Afganistán no pesa como Irak

Decir que Afganistán no es Irak es lugar común. Pero hay que usarlo para destacar cómo la opinión pública estadounidense no parece estar prestando la misma atención a las operaciones militares en territorio afgano como hacía hasta hace poco con la guerra en territorio iraquí.

Image caption Julio ha sido el mes más sangriento en los casi ocho años de guerra en Afganistán.

Julio ha sido el mes más sangriento de los casi ocho años que lleva la guerra en Afganistán. En ese mes murieron 50 soldados, 40 de ellos estadounidenses.

Para mediados de agosto del 2009 habían muerto en el frente afgano casi tanto soldados de la coalición internacional que encabeza EE.UU. como los que murieron el año anterior: 280 frente a 294 del año pasado, según las cifras del Pentágono.

La cifra viene creciendo y ya duplica la registrada en el 2005. El 85% de las bajas se han producido en este último lustro.

Pero el costo humano de la guerra en Afganistán no parece estar captando la atención del público estadounidense, ocupado en angustias más domésticas como la recuperación de la economía o la reforma del sistema de salud.

Ahora y antes

Cuando se trataba de Irak los medios de comunicación llevaban registro diario de los caídos. Periódicos como The Washington Post o The New York Times presentaban regularmente impactantes páginas centrales con las fotos de los fallecidos en combate.

Image caption En EE.UU. no se reporta el impacto doméstico de las muertes de los soldados caídos en Afganistán.

Dos años atrás era común ver en las televisoras reportajes en funerales militares o entrevistas a familias afectadas por la pérdida de algún ser querido en Irak

Hoy no puede decirse que haya el mismo despliegue cuando se trata de reportar los eventos en territorio afgano.

Por supuesto que hay una constante cobertura. Se habla con profusión de la coyuntura electoral. De las ofensivas de la coalición para desalojar al Talibán, y hasta de las muchas muertes de civiles afganos debidas a bombardeos erróneos.

Pero no se reporta el impacto doméstico de las muertes de los soldados caídos como se hacía durante los momentos más impopulares de la guerra en Irak.

“No es tan urgente”

“No es tan urgente en la consideración del público” reconoció en diálogo con BBC Mundo Carolina Wadhams, analista de seguridad nacional del Centro del Progreso Estadounidense, una organización de diseño de políticas públicas de tendencia liberal basada en Washington.

“Los estadounidenses no están tan nerviosos con Afganistán como lo estaban con Irak un par de años atrás” afirmó Wadhams.

Hasta que el presidente Barack Obama estableció un plan de reducción y eventual retiro de tropas, la iraquí era una guerra crecientemente impopular.

Desde sus tiempos de senador, Obama consideraba que el afgano era “el frente olvidado” en la llamada guerra contra el terrorismo y que Irak había sido una costosa distracción en ese esfuerzo.

Por eso, en enero pasado al llegar al poder, anunció un cambio de estrategia y la transferencia de unos 21.000 soldados a Afganistán, muchos de ellos sacados de cuadros originalmente destinados a Irak. El cambio fue bien recibido por muchos estadounidenses.

Cuestión de tiempo

Sin embargo, ese respaldo parece estar socavándose. En días pasados encuestas citadas por la prensa local hablaban de una caída del apoyo a las operaciones en Afganistán. Una de Opinion Research Public Poll habla de un rechazo del 54% y un apoyo del 41%.

En febrero una investigación de la encuestadora Gallup registraba que para el 60% de los estadounidenses invadir Afganistán había sido correcto. La mayoría temía que el retiro de las tropas estadounidenses facilitara el regreso del Talibán.

Eso podría estar por transformarse en la medida que se involucran más tropas en Afganistán, porque es previsible que las bajas se incrementen.

Los responsables militares parecen estar conscientes, al punto que el general estadounidense, Stan McChrystal, comandante de la coalición de la fuerza de la OTAN en Afganistán, se ha auto puesto un plazo máximo de dos años para lograr avances.

En entrevista con la BBC, el general McChrystal reconoció que la situación es “dura” y que es difícil pronosticar cuánto tiempo puede llevar ganar la guerra, aunque para eso dijo contar con la “impopularidad” del Talibán.

Bolsas negras

Tan impopular como puede ser el Talibán para algunos afganos, lo son para los estadounidenses las “bolsas negras”, los contenedores que usan los militares para recoger del campo de batalla los restos de los soldados caídos.

El conteo de esas bolsas en Irak fue seguido con precisión cronológica por la prensa en los años finales de la presidencia de Bush y ayudó a que perdiera esa guerra en la opinión pública.

Hasta ahora las encuestas establecen que los republicanos son los que más respaldan la profundización de los esfuerzos en el frente afgano.

Es lógico que no hagan demasiado revuelo porque desde que en el 2001 empezó, justamente en Afganistán, la guerra contra el terrorismo han tildado de “antipatrióticos” a quienes no apoyan a las fuerzas estadounidenses en el frente.

Pero en algún momento el goteo de bajas en Afganistán podría empezar a tener más despliegue en los medios y la oposición republicana podría ver la oportunidad política de usar en su beneficio un conflicto impopular, como hicieron los demócratas en el caso de Irak.

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