Pittsburgh no puede con Nueva York

En Estados Unidos, Pittsburgh no puede competir con Nueva York. No hablamos de las oportunidades que ofrece una ciudad frente a la otra, sino de lo que hacen ambas para captar la atención de la prensa.

Image caption La Cumbre del G-20 en Pittsburgh es la tercera que se realiza en un año.

Mientras en Pittsburgh se cumplirá este viernes la parte gruesa de la agenda de la Tercera Cumbre del Grupo de los 20, en Nueva York se vive la semana inaugural de la Asamblea General de Naciones Unidas (ONU).

La Cumbre del G-20 es apenas la tercera que se realiza en un año marcado por las tribulaciones económicas mundiales. En cambio, la ceremonia de la ONU es un protocolo que se ha venido repitiendo por 60 años.

Y sin embargo, el evento neoyorquino ha logrado quitarle cierto lustre al de Pittsburgh, posiblemente porque la densidad de líderes mundiales por metro cuadrado es mayor en la ciudad del río Hudson que en la capital industrial de Pensilvania.

Eso quizás cambie a partir de la noche del jueves, cuando ya los primeros ministros, presidentes y hasta reyes invitados a la reunión habrán sostenido su primer encuentro en una cena que ha sido definida como un primer encuentro de trabajo.

Ciudad de hierro, cumbre floja

Los periodistas veteranos de otra cumbre, particularmente de la precedente realizada en abril en Londres, destacan que las expectativas de lo que se pueda lograr en esta reunión son reducidas.

En parte eso podría deberse a cierta sensación de "tarea cumplida" que estaría cundiendo entre algunos gobiernos, que ven cómo ciertos números indican que la crisis económica empieza a ceder y que la recesión no fue como pronosticaban los más agoreros.

Sin embargo, otros alertan contra ese triunfalismo y advierten que la Cumbre debe seguir coordinando medidas para evitar una recaída.

El Reino Unido y EE.UU. son las dos naciones que más abogan por la continuación de los programas de estímulo económico -la inyección de dinero público para reanimar la economía. Una estrategia polémica, pero que Washington y Londres consideran que fue clave en la recuperación registrada hasta ahora.

Pero ese tipo de programas genera problemas, no sólo de opinión pública, sino también técnicos, como el aumento de los déficit públicos o de las presiones inflacionarias que surgen de la promoción del crédito y el estimulo al consumo.

En general, en los pasillos de la Cumbre se habla de lo "vago e impreciso de la agenda que van a discutir los lideres", como le dijo a BBC Mundo un miembro de una delegación latinoamericana que prefirió no identificarse por no estar autorizado a dar declaraciones y porque "esa no es la posición oficial" de su país.

Unas tibias protestas

Por ahora, en Pittsburgh, hasta las manifestaciones han sido algo flojas. Una coalición de grupos opuestos al capitalismo, ecologistas y otros autodefinidos como "promotores de la democracia popular" habían prometido hacerse sentir el jueves y viernes de la Cumbre.

Image caption Reino Unido y EE.UU. son los que más abogan por la continuación de los programas de estímulo económico.

La tarde del jueves unos pocos cientos de manifestantes empezaron una marcha desde una plaza del norte de la ciudad con dirección al Centro de Convenciones, aunque sabían que no podrían pasar de la barrera de seguridad establecida como a tres kilómetros del lugar.

"Mi causa y mis ideas son más importantes que mi nombre", explicó en un breve diálogo con BBC Mundo uno de los organizadores del evento que, apenas ver las credenciales de prensa, tapó su cara con un pañuelo.

Luego accedió a hablar sin cámaras o grabadoras para explicar que "temo la acción de la policía, no tanto ahora sino dentro de dos semanas. No quiero llegar a casa un día y que me estén esperando para apresarme".

No es que el despliegue policial no haya sido de temer. Miles de oficiales con aprestos antimotines han tomado posiciones en la ciudad, mientras que cada tanto se ve el desfile de patrullas a toda velocidad y con luces encendidas.

Disuasivo y excesivo

Para la vigilancia de Pittsburgh han sido traídos desde efectivos de la Guardia Nacional y el Servicio Secreto, hasta ofíciales de policías municipales de pueblos cercanos.

Incluso algunos efectivos de la Patrulla Fronteriza están desplegados en puestos de control de ingreso a la zona de seguridad del centro de la ciudad.

Se trata de una fuerza disuasiva -y algo "excesiva" según comentan algunos colegas-, sobre todo los de medios del norte de Europa, poco acostumbrados a estos despliegues de seguridad.

Cuando en las pantallas gigantes ubicadas en la sala dentro del Centro de Convenciones que es sede de la Cumbre mostraron imágenes de un canal de noticias local que reportaba la "confrontación" entre policías y manifestantes algunos periodistas aplaudieron.

No tanto porque los colegas estén ávidos de violencia y destrucción, sino porque quizás sintieron que "al fin" algo venía a mover la aburrida dinámica del día.

Pero inmediatamente esos repentinos entusiastas recobraron la compostura, ojearon como quien chequea si alguien lo sorprendió en alguna conducta vergonzosa y volvieron a enterrar sus ojos en las pantallas de sus computadoras portátiles.

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