Última actualización: lunes, 26 de julio de 2010 - 18:12 GMT

¿Funcionan las sanciones económicas?

Para lidiar con gobiernos problemáticos, el mundo de la diplomacia a menudo recurre a las sanciones económicas, pero ¿realmente funcionan? La experiencia no aporta muchas pruebas.

Las sanciones económicas en Sudáfrica fueron uno de los factores que determinaron el cambio en el país.

''Hay pocos casos en los que se puedan calificar las sanciones como exitosas, salvo cuando se combinan con otros factores'', señala el catedrático en Relaciones Internacionales de la Universidad de Oxford, Adam Roberts, uno de los más respetados expertos británicos en su campo.

''Podría decirse que contribuyeron a cambiar a la minoría blanca de Rhodesia, lo que llevó a la mayoría negra al poder; las sanciones contra Sudáfrica fueron uno de los factores que determinaron el cambio en el país''.

No obstante, insiste, las sanciones sólo fueron un elemento entre muchos, que incluyen la oposición de la guerrilla dentro del país.

Es por ello, concluye, que ''es imposible asegurar en cualquiera de estos casos que las sanciones fueran el factor decisivo''.

¿Insistir?

La idea era que las sanciones doblegaran a Irán, pero no ha sucedido.

En julio de 2010, el presidente estadounidense Barack Obama firmó, con alcance de ley, una serie de sanciones bilaterales contra Irán.

Éstas pretendían aumentar la presión sobre Teherán y reforzar las sanciones ya existentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

La intención era que la suma de las sanciones de Naciones Unidas y las bilaterales -la Unión Europea ya se ha planteado medidas más duras- convencerían a Irán de cambiar sus intenciones y suspender su programa de enriquecimiento de uranio.

Hasta ahora, las sanciones no parecen estar funcionando.

Pero se siguen aplicando.

Entre las palabras y la guerra

Desde el fin de la Guerra Fría, las sanciones se han estado usando cada vez con más frecuencia como herramienta en la diplomacia internacional.

No hay nada más entre las palabras y la acción militar si se quiere presionar a un gobierno

Jeremy Greenstock, ex embajador británico ante la ONU

El embajador británico ante la ONU entre 1998 y 2003, Jeremy Greenstock, asegura que la razón fundamental de la popularidad de las sanciones es que ''no hay nada más entre las palabras y la acción militar si se quiere presionar a un gobierno''.

''La acción militar es cada vez menos popular e inefectiva en un mundo orientado a la legitimidad, y las palabras no funcionan cuando se trata de regímenes duros. Así que hace falta algo en medio y ¿qué más hay?", se pregunta.

Pero para que las sanciones funcionen, tienen que ser universalmente aplicadas y, según Nicholas Burns, el diplomático más veterano de la administración Bush, en el caso de Irán eso sencillamente no ocurre.

''Muchos países las ignoran o, como en el caso de China, las burlan'', añade.

De hecho, asegura que China se ha vuelto el socio comercial más importante de Irán desde que las sanciones de la ONU entraron en vigor.

''Son un instrumento político muy complicado y delicado'', concluye.

Blanco errado

Además, las sanciones tienen una historia poco ilustre en términos del impacto en la economía de un país.

En Irak, quienes más sufrieron fueron los civiles.

Tienden a golpear al pueblo en vez de a sus gobernantes, quienes generalmente son su blanco.

La experiencia en Irak durante los años '90 es un buen ejemplo.

Los ataques aéreos de la guerra liderada por EE.UU. para liberar Kuwait golpearon fuertemente a la infraestructura iraquí.

Complicaron la situación ya de por sí difícil que había causado la imposición de sanciones.

Según la catedrática Joy Gordon, del Programa de Justicia Mundial de la Universidad de Yale -quien acaba de publicar un estudio sobre el tema- la suma de los bombardeos y las sanciones contra Irak fue devastador.

''Irak tenía el dinero para reconstruir'', señala, ''pero la destrucción de la infraestructura y el corte casi total de las exportaciones e importaciones significó que el país -en palabras de un enviado de la ONU- quedó reducido a un estado preindustrial y se mantuvo así por más de una década''.

Las inteligentes

El desproporcionado perjuicio a la población civil iraquí llevó a los legisladores a replantearse las sanciones y su aplicación.

Las sanciones "inteligentes" pretenden herir a los mandatarios.

Greenstock señala que el asunto de Irak destapó el hecho de que las sanciones económicas no funcionan de manera rápida.

''Toman mucho tiempo. Queremos crear un instrumento que alcance a los mandatarios pronto, sin causar el colapso de la economía, con lo que sufre mucha gente''.

De esta forma, nació el concepto de sanciones ''inteligentes'' o ''dirigidas'' diréctamente contra de los mandatarios.

Pero, ¿son suficientemente claros los objetivos de esas sanciones inteligentes? ¿Buscaban cambiar el comportamiento del gobierno de Irán sobre el asunto nuclear? ¿Querían aislar a Irán? ¿O la idea era quizás más bien aprovechar para cambiar el gobierno de Teherán?

"Quizás todo lo anterior", responde Sir Jeremy Greenstock.

Tiro por la culata

Las sanciones también pueden tener otro punto negativo.

Pueden provocar una reacción defensiva en el país y su población.

El problema radica en cómo prevenir que las sanciones despierten un fuerte resentimiento nacionalista en Irán

Adam Roberts

Algunos han bautizado ese fenómeno como ''efecto Batalla de Inglaterra'', en referencia al período histórico en el que el Reino Unido enfrentó sola toda la agresión del ejército alemán en la Segunda Guerra Mundial.

''El problema radica en cómo prevenir que las sanciones despierten un fuerte resentimiento nacionalista en Irán. Cuando este país fue atacado por Irak en 1980, la comunidad internacional no acudió en su ayuda. No sancionó al atacante, Bagdad, y eso es algo que los iraníes no olvidan'', indica Adam Roberts.

''En los pronunciamientos oficiales del gobierno de Ahmadineyad hay un sentimiento de que sólo ellos se preocupan por el destino de Irán''.

''En estas circunstancias es muy difícil calibrar las sanciones correctamente para que no empeoren el problema que buscan solucionar''.

Dicho esto, las sanciones parecen una herramienta muy problemática.

Sin embargo, en el limitado arsenal de la diplomacia, entre las palabras y la guerra, no parece que haya mucho más.

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