Obama, al contraataque con Guantánamo

Barack Obama
Image caption Obama no consiguió los fondos para financiar el desmantelamiento de la prisión.

El presidente de Estados Unidos Barack Obama hablará este jueves de Guantánamo en un discurso que muchos interpretan como un intento de la Casa Blanca por recuperar la iniciativa política en un tema que le está resultando más complicado de lo esperado y justo cuando se anuncia el traslado de un sospechoso de Al-Qaeda a Nueva York.

Este jueves, el departamento de Justicia de EE.UU. confirmó que el tanzano Ahmed Ghailani será procesado en un tribunal civil de Estados Unidos.

Ghailani será enjuiciado por su supuesta participación en los atentados con bomba a las embajadas de EE.UU. en Kenia y Tanzania en 1998, que dejaron más de 200 muertos.

El sujeto se convierte así en el primer prisionero de Guantánamo en ser procesado en un tribunal civil estadounidense.

En su discurso en la sede los Archivos Nacionales en Washington, Obama hablará de temas de seguridad nacional, un día después de no haber conseguido que el Congreso le aprobara los fondos necesarios para financiar el desmantelamiento de la prisión, un proceso que el gobierno quisiera ver listo antes de enero de 2010.

Aunque fuentes de la Casa Blanca le dijeron este miércoles a BBC Mundo que la decisión de los congresistas demócratas "no fue del todo inesperada", expresaron su confianza en que en los próximos meses se logre afinar un plan que cuente con el respaldo de la mayoría del Congreso.

Lo que las fuentes no precisaron es si el cronograma de cierre de la prisión se verá afectado como consecuencia del revés parlamentario.

Opinión pública

Para cumplir con su promesa Obama deberá apelar también a la opinión pública, que en las últimas semanas parece haberse visto influenciada por la campaña del Partido Republicano sobre los problemas para la seguridad ciudadana que tendría trasladar a los 240 prisioneros que están en Guantánamo a territorio estadounidense.

Hacia allí justamente parece ir dirigido el discurso presidencial, sólo que esta vez no buscará convencer sólo a la oposición republicana sino también a algunos dentro de su partido que no parecen convencidos.

La estrategia republicana parece haber tenido cierto éxito y podría ser uno de los factores que termine complicando el cada vez más complejo trabajo de cerrar Guantánamo.

Hasta tal punto que este miércoles el portavoz de la Casa Blanca, Robert Gibbs, tuvo que "aclarar" que el gobierno no tomará decisiones que vayan en contra de la seguridad del país.

"El presidente entiende que su trabajo más importante es mantener al pueblo estadounidense seguro y que no va a tomar ninguna decisión o ningún juicio que ponga en peligro a los estadounidenses", dijo Gibbs.

El FBI no ayuda

Image caption La opinión pública parece haberse visto influenciada por la campaña del Partido Republicano.

Para añadirle presión a la situación, una corte federal de Washington dictaminó esta semana que no todos los prisioneros recluidos en la prisión militar pueden ser mantenidos indefinidamente sin que les sean presentados cargos, lo que obliga al gobierno a buscar una salida al estado de varios de ellos.

Una solución sería enjuiciarlos en los tribunales militares especiales que esta semana el presidente ordenó reactivar, para disgusto de grupos de defensa de derechos humanos. La otra sería procesarlos en cortes federales, lo que implicaría transferirlos a cárceles en EE.UU.

Pero los que proponen impedir ese traslado de sospechosos de terrorismo recibieron este miércoles el inesperado respaldo del Buró Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés).

El director del FBI, Robert Mueller, dijo al Comité de Justicia de la Cámara de Representantes que un traslado de ese tipo puede implicar riesgos para la seguridad ciudadana, aunque sean llevados a cárceles de máxima seguridad.

La preocupación de Mueller se centra en que los líderes extremistas puedan crear redes de apoyo a sus movimientos en suelo estadounidense, que logren recaudar fondos o que puedan reclutar cuadros para nutrir sus organizaciones.

Aunque Muller no puso en entredicho los controles de las prisiones de máxima seguridad de EE.UU, recordó cómo en algunos casos jefes de bandas criminales han seguido manejando sus negocios desde la prisión.

En esta esquina

Casi al mismo tiempo que esté hablando Obama, el ex vicepresidente Dick Cheney estará dando una conferencia en el Instituo Empresarial Estadounidense, un centro de estudios de políticas públicas de tendencia conservadora ubicado en Washington.

A diferencia de lo que fue su estilo reservado y alejado de los medios de comunicación cuando estuvo en el gobierno, Cheney se ha convertido en el principal vocero de los republicanos en contra de las políticas de seguridad de Obama.

A pocos días de que el presidente firmara el decreto ordenando el cierre de Guantánamo, Cheney empezó una serie de apariciones en televisión asegurando que EE.UU. hoy es menos seguro que lo que era en tiempos de George W. Bush.

Aunque la mayoría de los estadounidenses rechaza los excesos que se produjeron durante la llamada guerra contra el terrorismo en la era Bush -como las torturas durante interrogatorios- algunos parecen dar la razón a los republicanos sobre la inconveniencia de trasladar al país a sospechosos de extremismo.

Por eso, siguiendo aquella máxima de que toda política es local, la Casa Blanca debe lograr apoyos domésticos para luego poder convencer a países aliados a que la ayude para desmontar el problema de Guantánamo.

Como le dijo a la BBC el representante demócrata Jim Moran "el ejemplo que estamos dando ahora no es uno que yo quisiera que otros países empezaran a copiar: eso de que en mi patio no"

"¿Como vamos a lograr que otras naciones acepten estos detenidos si decimos que son tan peligrosos que nosotros no aceptaremos a ninguno de ellos?", dijo Morán, dejando abierta una pregunta que seguramente empiezan ya a hacerse muchos gobiernos aliados.

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