Taxistas sudafricanos temen al Mundial

Conductor de un taxi minibús.
Image caption Los conductores temen que los planes del gobierno afecten sus empleos.

Mientras flamantes autobuses arriban a Johannesburgo en anticipación de la Copa Mundial en 2010, miles de conductores de taxis minibuses en Ciudad del Cabo quieren impedir que un plan similar para renovar el sistema de transporte llegue a la ciudad costera.

Temen que la iniciativa del gobierno, prevista para mejorar el transporte para los visitantes aficionados al fútbol, sea un proyecto cuyo legado les cueste sus empleos.

“Parece que esta Copa Mundial de fútbol viene a cortarnos la cabeza, porque nos está quitando la comida de la mesa. Nos van a arruinar”, dice Mandla Mata, presidente de la Alianza Nacional de Taxis de Cabo del Oeste (WCNTA, por sus siglas en inglés).

Pero el ayuntamiento de Ciudad del Cabo asegura que estas preocupaciones son infundadas y que el Mundial es una oportunidad para introducir un sistema de transporte de autobuses que sea fiable, regulado y seguro, que mejoraría también el servicio en algunas zonas.

Este plan daría satisfacción a muchos usuarios, que consideran que sus necesidades y seguridad no son siempre una prioridad para los taxistas.

“Sólo se preocupan por sus ganancias”, dijo a la BBC un pasajero viajando entre Khavletsha y Bellville, señalando al mismo tiempo que su ventana no abría.

“No te puedes fiar en esta gente si se enojan”, añadió, recordando la historia de una mujer que perdió un ojo después de no pagar el recorrido.

Descongestionar la ciudad

Un mejor sistema de transporte público podría aliviar los congestionamientos en la ciudad en hora de punta, si la gente empieza a dejar sus coches en casa.

Además, urbanistas aseguraron que el sistema de Transporte Integrado Rápido (IRT, por sus siglas en inglés) de Ciudad del Cabo se construirá teniendo en cuenta a las industrias de minibuses y autobuses actuales.

Image caption Hatton asegura que el proyecto incluye a los taxistas actuales.

“Ellos serán los conductores del sistema. En la primera fase queremos que se formen dos compañías, para que exista la competencia, y que sean ellos quienes operen el sistema IRT para la ciudad”, aclara Kylie Hatton, portavoz del ayuntamiento de Ciudad del Cabo.

Los dueños de minibuses recibirían una participación en una compañía basada en su cuota de mercado actual.

Hatton dice que más que nada el IRT será beneficioso para los conductores que trabajan muchas horas sin vacaciones o baja por enfermedad.

“Estarán entrando en un sistema en el cual tendrán horas de trabajo fijas y que no será basado en el número de pasajeros sino en los kilómetros recorridos”.

Uno de los factores señalado como responsable de la falta de seguridad en los taxis minibuses es la presión que tienen los conductores para realizar la mayor cantidad de viajes posible.

Image caption Los taxistas se preocupan por su futuro mientras comen el desayuno.

A la parada de taxis de Bellville, aproximadamente a 20 Km del centro de Ciudad del Cabo, un conductor admitió que sería bueno trabajar una jornada de ocho horas, en vez de las 12 o 16 que la mayoría tienen que trabajar.

Pero la opinión general dentro de los conductores es que no pueden fiarse en ninguna declaración que venga de "arriba".

“No nos interesa el IRT. Quieren hacerse cargo de nuestro transporte”, dijo un conductor que llevaba despierto desde las 3 de la mañana.

“Nos están sacando lo que nos pertenecía desde tantos años”, dijo otro.

Legado del Apartheid

La propiedad de la industria parece ser el nudo del problema para el ayuntamiento de Ciudad del Cabo.

El negocio de los taxis minibuses era unos de los pocos terrenos de la economía en el que los negros pudieron participar durante el apartheid.

Los operadores de taxi defienden con orgullo su independencia y auto-regulación, por la cual batallaron duramente.

Image caption Los minibuses no tienen horario, sólo se van cuando están llenos.

Mata dice que cada ruta, que puede tener hasta 50 operadores-propietarios, cada uno con entre 6 y 10 vehículos, está dirigida por una asociación.

Se encargan de que los conductores, que se llevan aproximadamente el 25% de las ganancias de su minibus, trabajen sólo en una ruta para evitar las luchas feroces que han dado a la industria una tan mala reputación.

Reglas estrictas están vigentes en las paradas de taxi para que los conductores no adelanten la fila.

Ecos del pasado

Incluso después de 15 años desde el fin del apartheid la relación entre los taxistas y el gobierno se mantiene delicada.

Los propietarios se quejan de una iniciativa del gobierno para destruir vehículos viejos a cambio de coches subvencionados más nuevos y más seguros, la cual no se materializó para ellos.

Dicho plan, más los controles de licencias y de seguridad por parte de la policía y que los conductores ven como acoso, han deteriorado aún más la confianza en las autoridades.

“Entiendo las susceptibilidades”, dijo Hatton. “Pero desafortunadamente es una industria que se ha mantenido sin control. Esta falta de regulaciones permitió que creciera un cierto caos y es necesario ocuparse de esto”.

Image caption Mata es suspicaz ante los planes de renovación del sistema de transporte.

“Aproximadamente el 40% de los taxistas en la ciudad trabajan sin permiso”, asegura ella.

Negociaciones entre la WCNTA y las autoridades de transporte están en trámite para enfrentar estos problemas, pero Mata dice que no deberían ver esto como una señal de aceptación del IRT.

El presidente de la alianza de minibuses asegura que el principal rechazo al plan proviene del hecho de que no fueron incluidos en la fase de desarrollo.

“Dicen que va a ocurrir sí o sí, que nos guste o no”, explica.

“Si no pueden escucharnos entonces no es una democracia, es despotismo. Era así en la generación pasada, cuando decidían todo por nosotros”.

Un proyecto piloto

Hatton pide paciencia y dice que el IRT llegará progresivamente.

Primero se introducirá una conexión rápida de autobús entre el aeropuerto y el centro de la ciudad este año. Luego vendrá un proyecto piloto en la costa oeste, que padece de un servicio deficiente.

Solo después de esto, en 2011 o 2012, se extenderá a otras rutas de Ciudad del Cabo.

“No estamos intentando poner a la gente en una complicada situación financiera”, dice añadiendo que la mayoría de la industria del transporte aprueba el proyecto y que sólo es una minoría la que se opone.

No es fácil encontrar cifras, pero Mata asegura que su alianza representa alrededor de 152 rutas, con más de 45.000 conductores, y que su base de apoyo está creciendo.

Organizó varias huelgas este año, perjudicando a muchos pasajeros, especialmente a los que viven en la periferia de Ciudad del Cabo y que necesitan los taxis para llegar a sus trabajos.

Y si bien recientemente el Consejo Nacional Sudafricano de Taxis (Santaco, por sus siglas en inglés) suspendió un paro nacional en contra del similar sistema de autobuses en Johannesburgo, Mata amenaza con más huelgas en Cabo del Oeste antes de que la Copa Mundial comience.

“Hacen muchas promesas, pero se ve que son promesas que no pueden cumplir, sólo están tratando de cegarnos”.

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