Socialismo, esa mala palabra

Protesta en Atlanta contra el plan de salud de Obama.
Image caption Hay quienes piensan que no se trata de una reforma sanitaria sino de una agenda socialista del gobierno.

"No quiero que en mi país triunfe el comunismo", repetía en medio de un desbocado llanto una mujer durante una asamblea popular realizada a mediados de agosto en un pequeño pueblo de Pensilvania, en el noreste de Estados Unidos.

"Fuera los 'commies' (comunistas)", gritaban otros exaltados participantes de la reunión en la que no se discutía un cambio de filosofía política dominante en el país, sino la iniciativa de reforma del sector salud que promueve el presidente Barack Obama

Esa reforma ha sido etiquetada como "socializante" por grupos conservadores, siguiendo la idea cultivada durante la campaña electoral de 2008 de que Obama es un "socialista", lo que para muchos conservadores estadounidenses equivale a decir "comunista", algo que para ellos es mucho peor.

"Socialismo es básicamente comunismo en movimiento lento", escribía Wes Vernon, un veterano reportero de Washington que mantiene una columna en "Renovar Estados Unidos", un sitio en internet de tendencia conservadora que se define como expresión de un movimiento comunitario.

Vernon es parte de una legión de periodistas y analistas de derecha que asegura que la reforma de salud busca crear un sistema controlado por el gobierno en el que se desplazarán a los prestadores privados de servicios, es decir, es un "plan socialista".

Miedos de la Guerra Fría

La Casa Blanca ha tratado de explicar que la reforma no implica desaparición de empresas privadas o que el gobierno no tendrá injerencia en el servicio de salud que reciban los ciudadanos, pero el temor al "socialismo" es tan fuerte que tiene a más de uno dudando de las verdaderas intenciones gubernamentales.

Image caption La Casa Blanca ha tratado de explicar que la reforma no implica desaparición de empresas privadas.

"Hay una razón profundamente histórica y es que en Estados Unidos siempre ha habido una gran desconfianza respecto al poder del gobierno", le aseguró a BBC Mundo el economista y comentarista político Isaac Cohen.

El economista estima que eso se palpa en el diseño político del país, una federación regida por una Constitución con rigurosos balances de poder, diseñada para contrarrestar los excesos de la monarquía británica de la que se independizó.

Sin embargo, Cohen afirmó que los temores que afloran actualmente tienen su raíz en la historia política más reciente.

"Ese es un legado de la Guerra Fría (…) Lo que es sorprendente es que se están utilizando las tácticas de infundirle miedo a la gente que se usaron durante la Guerra Fría. Creo que el debate en salud está dirigiéndose hacia eso, hacia infundirle miedo a las personas".

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La tercera ola

En noviembre de 2008, apenas elegido Obama como presidente, el periodista Wes Vernon escribía que el país "puede estar a punto de embarcarse en la tercera (y quizás final) ola de socialismo".

Según Vernon, la primera fue en 1933 con el "Nuevo Trato", la política con la que el presidente Franklin Delano Roosevelt sacó a Estados Unidos de la Gran Depresión, introduciendo controles gubernamentales a las hasta entonces ilimitadas prácticas empresariales y financieras.

La segunda fue la "Gran Sociedad", el plan de gobierno de Lyndon Johnson para combatir la pobreza y promover la igualdad de las minorías en el país.

"Barack Obama parece ser alumno aventajado tanto para la rama 1933 del socialismo como para la variedad 1965", alertaba Vernon, quien como muchos intelectuales de derecha considera que aquellos presidentes demócratas "traicionaron" los fundamentos políticos del país.

Para el grueso de los estadounidenses, socialismo es lo que había en la Unión Soviética, o lo que hoy rige en Corea del Norte o en Cuba. Ejemplos posiblemente más amables como Noruega, Suecia o Finlandia no suelen surgir.

Efecto contraproducente

A Mark Weisbrot, director del Centro de Investigaciones Económicas y Política de Washington, no le extraña esa desconfianza porque "el 90% de los estadounidenses ha escuchado casi exclusivamente cosas negativas sobre la palabra socialismo".

Image caption Muchos critican a Obama por su supuesta política socialista.

Sin embargo, Weisbrot afirma que toda la discusión en torno al supuesto socialismo de Obama podría estar generando más compresión que rechazo hacia el término.

En abril pasado, la encuestadora de tendencia conservadora Reportes Rassmussen publicó el resultado de un trabajo telefónico según el cuál "sólo" el 53% de los estadounidenses preferían el capitalismo al socialismo.

Aunque el informe no aclara qué debe entenderse como socialismo o el método usado en la encuesta, destaca que entre los más jóvenes esa cifra se dividía casi a partes iguales, un tercio a favor y un tercio en contra.

"Lo más seguro es que se trata de personas que son leales a Obama y se imaginan que si él está promoviendo el socialismo, entonces ellos también apoyan eso", afirmó Weisbrot, aunque destacó que "Estados Unidos no es como Europa o Brasil o ni siquiera Canadá, donde hay una larga tradición de políticas socialistas".

Cuando en Estados Unidos se habla de los modelos de esos países, es sólo para destacar la excesiva intervención de los gobiernos y, en el caso de la seguridad social, del riesgo de quiebra en el que están esos estados.

Y eso refuerza la creencia entre los conservadores de que evitar el socialismo "es salvar al país".

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