Vuelven los "causantes" de la crisis

Afiche de un billete estadounidense en Times Square, Nueva York
Image caption Los derivados están siendo nuevamente utilizados con frecuencia en los mercados.

"Armas de Destrucción Masiva". Así describió hace algunos años el multimillonario convertido en filántropo Warren Buffet a los derivados, unos complejos instrumentos financieros que algunos sectores consideran responsables del derrumbe de la economía mundial en los últimos dos años.

Esta semana, tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado de Estados Unidos se empezó a discutir una reforma legislativa para ponerle mayor control a la "creatividad financiera" de la banca privada y para darle más protección al consumidor.

Sin embargo, este debate legislativo ocurre en un momento en que los mismos derivados financieros que son señalados de crear la crisis, son nuevamente utilizados con frecuencia en los mercados.

Uno de estos derivados es la titularización (securitization). Este instrumento permite emitir un título (como una acción) cuyo valor se basa en un número de créditos o cuentas por cobrar. Estos títulos luego se canjean entre los actores del mercado como si de la venta de automóviles se tratase.

Es decir, un banco en EE.UU. puede vender a una empresa un papel comercial cuyo valor sea el dinero que se espera recibir por los créditos que haya entregado a compradores de vivienda. De esta manera, el banco obtiene recursos para mantener su negocio.

El riesgo de la operación surge cuando los créditos enfrentan problemas de pago y entonces quien haya comprado estos títulos verá como se disuelve el valor de su inversión. Y ahí empieza la reacción en cadena.

"Demasiados riesgos"

"Complejos instrumentos financieros como algunos derivados contribuyeron en buena medida en que se desencadenara la crisis, pues la falta de entendimiento sobre su riesgo llevó a los bancos a asumir demasiados riesgos", señaló a BBC Mundo Linda Yeuh, profesora de economía de la Universidad de Oxford, en Inglaterra.

Un ejemplo de esto fueron los ahora tristemente célebres créditos subprime: aquellos financiamientos de alto riesgo que entregaron ampliamente algunos bancos en EE.UU. a personas a las que no se les revisó en profundidad su capacidad de pago.

Los bancos emitieron papeles o bonos sobre estos créditos de alto riesgo y luego dichos bonos fueron puestos en el mercado y negociados en innumerables ocasiones, hasta que probablemente el último comprador no haya tenido ni idea de qué respaldo tenía el papel que acaba de comprar.

Y cuando los créditos (el origen de todo esto) empezaron a tener problemas, los papeles se convirtieron en pérdidas para todos aquellos que los tenían en sus cuentas.

Según el Fondo Monetario Internacional (FMI) estas pérdidas pueden ascender a US$3,4 billones, algo que podría ser el equivalente a diez veces la deuda externa de todos los países de América Latina.

Relativo

Image caption En el Congreso de EE.UU. se empezó a discutir cómo controlar la "creatividad financiera" de la banca.

No todos, sin embargo, están de acuerdo en que los derivados son en buena medida responsables de lo que ha sido descrito como la peor crisis económica de la historia.

"Creo que tienen muy poca responsabilidad", le dijo a BBC Mundo Charles Goodhart, profesor de banca y finanzas de la London School of Economics (LSE).

"El problema fue la manera en que se estimó el riesgo, ya que los derivados estimulan la competencia y a mayor competencia se tomaron mayores riesgos", apuntó.

Según Goodhart, "sin (derivados como la) titularización más bien estamos en mayor riesgo, porque aumentaría la demanda de crédito de las empresas y no habría manera de suplirla, causando una parálisis".

Una de las consecuencias inmediatas de la crisis financiera global fue que la disponibilidad de financiamientos en los mercados se redujo dramáticamente. No sólo para compradores de vehículos o viviendas, sino para los motores de la economía: las empresas.

Ante esto, la alternativa para las empresas necesitadas de crédito ha sido regresar a la titularización y vender papeles comerciales basados en sus cuentas por cobrar, según revelan una encuesta efectuada por la consultora Demica con empresas en Francia, Alemania y el Reino Unido, las principales economías europeas.

¿Pero qué deben esperar las empresas de la reforma en los derivados que se discute en Washington y que podría ser el punto de partida en el resto de los mercados globales?

¿Más control?

En la Cámara de Representantes estadounidense los demócratas buscan imprimirle mayor transparencia a las operaciones con derivados que normalmente se suelen hacer únicamente entre las partes interesadas, conocidos como over-the-counter o OTC.

Sin embargo, ni en EE.UU. o en Europa se ha mencionado la posibilidad de eliminar estos instrumentos, elogiados como resultado de la creatividad financiera del mercado.

Más bien lo que los legisladores estadounidenses buscan es que sea una cámara de compensación la que garantice negociaciones de derivados entre dos partes, un poco para evitar sorpresas con títulos de alto riesgo: básicamente para que quien compre un título sepa exactamente cuál es el riesgo de este título y pueda prepararse a cualquier posibilidad de pérdidas.

Con ello se busca reducir la especulación y tener certeza de que lo que se vende tiene suficiente respaldo.

"Aunque (la reforma) es potencialmente significativa, sería mucho más efectiva si se implementase a nivel global", señaló Yeuh.

Republicanos y demócratas aún tienen que ponerse de acuerdo en los últimos detalles y no se espera que cualquier legislación que se apruebe (quizás este viernes) entre en efecto sino hasta entrado el año que viene.

Esta es parte de la respuesta de los políticos estadounidenses para evitar una nueva crisis financiera, con nuevos controles sobre la banca y las empresas de seguros.

"Las nuevas restricciones a la banca reducirán el riesgo de sus operaciones, pero a su vez reducirán el crédito disponible y por ende el crecimiento económico", aseveró Goodhart.

"Y eso nos deja con la alta posibilidad de que Estados Unidos quede como Japón, con una economía estancada", agregó.

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