“Se me parte el alma por mis niños”

Policías vigilan la entrada del hotel Guo Men, en Pekín
Image caption Un grupo de funcionarios de seguridad mantienen vigiladas las adyacencias del hotel Guo Men, donde hay alrededor de 10 mexicanos en cuarentena.

"Es terrible, me desespero mucho". Con estas palabras comienza su relato a BBC Mundo una mexicana que se encuentra en cuarentena junto a su esposo, Carlos Doormann, y sus tres hijos en el hotel Guo Men, de Pekín.

"Le dije a los niños que ya viene un avión a recogernos y llevarnos a casa, pero ellos no quieren irse. Todos los días se levantan y lo primero que nos preguntan es: '¿Nos vamos hoy, nos van a dejar salir estos señores de acá afuera? Ya quiero ir a ver la Muralla China' nos dicen", indicó la señora de Doormann desde su habitación.

"Los niños no tienen fiebre, no tienen tos, no tienen moco, pero los veo muy tristes y va a llegar un momento que sí se me van a enfermar", agregó.

La familia Doormann llegó a la capital de China el jueves 30 de abril con la intención de pasar unas vacaciones.

Al arribar a Shangai, señaló Carlos Doormann, subió al avión un equipo de personas con trajes blancos y guantes. "Le tomaron la temperatura a todos los pasajeros. Después nos trasladaron al terminal y ahí tomamos un vuelo a Pekín".

El viernes, salieron a pasear por la ciudad y a las 02:00 de la mañana recibieron una llamada de alguien que hablaba español y que les pidió que se dirigieran a un hospital para practicarse unos exámenes.

Horas después, el personal médico les informó que se quedarían en el centro hospitalario por siete días. "En ese momento comenzaron las gestiones de la Cancillería de México y se logró que nos trasladaran a un hotel cercano. Hemos estado aquí desde el 2 de mayo", relató el padre.

Vigilados

Los desplazamientos de la familia están totalmente restringidos.

"Podemos salir de la habitación y estar dentro de un área que ellos mismos (las autoridades) delimitaron con vallas metálicas y que está rodeada por entre 12 y 15 funcionarios. También se alcanza a ver una patrulla con policías armados", indicó el mexicano.

De acuerdo con Carlos Doormann, la comida siempre se las llevan a la habitación. "No nos permiten bajar al comedor. Afortunadamente tenemos el apoyo de la embajada mexicana que nos proporciona alimentos más familiares para los niños".

Los esposos Doormann le dijeron a BBC Mundo que les han explicado a los niños lo que está pasando, sin ocultar nada.

"Se me parte el alma por mis niños. Si llego a llorar, me dicen: ‘No llores mami, ya vas a ver que nos van a dejar salir'", dijo la madre.

"Mis hijos están bien, dentro de lo que cabe, pero hay ratos que son difíciles. Están encerrados y cada vez que salen al pasillo les decimos que se pongan el tapabocas. Nos preguntan que por qué lo tienen que usar si ellos no se sienten mal, no están enfermos", dijo la señora de Doormann.

"Ellos no se quieren regresar, lloran, no quieren comer, de repente se deprimen, pero quieren sus vacaciones y las siguen esperando. Por eso le he dicho a mi esposo que vamos a quedarnos para que paseen".

"A veces, se acercan con curiosidad a ver los guardias que vigilan y los guardias se echan para atrás. Yo les digo: ‘Vénganse para acá porque los pueden contagiar de algo'. Mis chiquitos no tienen nada", señaló la mexicana.

Sin síntomas

Según la familia Doormann, los resultados de los exámenes médicos llevados a cabo en Pekín arrojaron resultados negativos.

"Estoy de acuerdo con que te tengan en cuarentena, pero si estás enfermo. Ya nos hicieron la prueba, todo está perfecto, por qué tenemos que estar encerrados", indicó la madre.

"Ha sido muy difícil estar en un país que nos priva de la libertad por un cierto número de días que ellos mismos determinan en contra de cualquier tratado o convención internacional", dijo Doormann.

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