Bancos: peor de lo confesado

Wall Street
Image caption Entre los bancos rescatados estuvieron los nueve más grandes, que recibieron US$ 125.000 millones.

La lógica del rescate financiero que se puso en marcha en Estados Unidos el año pasado era simple: se apuntala a los bancos para que estos empezaran a prestar de nuevo dinero al público.

Por eso, era bueno ayudar incluso a los "grandes", los que estaban en buenas condiciones.

Pero no pasó así, en parte porque esos bancos "grandes" no contaban con la "buena salud" que el gobierno evaluó al principio, pese a que altos funcionarios de las finanzas públicas sabían cuál era la situación real de esas instituciones.

Un informe presentado este lunes por el Programa de Ayuda para Activos Problemáticos (TARF, por sus siglas en inglés; una dependencia del Departamento del Tesoro) afirma que esos funcionarios "deliberadamente" crearon una falsa impresión de los bancos, pese a que conocían las deficiencias de algunos de ellos.

Al declarar expresamente que las instituciones "sanas serían capaces de aumentar el volumen de préstamos, el tesoro puede haber creado expectativas no realistas sobre las condiciones de esas instituciones y su habilidad para aumentar los préstamos", se lee en el informe de la TARF.

700 millones

En octubre del 2008 el gobierno del presidente George W. Bush gestionó un paquete de US$ 700.000 millones para rescatar bancos en problemas y apuntalar a aquellos considerados como "muy grandes para fallar", los que por su tamaño podrían haber creado mayores problemas al sistema financiero en caso de quiebra.

La decisión fue muy impopular entre quienes consideraban que se le daba oxígeno a banqueros que habían incurrido en prácticas riesgosas, y en algunos casos, ilegales.

Entre los bancos rescatados estuvieron los nueve mayores del país, que recibieron en su conjunto US$ 125.000 millones.

Algunos de ellos han ya pagado al Tesoro los recursos recibidos y todos han pasado las pruebas de fortaleza que les ha puesto el gobierno.

En el informe del Departamento del Tesoro presentado este lunes no se nombra a ninguno de estos bancos en particular.

Problema semántico

Image caption En estos días se investiga si Bank of America ocultó información a sus accionistas.

El informe del Departamento del Tesoro reconoce que los funcionarios deben ser muy delicados a la hora de expresarse sobre las condiciones de bancos y otras instituciones, particularmente en tiempos de crisis.

Decir que un banco es débil puede crear una ola de pánico entre clientes y acreedores y podría generar lo que en el mundo de las finanzas se conoce como una "corrida", que es cuando se empiezan a retirar depósitos a un ritmo superior de lo que el banco puede macerar.

Tradicionalmente esas corridas terminan en el colapso del banco, que es incapaz de honrar todos sus compromisos con los clientes, y su eventual intervención por parte del gobierno.

Las perspectivas de que se creara un escenario similar de pánico cuando ya existía una situación de confianza delicada es lo que habría llevado a funcionarios como el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, o el entonces Secretario del Tesoro, Henry Paulson, a no decir en público algunas preocupaciones que compartían en privado.

Banco de América

Aunque la crisis financiera parece conjurada, el programa de ayuda nunca contó con la simpatía de la mayoría de la población. Las nuevas revelaciones podrían generar más dudas acerca de las reales intenciones del gobierno en estrategias similares.

Uno de los casos más polémicos se investiga por estos días: hasta qué punto Bank of America, uno de los principales del país, ocultó a sus accionistas información crucial sobre la compra de Merrill Lynch, realizada en enero pasado y que le resultó un pesado problema contable.

Se asegura que la directiva del Bank of America consideró retirar su opción de compra al conocer en profundidad la situación de Merrill Lynch, pero el gobierno le presionó para que completara la fusión, temeroso de las consecuencias que podría tener la quiebra del famoso banco de inversión.

Actualmente la justicia de Nueva York averigua si el banco mintió a sus accionistas sobre las pérdidas y sobre los bonos que recibirían los directivos de Merril Lynch, mientras en el Congreso quieren saber si el gobierno pactó el silencio de Bank of America para garantizar la transacción.

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