Obama y la diplomacia de la cerveza

Louis Gates, Barack Obama y James Crowley compartiendo una ronda de cervezas
Image caption Según Obama, la charla fue "amistosa" y "sincera".

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, intentó zanjar una discusión sobre policías y racismo en la que se metió, y que ocupó a los medios de comunicación en los últimos días, compartiendo "unas cervecitas" en la Casa Blanca.

Obama dijo que, tragos de por medio, mantuvo una conversación "amistosa" y "sincera" con los dos hombres que, además de él, estuvieron involucrados en una polémica.

Sus invitados fueron Louis Gates, profesor de la Universidad de Harvard, y el sargento James Crowley, de la policía de Cambridge, Massachusetts.

Crowley arrestó a mediados de julio a Gates por "conducta desordenada" luego de que el oficial respondiera a una alerta de robo en la casa del académico. La detención reactivó la eterna polémica sobre el uso de "estereotipos raciales" en el trabajo policial.

El debate no es nuevo en la sociedad estadounidense, pero esta vez se amplificó por una inesperada, y para algunos torpe, intervención de Obama, quien criticó la actuación del agente.

En un verano pegajoso y húmedo en Washington, pocas cosas como una buena cerveza fría para lubricar la conversación entre amigos al final de la tarde, debió pensar el mandatario, o su equipo de asesores, en un afán por enmendar el entuerto de la semana pasada.

Después de la "happy hour" de 40 minutos en la Casa Blanca, Obama dijo: "Siempre he creído que aquello que nos une es más fuerte que aquello que nos separa. Confío en que hayamos extraído una lección positiva del episodio".

Por su parte, el sargento Crowley afirmó que era importante mirar hacia adelante más que hacia atrás, y que Gates y él estuvieron de acuerdo en que volverían a conversar para resolver sus diferencias.

A su turno, el académico dijo que esperaba que todo el asunto fuera visto como "una oportunidad para educar y no recriminar".

Confusión en la puerta de casa

El 16 de julio Gates, quien regresaba de un viaje al exterior, no pudo abrir la puerta de su casa y tuvo que forzarla con el hombro. Una vecina lo vio, no lo reconoció y, temiendo un robo, llamó a la policía.

Image caption El sargento James Crowley arrestó al profesor Louis Gates por "conducta desordenada".

Cuando Crowley llegó, Gates ya estaba dentro. Molesto por tener que demostrar su identidad y la propiedad de su casa, se enfrascó en un intercambio verbal con el oficial que culminó con su detención.

Aunque los cargos fueron desechados posteriormente, el profesor siguió quejándose de que fue "discriminado racialmente" por el policía, quien niega que el hecho de que Gates fuera negro tuviera algo que ver con su arresto.

El debate prometía perderse del radar de los medios de comunicación cuando Obama dijo en una rueda de prensa televisada nacionalmente que el oficial actuó "estúpidamente", lo que activó automáticamente la solidaridad del gremio policial y la exigencia de una disculpa pública.

Dos días después, el presidente se retractó de su "mala selección de palabras" y aunque no se disculpó formalmente llamó a Crowley y le invitó a compartir unas cervezas con él y Gates en la Oficina Oval.

Obama dijo que se trataba de hacer del incidente un "momento de enseñanza". Por eso, muchos siguieron de cerca no sólo lo que se dijeron los hombres, sino también qué diría de ellos lo que beberían.

La "cervezología"

El encuentro fue informal, pero como todo evento en la Casa Blanca fue coordinado hasta el último detalle y ya se sabía de antemano qué cerveza tomaría cada uno de los invitados.

Obama bebió Buds, una cerveza ligera que está entre la más vendidas en Estados Unidos.

Image caption Gates denunció que fue "discriminado racialmente".

Gates se guardó dos opciones: Red Stripe, una popular cerveza jamaiquina, y Becks, una alemana con más cuerpo del que tradicionalmente tienen las cervezas locales.

Crowley dejó las rubias por una cerveza blanca de producción más artesanal: Blue Moon.

Armados de rudimentos de sociología, comercialización y algunos toques de diplomacia, los escasos versados en la nueva rama de la "cervezología política" indagaron sobre el significado de las marcas seleccionadas.

La elección de Obama decepcionó por lo "fácil" y "mundana", dijo a BBC Mundo el escritor y humorista Mark Katz.

"Barack Obama es en sí mismo una de las grandes marcas del siglo XXI. Significa intentar nuevas cosas, ser supra partidista, abrirse a nuevas ideas. Él es una figura exótica y, por eso, escoger algo tan mundano como Budweiser es visto como una desilusión", afirmó Katz.

En cuanto al profesor Gates, Katz explicó que escogió dos cervezas en extremos opuestos: la jamaiquina Red Stripe, la que califica como "ordinaria", y la alemana Beck, "una marca premium de un país que se enorgullece de sus cervezas".

Más raro que una luna azul

Pero así como las cervezas de Gates dejaron margen para la interpretación, la del sargento Crowley también parecía llevar un "mensaje mixto", ya que, aunque Blue Moon es una marca artesanal, pertenece a la gigante de bebidas Coors.

Image caption Todos los involucrados en la polémica escogieron de antemano las cervezas que beberían.

"Aquí en Estados Unidos Coors es visto por los veteranos de la guerra cultural como la marca de una familia ubicada en el extremo derecho del espectro político (…) No es la cerveza liberal que parece ser", afirmó Katz.

Eso podría significar que Crowley es una mente conservadora, como muchos esperarían de un oficial de policía, o de un talante más liberal, como la mayoría de la ciudadanía a la que sirve en su pueblo del noreste estadounidense.

En todo caso, Katz dijo no ser hombre de cerveza y por eso sugirió a los tres probar la sidra de manzana, que les daría cierto grado de "intoxicación" para permitirles pasar la página y entrar en el "Estados Unidos post racial" del que tanto se habla desde el triunfo de Obama.

"Usualmente, tomar cervezas antecede al arresto de las personas por conducta desordenada, pero en este caso ha sido al contrario", ironizó Katz.

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