La crisis vista por una oficial de crédito

Eileen Loiacono toma un sorbo de agua fría, sonríe y dice que quizás, cuando tenga un tiempo, escribirá la historia de su vida.

Image caption Según Loiacono, sus superiores la presionaban para no declinar solicitudes de crédito.

Con toda seguridad, será muy atractiva de leer.

Loiacono trabajaba en una entidad financiera dedicada a otorgar préstamos en la época de la llamada “bonanza” de los créditos subprime o de alto riesgo.

En las manos de Loiacono, como una oficial de crédito, estaba decidir a qué persona la compañía podía prestarle el dinero solicitado.

Se encontraba en el Condado de Orange, en el sur de California, lugar que llegó a ser la capital de los créditos subprime de Estados Unidos.

Hace cinco años, la mayoría de las compañías dedicadas a otorgar créditos subprime tenían sus oficinas principales en esa área. Ese condado estaba lleno de bancos que se especializaban en préstamos de alto riesgo para personas con bajos ingresos o sin ingresos y con pobre historial crediticio.

Loiacono vio todo el proceso. Su trabajo era evaluar el perfil y el historial de los solicitantes de préstamos, y determinar si serían capaces de devolver el dinero.

Frenesí de préstamos

¿Cuántas de las aplicaciones que llegaron a su escritorio tenían un buen prospecto? “Alrededor del 30%”, responde.

Y con respecto al resto: “Había gente que incluso no entendía que estaban en el proceso de obtener un préstamo. Ni siquiera podían leer los documentos. Alguien simplemente se les había acercado y les había dicho: ‘¿quieres una casa?’”

Ahora, trabajando en un banco en Corona, una ciudad pequeña en las montañas del este del Condado de Orange, Loiacono señala que hizo lo que pudo para darle un poco de sentido a todo el frenesí prestamista.

Ella intentaría rechazar aplicaciones que lucían muy riesgosas, pero la presión de los agentes de hipotecas y los jefes de los bancos era irresistible.

Ellos habían empezado a ofrecer incentivos a los empleados para que no titubearan frente a una aplicación. Les hacían promesas de vacaciones en centros turísticos de la costa de California. “Ellos ofrecían carros, relojes y carteras", pero acotó: "La lista era más larga”.

¿Alguna vez sucumbió a la tentación?

Eileen Loiacono echa su cabeza para atrás y lanza una carcajada. “Fui más amenazada que cortejada con ofrecimientos de cosas”, indica.

Pero, las amenazas no sólo se referían al despido. Fue más directo que eso. Se le dijo que su carro sería vandalizado si intentaba rechazar a un solicitante.

“Cadena de culpas”

Image caption Carteles de casas en venta son muy comunes en el distrito de Orange.

Eventualmente, el FBI inició una investigación. Loiacono decidió retirarse indignada.

Pero dice que lo que vivió era común en una industria que describe como “carente de todo principio moral”.

Era un sector que prosperó en el sur de California, en un ambiente de optimismo económico que atraía a nuevos residentes en busca de viviendas.

De acuerdo con Mathew Padilla, autor de un libro sobre el nacimiento de los créditos subprime, “Cadena de culpas”, la costa este de Estados Unidos contaba con Wall Street y con sus reconocidos métodos de hacer dinero.

Los innovadores financieros en el sur de California estaban buscando el momento preciso para entrar en acción.

En su escritorio, en el Registro del Condado de Orange, donde Padilla siguió cada giro de la crisis, el autor explica “para hacer un nicho, tienes que ser creativo y muchos de estos sujetos eran realmente creativos”.

Espiral descendente

Los resultados de esa “creatividad” están demasiado claros en el Condado Orange, donde los niños juegan en las calles en un verano caliente y las familias se reúnen en sus puertas esperando que pase el heladero.

En casi cada una de las calles de un vecindario de mayoría mexicana, en el corazón de la ciudad, hay varias casas con avisos de “Se vende”.

Los empleados de las inmobiliarias le muestras a los potenciales compradores, propiedades vacías, que han sido recuperadas por los bancos.

En el clímax del boom de la compra y venta de viviendas, el sector inmobiliario se había convertido en una de las mayores concentraciones de préstamos subprime en toda California. Los precios de las casas estaban en aumento con rapidez, pero los salarios ni se movían.

Personas que nunca habían sido tomadas en cuenta para conseguir una hipoteca por sus ingresos bajos o su pobre historial crediticio, eran los blancos perfectos para los nuevos préstamos creativos.

Los residentes del Condado de Orange, que ya eran propietarios de sus viviendas, quisieron aprovechar la oportunidad para conseguir nuevos fondos.

Pocos tuvieron problemas para obtener préstamos. Muchos tienen todavía sendas deudas.

California es uno de los estados con el más alto índice de ejecución hipotecaria en Estados Unidos.

El impacto en la economía ha sido devastador. El desempleo es cercano al 12% en California, donde gran parte del crecimiento económico se debió al boom de la industria inmobiliaria.

Actualmente, en lugares donde la industria de los subprime se asentó, el fracaso todavía se siente.

El gran temor es que incluso las personas que no representan ningún riesgo crediticio, puedan verse en mora y disparar otra espiral descendente.

Con cientos de personas perdiendo sus empleos, muchos prestamos podrían no ser pagados.

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