Última actualización: miércoles, 20 de mayo de 2009 - 17:00 GMT

Abusos en Irlanda, mal "endémico"

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Una investigación sobre el maltrato de niños cometido durante décadas en las instituciones católicas irlandesas llegó a la conclusión de que el abuso sexual era "endémico" en estos centros educativos y religiosos.

Los investigadores también determinaron que el abuso emocional y físico así como la negligencia eran característicos de dichas instituciones.

En las escuelas "se imponía un régimen severo y se sometía los niños -e incluso al personal- a una disciplina absurda y opresiva", reza el documento elaborado por una comisión especial, que comenzó su trabajo en el año 2000.

El periodista de la BBC Sean Fanning informó que la Comisión Para Investigar el Abuso Infantil -presidida por uno de los jueces de la Corte Suprema irlandesa- se estableció 9 años atrás luego de que se difundiera un documental televisivo con entrevistas a las víctimas y de una disculpa pública del ex primer ministro de la República de Irlanda, Bertie Ahern.

Miles de víctimas

Esto me ha devastado y devastará a la mayoría de las víctimas porque no se han levantado cargos criminales y nadie ha sido declarado responsable

John Walsh, víctima de abusos

Los autores del informe sostienen que los inspectores del gobierno durante aquellos años no impidieron las golpizas crónicas ni las violaciones ni la humillación a la que fueron sometidos los niños.

La investigación abarca un período de 60 años (entre la década del 20 y los años 80) en el cual cerca de 35.000 niños fueron integrados a un sistema de reformatorios, escuelas industriales y talleres.

Dichas instituciones albergaban a los niños abandonados o descuidados por sus familias, pero también iban a parar allí jóvenes acusados de delitos menores.

También las madres solteras, enviadas por sus propias familias.

Más de 2.000 personas le informaron a la comisión haber sufrido tormentos físicos y sexuales mientras permanecieron en dichas instituciones.

Sin juicios

Estatua religiosa

El informe recogió el testimonio de unas 2.000 personas.

Durante la presentación del informe a la prensa debió acudir la policía debido a la reacción violenta de varias víctimas que protestaron por la falta de justicia.

John Walsh, una de las víctimas, dijo que la ausencia de procesos judiciales en contra de los abusadores lo hace sentirse "engañado y traicionado".

"Yo nunca hubiera compartido mis heridas si hubiera sabido que todo iba a terminar así", dijo Walsh y agregó:

"Esto me ha devastado y devastará a la mayoría de las víctimas porque no se han levantado cargos criminales y nadie ha sido declarado responsable".

Ningún nombre real -ni de víctimas ni de victimarios- fue publicado en el informe.

El miedo como herramienta

El informe -de más de 2.500 páginas- señala que las niñas bajo la supervisión de las monjas, mayormente de la orden Hermanas de la Misericordia, sufrieron menos abusos sexuales pero fueron en cambio víctimas del maltrato emocional, destinado a humillarlas y a hacerlas sentir inferiores.

El documento concluye además que las autoridades eclesiásticas no solo aprobaban sino que animaban a sus miembros a propinar castigos físicos y protegían a los pedófilos dentro de sus órdenes para evitar que sean arrestados.

Los castigos físicos excesivos generaban temor y esto para las autoridades escolares era esencial para mantener el orden

Informe

Según la comisión, los testimonios de hombres y mujeres que aún sufren las heridas dejadas por el trauma de su experiencia -y que hoy tienen entre 50 y 80 años- han demostrado sin lugar a dudas que el sistema en su totalidad trataba a los niños como si fueran presos y esclavos y no como ciudadanos con derechos legales y potencial humano.

"Los reformatorios y las escuelas industriales dependían de un control rígido logrado mediante severos castigos corporales y el miedo que semejantes castigos inspiraban".

El uso de la violencia y la crueldad "eran sistémicos y no el resultado de la violación individual de las reglas por parte de individuos que operaban fuera de la ley y los límites aceptados".

"Los castigos físicos excesivos generaban temor y esto para las autoridades escolares era esencial para mantener el orden".

El informe propone 21 formas para que el gobierno reconozca sus errores, entre las que se incluyen la construcción de un monumento conmemorativo, la puesta a disposición de las víctimas de un servicio de ayuda terapéutica, y la mejora de los servicios para la protección de los niños en Irlanda.

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