Francia abrirá los domingos

Xavier Darcos, ministro de Trabajo de Francia
Image caption El ministro de Trabajo, Xavier Darcos, fue uno de los mayores defensores de la reforma.

Los domingos ya no serán como antes en Francia. La aprobación de una ley para acabar con la parálisis comercial ese día supuso este jueves un triunfo personal del presidente Nicolas Sarkozy y, según sus críticos, un cambio de "civilización" en el país.

En un ajustado desenlace de 165 votos a favor y 159 en contra, el Senado francés sancionó definitivamente el texto que permite la apertura dominical de tiendas y negocios en grandes ciudades y zonas turísticas.

La iniciativa había sido aprobada por los diputados la semana pasada, tras una larga polémica sobre el justo balance entre trabajo, consumo y descanso, en la que resultaron involucrados el presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, y la primera dama estadounidense, Michelle Obama.

Tarea compleja

Hasta ahora, la escasa actividad económica y laboral los domingos en Francia estaba garantizada por una ley de 1906 que obligaba a cerrar ese día buena parte de los comercios, desde supermercados hasta tiendas de ropa.

Sarkozy se había planteado el objetivo de cambiar esa vieja tradición de reposo dominical como parte de su promesa electoral de "trabajar más para ganar más".

Sin embargo, la tarea resultó complicada. El primer proyecto de ley sobre "trabajo dominical" naufragó en diciembre ante ataques de la izquierda, los sindicatos, grupos religiosos y hasta miembros de la gobernante Unión por un Movimiento Popular (UMP).

Convencido de que ésta era una de las iniciativas que ponían a prueba sus credenciales reformistas, Sarkozy se encargó personalmente de convencer a sus legisladores sobre la necesidad de aprobarla.

Turistas y visitantes

Sarkozy planteó como una contradicción que Francia sea la nación "con el mayor número de turistas" pero "el único país donde los comercios están cerrados el domingo".

Hace poco argumentó que él mismo debió telefonear a comercios parisinos para que abrieran sus puertas a Michelle Obama y sus hijas un domingo de junio, durante una visita a Francia del presidente estadounidense Barack Obama.

A principios de julio, el proyecto de ley impulsado por Sarkozy obtuvo el sorpresivo apoyo de su par brasileño Lula da Silva durante una conferencia de prensa que ambos brindaron en París.

"Hay que decirles (a los sindicatos) que esto va a producir más empleo", dijo el ex dirigente obrero brasileño.

Versión diluida

Image caption La aprobación de esta ley era una prueba para el talante reformista de Nicolas Sarkozy.

Sin embargo, la ley aprobada por el Parlamento francés es bastante menos ambiciosa que la idea inicial de Sarkozy.

El texto definitivo permitirá que el domingo haya actividades comerciales especiales en las ciudades de París, Lille y Marsella, con más de un millón de habitantes cada una.

Pero el equilibrio político alcanzado para que la ley fuera aprobada hizo que Lyon, otra gran ciudad francesa, quedara exceptuada de la norma.

Se estableció además que el trabajo dominical en las grandes ciudades será mejor remunerado que los días hábiles y que los empleados podrán negarse a trabajar el séptimo día.

La ley también habilita la apertura dominical de comercios en localidades y pueblos considerados de "interés turístico". Según el gobierno, esto afectará a 497 municipios; según la oposición, a más de 5.000.

Al aplaudir este jueves la aprobación de la ley, el ministro francés de Trabajo, Xavier Darcos, aseguró que el texto ofrece "a la vez más libertad para las empresas y los consumidores, y más seguridad para los asalariados".

Dos visiones

El debate en el Senado francés volvió a demostrar que la polémica francesa sobre el trabajo dominical trasciende las fronteras partidarias, con miembros del partido de Sarkozy que expresaron su oposición a la ley.

"Hay mejores cosas para proponer a nuestros conciudadanos que metro-trabajo-consumo", comentó el senador André Lardeux (UMP) que votó en contra.

Otro senador oficialista, André Lardeux, dijo preferir "a los aficionados de vida espiritual antes que a los teólogos del mercado".

Pero las mayores críticas llegaron desde la oposición, que considera que la ley amenaza el estilo de vida francés.

El senador socialista Jean-Pierre Sueur dijo que el gobierno busca "desregular todo para que podamos trabajar todo el tiempo".

"Es una concepción de civilización", definió.

"¿Cómo pueden aceptar este cambio de civilización?", interrogó a la mayoría oficialista el senador verde Jean Desessard.

Sin embargo, Darcos negó que la ley implique "en ningún caso un cambio de modelo de civilización" y sostuvo que se habría opuesto personalmente si el objetivo del texto fuera generalizar el trabajo dominical.

Las encuestas muestran una actitud ambigua de los franceses ante el tema: una mayoría está de acuerdo con que los comercios abran los domingos, pero sólo una minoría está dispuesta a trabajar ese día.

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