Manos palestinas para los asentamientos

Asentamiento judío Maale Adumin.
Image caption Las construcciones en Maale Adumin siguen su curso a pesar de los llamados a detenerlas.

"Me siento como un esclavo", comenta Musanna Khalil Mohammed Rabbaye, palestino de 21 años.

"Pero no tengo alternativa", agrega mientras espera fuera del asentamiento judío Maale Adumim, junto a un grupo de hombres maltratados por el sol con botas polvorientas de trabajo.

La frase aparece una y otra vez en la medida que los obreros intentan explicar por qué pasan sus días con pico y pala en la construcción de asentamientos judíos, comiendo de la tierra que sueñan para un futuro estado palestino.

Rabbaye quiere ser periodista y está tratando de ahorrar dinero para sus estudios.

Jaffar Khalil Kawazba, de 24 años, explica que es el sustento de sus 10 hermanos y hermanas después de que su padre cayó enfermo y dejó de trabajar. Fahd Sayara, de 40, trabaja para costear el tratamiento de su niño discapacitado.

"No soy el único. Todo mi pueblo trabaja en los asentamientos", señala Rabbaye.

"Todo. Los asentamientos, incluso el muro, fue construido por palestinos", dice en referencia a la barrera de separación que Israel construye alrededor de Cisjordania y que es detestada por la población palestina.

Los asentamientos en los territorios ocupados por Israel en Cisjordania son ilegales bajo las leyes internacionales.

La Autoridad Nacional Palestina se niega a negociar un tratado de paz hasta tanto Israel no ceda a las presiones de Estados Unidos de detener toda construcción en los asentamientos.

Pero Israel sostiene que quiere seguir construyendo, o al menos dar hogar al "crecimiento natural" de la población de 450.000 colonos judíos de Cisjordania y Jerusalén Este.

Desempleo

Pero con el 30% de los palestinos sin trabajo, y con un salario promedio que es poco más de la mitad del salario mínimo israelí, las obras en los asentamientos se muestran atractivas para los palestinos.

Cada año unos 12.000 obreros palestinos obtienen permiso de Israel para trabajar en los asentamientos.

Image caption Levi asegura que los precios de la vivienda han subido.

"No lo aprobamos, nos gustaría detenerlo", aclara el ministro de Economía palestino, Bassam Khoury. "Pero como ser humano no puedo decirles 'no coman' cuando no puedo darles empleo".

La economía en Cisjordania depende de la ayuda foránea, muchas veces boicoteada por puestos de control, cierre de carreteras y otras restricciones que Israel justifica en el nombre de la seguridad de sus ciudadanos.

Khoury declara que estas medidas están diseñadas para proteger los asentamientos.

"Lo primero que tenemos que hacer es detenerlos, si se dejan de construir se romperán los grilletes que Israel le pone a la economía palestina, lo que nos permitiría reactivar nuestras finanzas y dar trabajo a nuestra gente", explica.

Sin embargo los israelíes, quienes en los últimos meses han facilitado varios puestos de control clave como parte del plan para impulsar lo que ellos llaman "paz económica", acusan a los palestinos de haber fracasado en la cooperación para atraer inversionistas.

Incluso algunos trabajadores palestinos culpan a sus propios líderes. Rabbaye simplemente dice que su presidente "debe darles trabajo".

Salario muy bajo

Image caption Kawazba cuenta que trabaja en los asentamientos porque debe mantener a 10 hermanos.

Los obreros palestinos serían los "primeros afectados" si se detienen las construcciones, asegura el vendedor israelí Meir Levi mientras pasa las páginas de los planos impresos en colores brillantes de residencias familiares de cinco habitaciones.

Levi explica que no se han aprobado nuevos proyectos y los precios de la vivienda han aumentado entre un 10 y un 15% en el último trimestre.

Este vendedor ha trabajado en la industria de la construcción durante las dos últimas décadas y recuerda los días en que miles de trabajadores venían de la Franja de Gaza y Cisjordania para construir casas en todo Israel.

"El salario era muy bueno, lo usaban para construir sus propios hogares, tener auto e invertirlo en el progreso de sus familias", agrega.

Pero la Intifada de 2000 trajo una ola de atacantes suicidas y el número de obreros con permiso para trabajar en Israel cayó drásticamente junto con el salario que se les pagaba.

"Ahora el precio es muy bajo", continúa Levi. "Ellos reciben 150 shekel al día (US$39), pero recuerdo que en los '90 se solía pagar 200 shekel (US$53) por el trabajo más simple".

Image caption Salwa Alenat visita las construcciones para informar a los obreros sobre sus derechos.

Varios de los obreros con quien hablé aseguran que reciben una paga mucho menor, que ronda entre los 100 y 110 shekel al día (US$26 y US$29), por debajo del salario mínimo israelí que está en los 150 shekel.

La ley de Israel se aplica desde 2007 a los trabajadores palestinos en asentamientos, tras un fallo de la Corte Suprema.

Salwa Alenat, una activista sindical árabe israelí de la organización Kav LaOved, dice que es ilegal pagar por debajo del salario mínimo, a pesar de que en muchos casos los obreros son contratados a través de una cadena de subcontratistas, algunas veces con base en Cisjordania.

"No hay aplicación (de la ley), es como la jungla... el empleador paga lo que quiere, el subcontratista cobra lo que quiere, y el trabajador pierde", agrega Alenat.

Autoridades israelíes consideran que los palestinos deben arreglar el problema en los tribunales, pero hasta ahora son pocas las quejas que han llegado.

Alenat asegura que temen perder sus puestos y permisos de trabajo, que normalmente se obtienen a través de los empleadores.

Así que los obreros siguen viniendo, y los asentamientos siguen creciendo, aunque muchos piensan que el de Maale Adumin terminará formando parte de Israel bajo un eventual acuerdo de paz.

"Es difícil describir lo que se siente, es un sentimiento muy malo, uno ve cómo perdemos nuestra tierra poco a poco", reflexiona Hossam Hussein, de 26 años, mientras hace la mezcla en el mortero para darle los últimos toques a una casa con vistas a Jerusalén y a las colinas del Mar Muerto.

Todos los obreros con quien hablé dijeron que querían que se congelaran los asentamientos, incluso si ello significa perder sus trabajos, aunque nadie parecía tener un plan alternativo.

Pero la mayoría no piensa que vaya a ocurrir.

"Deberíamos ir a huelga", dice Rabbaye.

Pero un obrero de más edad lo interrumpe. "Y entonces, ¿de qué vas a vivir?".

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