños) en verano", agrega.

Además de diversas actividades creativas dentro de los recintos de las escuelas de verano, los niños también tienen actividades físicas, salidas organizadas a zoológicos, a centros lúdicos y excursiones al aire libre.