Juego sucio en Costa de Marfil

Una investigación de la BBC descubrió en Abidjan, la principal ciudad de Costa de Marfil, el mayor escándalo de desechos tóxicos en lo que va del siglo XXI.

Image caption Miles de personas aseguran sufrir las consecuencias de los desperdicios tóxicos en Abidjan.

Por este caso, una gigante multinacional ha sido llevada ante el Tribunal Superior de Londres por miles de africanos que reclaman haber sido perjudicados.

El grupo de marfileños acusa a la empresa Trafigura de haber provocado graves daños a la salud de los habitantes de Abidjan, tras botar sus desechos industriales en esa ciudad.

En vez de arrojar los residuos en Ámsterdam, donde se hubiese seguido un proceso seguro de eliminación, la empresa prefirió una opción más barata: depositarlos en esa ciudad de Costa de Marfil.

La compañía, por su parte, niega que los desperdicios químicos fueran peligrosos. Sin embargo, las autoridades holandesas calificaron esa basura como letal tras haberla analizado.

En el vertedero africano se encontraron toneladas de fenoles -que pueden ocasionar la muerte por el contacto directo-, sulfuro de hidrógeno -letal si se inhala en grandes cantidades-, soda cáustica y mercaptanos.

La BBC le preguntó al toxicólogo John Hoskins, de la Royal Society of Chemistry de Inglaterra, cuán grave podía ser la situación ante la presencia de esa combinación de químicos y Hoskins señaló que la ciudad podría quedar paralizada.

Un olor terrible

El caso se remonta al 19 de agosto de 2006, cuando un convoy de camiones, de una recién creada compañía en Abidjan, llegó a medianoche para deshacerse de los desperdicios.

Image caption Muchas personas en Costa de Marfil acuden a los basureros en busca de objetos que puedan vender.

Las unidades de transporte lanzaron los primeros cargamentos en un vertedero en Aquedo.

Sin embargo, el fuerte olor alertó a los operadores del depósito de basura, quienes exigieron que los camiones dejaran el lugar.

Los conductores salieron en búsqueda de otros espacios donde arrojar los desechos y se estima que fueron depositados en al menos 18 sitios dentro y fuera de la ciudad.

En Abidjan, como en muchas otras partes del mundo, muchas personas -entre ellos niños- viven de lo que puedan rescatar de la basura. Ellos esperan que los camiones suelten su carga para hurgar entre los desechos en búsqueda de objetos que puedan vender.

Víctimas fatales

Al visitar el lugar, muchos habitantes se mostraron muy dispuestos a contarle a la BBC lo ocurrido la noche en la que se arrojaron los desperdicios y lo que han padecido desde entonces.

En las cercanías del vertedero de basura vive Fidel, quien estaba embarazada de su primer hijo cuando los fétidos olores penetraron en su casa. Ella dio a luz a un niño prematuro, que falleció un día después.

Su segunda hija nació un año más tarde, pero se enfermó y también murió. Informes médicos apuntan que las muertes de los dos niños fueron consecuencia de la exposición a desechos tóxicos.

La investigación de la BBC también llegó a Djibi, un poblado en las afueras de Abidjan, donde ocurrieron otras muertes.

Según Esaie Modto, el líder de la localidad, 2.000 personas se han enfermado en ese lugar, donde el agua también fue contaminada.

El origen del mal

Estos residuos provienen de un cargamento de petróleo pesado con alto contenido sulfúrico que Trafigura compró a bajo costo.

En lugar de una refinería, la compañía prefirió utilizar un método algo más casero que le permitiera obtener mayores beneficios.

Un tanquero, llamado Probo Koala, llegó a las costas de Gibraltar con el cargamento. Allí le agregaron soda cáustica, que al hacer reacción con el sulfuro se depositó en el fondo del tanque.

Trafigura fue capaz entonces de vender el petróleo, pero quedó con un residuo altamente tóxico a bordo del barco, que zarpó rumbo a la capital holandesa.

En Ámsterdan trataron de descargar los desperdicios como si se trataran de desechos convencionales a un bajo precio.

Pero los gases que emanaban eran tales que las autoridades holandesas llamaron a los servicios de emergencia. Tras varios análisis, se le dijo a Trasfigura que el costo para deshacerse de ese material de forma segura ascendía a medio millón de euros.

El barco Probo Koala retiró la carga y abandonó el puerto.

¿Un caso único?

De acuerdo con Sara del Río, responsable de la campaña de contaminación de Greenpeace, muchos de los residuos peligrosos (químicos o electrónicos) que se están generando en países occidentales acaban en países de Asia, como China e India, y en África, como Nigeria y Ghana.

"Lo que está ocurriendo es que se está incumpliendo el Convenio Internacional Basilea que prohíbe el traslado de residuos desde países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) a países que no pertenecen a la OCDE", señaló del Río.

Los países de la Unión Europa son firmantes de ese acuerdo, por lo que sus gobiernos son los responsables de velar para que esa legislación se respete.

Por otra parte, dijo la funcionaria de Greenpeace, los gobiernos de las naciones que están recibiendo los residuos deben inspeccionar lo que está ingresando a sus territorios.

"Muchas veces vemos que los intereses económicos o cierta permisibilidad con las empresas, que se descubre por parte de algunas administraciones públicas, están impidiendo el estricto cumplimiento de este convenio. Eso permite que muchos de los desechos que se generan en los países occidentales acaben vertiéndose en países en desarrollo".

Una de las grandes firmas ausentes de este convenio, mencionó Del Río, es la de Estados Unidos y "muchos de los residuos electrónicos que se pueden encontrar en los países africanos provienen de Estados Unidos", aseguró.

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