Bancos británicos en el banquillo

Alistair Darling Ministro de Finanzas
Image caption El gobierno británico se vio obligado a invertir grandes sumas para estabilizar al sector financiero.

Una vez más los bancos británicos están en el centro del debate público. El gobierno del primer ministro británico Gordon Brown anunció que las entidades financieras deberán revelar el número de empleados que ganan más de un millón de libras al año como parte de una amplia reforma del sector bancario.

El miércoles hubo revuelo público por la decisión de la Corte Suprema británica de convalidar las penalizaciones que aplican los bancos a los que incurren en sobregiros no autorizados de sus cuentas.

Ese mismo día, mientras grupos de defensa del consumidor criticaban el dictamen en representación de un millón de clientes, el ministro de finanzas Alistair Darling tuvo que comparecer en una sesión de emergencia del parlamento para defender los préstamos secretos que el Banco de Inglaterra hizo al Royal Bank of Scotland (RBS) y al HBOS - el equivalente a casi US$100 mil millones - en medio de la crisis financiera del año pasado.

Según Darling la situación era tan crítica que no quedaba dinero para que los cajeros automáticos siguieran funcionando.

El problema es que estos fondos secretos salen del bolsillo del contribuyente.

Según el "Financial Times" este mismo contribuyente podía llegar a pagar al RBS hasta 114 libras diarias (alrededor de 180 dólares) por un sobregiro no autorizado.

Otros testimonios recogidos por los medios británicos mostraban a gente de bajos recursos a las que se les cobraba más de 30 libras por un giro en rojo.

¿Victoria pírrica?

La Asociacion de Bancos de Inglaterra recibió con beneplácito, pero sin triunfalismo, el dictamen judicial.

Se calcula que si el fallo hubiera resultado adverso, los bancos podrían haber enfrentado una cuenta de más de 10 mil millones de libras por penalizaciones punitivas incurridas en los últimos años.

Image caption El sector bancario ha sido objeto de protestas y cuestionamientos en la opinión pública.

Pero la victoria se da en un clima de crispación pública hacia el sector financiero.

"Esto no se refleja de manera directa con disturbios callejeros como ocurrió por ejemplo en Estados Unidos al principio de la crisis, sino más bien en el impacto que está teniendo en la posición de los políticos", dijo a BBC Mundo Olann Kerrison, jefe de Análisis del "Lafferty Group", consultora del sector financiero.

En efecto, a seis meses de las elecciones, el Laborismo y el principal partido de oposición, los Conservadores, compiten para proyectarse como los defensores de los clientes frente a los banqueros.

Apenas conocido el dictamen de la corte, la secretaria de estado del Tesoro, Sarah Mc Carthy-Fry amenazó con legislar si los bancos no llegaban a un acuerdo voluntario y justo para el tema de los sobregiros.

Entre los proyectos de ley que impulsará el Laborismo en sus últimos meses de gobierno, se encuentra la ley de servicios financieros que autoriza a los reguladores a intervenir en caso de que se evalúe que la estructura interna de un banco y las bonificaciones que da a sus directivos pueden poner en riesgo su supervivencia.

La obligación de revelar el número de empleados que ganan más de un millón de libras forma parte de esta nueva regulación del sector financiera impulsada por el gobierno Laborista.

Un lugar en el mundo

Esta tensión entre gobiernos, bancos y opinión pública no es exclusiva del Reino Unido. En Estados Unidos el Congreso aprobó una ley que regula el cobro de las tarjetas de crédito y está impulsando otras medidas regulatorias para las entidades financieras.

Este mes la Unión Europea acordó una serie de medidas para la regulación del sector en los 27 países que conforman el bloque.

Es posible que una recuperación económica mitigue estos vientos reguladores, pero es virtualmente imposible que el tema desaparezca del debate público porque el impacto de esta crisis se dejará sentir por mucho tiempo.

En algún momento, los estados de países industrializados deberán reducir gastos o aumentar impuestos para lidiar con el gigantesco deficit fiscal en el que han incurrido para salvar a los bancos y reactivar la economía mundial.

Pero además nadie se atreve a descartar una nueva crisis financiera mucho antes de que los estados puedan intervenir para solucionar su deficit.

Esta semana, en una entrevista con el diario francés "Le Figaro", el director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Dominique Strauss-Kahn, alertó que un 50% de las pérdidas de los bancos permanecen ocultas en los balances de las entidades financieras.

El agujero negro de las finanzas

Estas pérdidas forman parte de los famosos activos tóxicos - deudas incobrables - que nadie ha podido o querido calcular hasta el momento para no tornar más precaria la situación de muchas entidades financieras.

"Muchos de estos activos se encuentran en un agujero negro contable permitido por el sistema regulatorio actual. Una de las razones por las que los bancos no están prestando más como les exigen los gobiernos es porque están juntando capital para poder hacer frente a estos activos tóxicos", indicó a BBC Mundo Olann Kerrrison.

El anuncio este jueves de que un fondo soberano, el Dubai World, tiene deudas de US$59 mil millones y necesita un periodo especial de seis meses para pagar el primer vencimiento, levantó el espectro de un default de esta organización y temores en los mercados financieros.

Y es que nadie olvida que en marzo de 2008 hubo un preanuncio de la hecatombe con la quiebra del banco de inversiones Bear Stearns.

La crisis tardó en generalizarse. Cuando lo hizo, el mundo quedó al borde del precipicio.

Por el momento la única certeza que tenemos es que el abismo sigue existiendo y que, afortunadamente, no hemos dado el fatídico paso al frente.

Contenido relacionado