G-20: ¿qué trae América Latina?

Lula, Fernández y Calderón
Image caption "Brasil mira al mundo, México a EE.UU. y Argentina a sí misma", según analistas.

El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, se encontrará este jueves en Pittsburgh (Estados Unidos) una vez más con sus colegas de ojos azules y de países ricos que, según él, "tienen la culpa" de la crisis económica que ha padecido el mundo el último año.

Esa declaración que Lula insiste en hacer –para escándalo de quienes lo consideran un comentario racista-, aunque pudiera parecer casual y hasta fuera de tono, permite que las naciones "emergentes" lleguen a la Cumbre del Grupo de los 20 (G-20) con una actitud diferente.

Una actitud más proactiva, se diría en la jerga gerencial, que hace que Brasil y los otros países de América Latina (Argentina y México) no acudan como los pequeños y agradecidos invitados que vienen a recibir consejos, sino como iguales que participan en el diseño de las soluciones.

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Image caption Las economías latinoamericanas se encontrarán con gigantes como China, EE.UU., Japón o Europa.

El hecho de que, salvo en el caso de México, la recesión no haya empezado en el sur del planeta y que haya afectado más levemente a las economías en desarrollo que a la de los países ricos, les permite llegar a la cumbre con mucha confianza y con pocas culpas.

Grandes y pequeñas ligas

Pero por poco culpables que puedan ser las naciones latinoamericanas de las vicisitudes económicas actuales, ¿qué tanto es lo que pueden aportar? Al fin y al cabo siguen siendo economías comparativamente pequeñas al lado de las de China, EE.UU., Japón o Europa.

Aunque el reciente protagonismo del G-20 ha sido saludado como un reconocimiento de los cambios en la dinámica del poder económico mundial (hasta hace poco concentrada en el más exclusivo G-7) muchos recuerdan que hay grandes diferencias entre los convidados.

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Para decirlo en términos del muy estadounidense béisbol hay dos ligas: las grandes y las pequeñas, y en esta última es en la que siempre han jugado los latinoamericanos.

"Ese podría haber sido el caso unos años atrás. Pero estamos hablando de la integración de las ligas" aseguró a BBC Mundo Claudio Loser, ex funcionario del Fondo Monetario Internacional (FMI).

"Los que antes jugaban en las ligas menores están en condiciones de jugar en las mayores. Y para que el sistema funcione deben hacerlo", dijo Loser, quien actualmente es presidente de la empresa de asesoría política Centennial América Latina, ubicada en Washington.

Pese a ello Loser reconoce que el punto fuerte de la región no son las altas finanzas o en el manejo de los grandes bancos, sino la experiencia que pueden ofrecer, ya que "los sistemas financieros latinoamericanos, aunque son pequeños, fueron los que mejor sobrellevaron la crisis del último año".

"Con un sistema más fuerte de supervisión, aunque permitiendo que los bancos se desarrollaran, hicieron que sus sistemas no cayeran como ocurrió en Europa o EE.UU.. Hay muchas lecciones que se aprendieron en México, Argentina y Brasil en años anteriores para mejorar el sistema financiero", afirmó Loser.

Actualización financiera

En lo que todos los países emergentes parecen coincidir es en la necesidad de modificar el control de la arquitectura financiera internacional, ubicada en el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, que no se reduzca el crédito a los países pobres y que se eviten las tentaciones del proteccionismo comercial.

"Lo que más nos interesa es la consolidación de las reformas del FMI y del Banco Mundial, que son los instrumentos de control del sistema financiero global", dijo en una reciente entrevista con corresponsales extranjeros en Río de Janeiro el canciller brasileño, Celso Amorim.

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En Pittsburgh se espera que Brasil suscriba un acuerdo por el que le transferirá al FMI US$10.000 de sus reservas internacionales a cambio de bonos emitidos por el Fondo.

"Actualmente, el 60% del poder de voto del FMI es de los países desarrollados y un 40% de los países en desarrollo. La meta que definimos es que los países desarrollados le traspasen a los emergentes siete puntos porcentuales", explicó el ministro brasileño de Hacienda, Guido Mantega.

También México busca "promover el fortalecimiento de la participación de las economías emergentes en las instituciones financieras internacionales", según el mensaje que el ejecutivo envió al Senado solicitando autorización del viaje del presidente Felipe Calderón a Pittsburgh.

A una cuadra de la Casa Blanca

El argumento para promover los cambios en el sistema financiero mundial es que desde que se crearon las actuales instituciones financieras internacionales en la década de los 40, los países europeos han perdido peso en la economía mundial.

Por eso, las naciones emergentes acordaron en reuniones de coordinación previas al encuentro de Pittsburgh proponer que el proceso de reforma de los organismos financieros multilaterales empiece a cumplirse en 2011 y no en 2013, como está previsto.

Estas exigencias de reforma se alimentan con la sensación de "reivindicación histórica" que hay en muchas capitales de países en desarrollo, que en el pasado fueron "regañados" y presionados por los organismos multilaterales cuando les daban "recetas" para manejar sus economías.

"Cada vez que había una crisis en nuestros países siempre los expertos del FMI o el Banco Mundial se apresuraban a ir a ofrecer sus grandes soluciones. Eso no lo hicieron con la Casa Blanca, pese a que les quedaba a cuadra y media" aseguró a BBC Mundo Francisco Nieto, un asesor de políticas públicas de Washington.

Pese a la experiencia argentina de hace pocos años, cuando Buenos Aires se desligó del FMI, los latinoamericanos ven en esas instituciones potenciales centros para una mayor regulación de las finanzas internacionales, sólo que ahora esperan poder contar con parte del poder de control.

Tres países, tres visiones

No todos piensan que la presencia latinoamericana en la Cumbre de Pittsburgh pueda considerarse como una "representación regional", que vaya a promover los intereses del subcontinente.

"Brasil mira al mundo. México mira a EE.UU. y Argentina se está mirando a sí misma. No hay una agenda compartida entre ellos. Solo algunos puntos cercanos" dijo Nieto, para quien se trata de una "diversidad" que se convierte en una "debilidad".

"Brasil está liderando a los países del tercer mundo, no solo latinoamericanos. Brasil se ve a sí mismo con vocación mundial", algo que según Nieto dificulta la coordinación política y niega a la región una voz fuerte en el foro.

Para Claudio Loser esa vocación de "gran liga" que tiene Brasil estaría generando algún tipo de resentimiento entre países de la región y facilitando a México un papel de "equilibrio".

"Ha habido un reencuentro de México con los países del sur de América (…) Actualmente la visión 'latinoamericanista' del presidente Calderón ha permitido acercamientos importantes de México con los demás países latinoamericanos" estimó Loser.

Sin embargo, la esencia del G-20 es su diversidad. La confluencia de diferentes experiencias y perspectivas para lograr el objetivo de diseñar políticas que respondan mejor a la nueva dinámica del poder mundial.

Así que las diferencias de enfoque con las que los latinoamericanos llegan a la Cumbre, si bien pueden dificultar la coordinación de esfuerzos, sirven para mostrar un mejor panorama de una región que en conjunto dista de ser homogénea.

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