Cómo sobrevivir a la crisis en España

Rafael Correa
Image caption La crisis ha forzado a los inmigrantes a adoptar nuevas tácticas.

Frente al desempleo que golpea a España, con cuatro millones de personas sin trabajo, los inmigrantes, uno de los colectivos más afectados, tienen que diseñar estrategias para sobrevivir.

"Pisos patera" (apartamentos compartidos), subsidios que se estiran al máximo, albergues atiborrados, ventas de comida a través de SMS, ferias de empleo, taxis piratas, son algunas de las iniciativas.

Un indicador de la crisis es el aumento de alquileres de habitaciones en lugar de apartamentos. Según el principal portal inmobiliario de España, Idealista.com, la demanda ha aumentado un 150% en el último año.

Asimismo, la Asociación para el Fomento del Alquiler (Arrenta) detecta un aumento de propietarios que se han quedado sin trabajo y que quieren alquilar una habitación en su propia vivienda.

Habitación

"Gracias a Dios vivo en una habitación", comenta a BBC Mundo el peruano Sergio Azpilcuet, quien comparte apartamento con otras cinco personas en Madrid.

"Un apartamento te puede costar mínimo US$1.100 al mes además de los contratos que tienes que firmar. Aquí pago US$300 que se quedan en la mitad porque comparto habitación con mi novia. Ella es española y también está sin trabajo", explica.

Azpilcuet lleva diez años en España y no ha conocido un contrato fijo. Trabaja para empresas de marketing que le hacen contratos temporales. Ha agotado el subsidio de desempleo pero milagrosamente ha optado por un nuevo subsidio de seis meses de US$600 aprobado por el gobierno socialista.

"La crisis ha servido para algo; ya no tenemos discusiones con los demás compañeros del piso", agrega. "Sabemos que tenemos que llevarnos bien porque de momento no vamos a encontrar nada mejor", detalla mientras recibe un mensaje al celular.

Empanadas y taxis

"Es la señora de las empanadas. ¿Encargamos?", se dirige a su novia que mira en Internet anuncios de apartamentos que no puede alquilar. "A nuestra generación la engañaron. Toda la vida estudiando para terminar entre cuatro paredes", apunta.

Últimamente la pareja tiene una preocupación. "Las novias de otros dos compañeros de piso también se vienen a vivir aquí. No sé cómo vamos a hacer", agrega ella.

Sergio retoma el mensaje. "Es una argentina que hace empanadas y las vende a través de SMS.

Ni siquiera tienes que salir de casa, te traen la comida que te gusta y más barata", detalla.

Como ella hay otros inmigrantes que ofrecen servicios a través del "boca a boca", de las redes sociales como Facebook o de sus contactos de móvil. Es el caso del dominicano Bruno Rodríguez, desempleado de la construcción, quien desde hace unos meses ha convertido su furgoneta en un taxi.

"Hago carreras al aeropuerto. Me llaman mis amigos y gente de la colonia dominicana en Madrid. Les salgo más barato que un taxi, además de que tengo más espacio para las maletas", comenta.

Perfiles polifacéticos

La estrategia del colombiano Rafael Correa Botero, de 62 años, es la versatilidad. "Soy un hombre polifacético. Llevo 15 años en España y he trabajado como camarero, vigilante, repartidor de periódico, en limpieza, en la construcción… De todo un poco", comenta mientras hace la cola para grabar un video curriculum en una feria de empleo.

Image caption Vicente Velarde, manchego, se esfuerza por no perder su casa.

Uno de sus últimos trabajos ha sido pastor de ovejas cerca de la ciudad.

Correa Botero escribe en un papel el guión que leerá ante la cámara. En la cola hay desempleados de todas las edades, entre ellos el manchego Vicente Velarde López, de 51 años, cuarenta de los cuales ha trabajado como electricista. Es optimista pero dice que le preocupan los pagos de la hipoteca de su vivienda.

"No quiero perder la casa. Voy tirando de lo que me dejan mis amigos, entre ellos un cura que me ha echado una mano. Soy optimista pero no voy a negar que estoy asustado... Espero no terminar debajo de un puente".

"¿Cuál crisis?"

Rafael sigue en la cola, repasando su guión. "¿Cuál crisis? A veces me pongo a pensar que quienes venimos de países más jodidos estamos mejor preparados para estas situaciones", comenta mientras abre su maletín.

"Este maletín es como el sombrero de un mago. Aquí siempre llevo mi limonada y mis chucherías. Yo no volví a comer en la calle, y la ropa me la rebusco. Con lo que cuesta una camisa de tienda me consigo tres en un mercadillo de segunda mano", agrega.

"Mi sueño es llegar a los 65 años y conseguirme una pensión aunque sea pequeña en España. Y entonces me regresaría a Colombia", comenta. Es su turno. El hombre se acomoda la corbata, tercia el maletín y se dirige al sillón. Sólo tiene unos segundos para convencer a algún empresario de que es el candidato ideal.

"Mi nombre es Rafael Correa Botero. Soy un hombre polifacético. He trabajado como: camarero, vigilante, pastor de ovejas...", comenta el hombre frente a la cámara.

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