Última actualización: viernes, 11 de septiembre de 2009 - 20:14 GMT

EE.UU.: a ocho años del "día negro"

Torres Gemelas, 11 de septiembre de 2001

Torres Gemelas, 11 de septiembre de 2001.

En Estados Unidos, el recuerdo del 11 de septiembre -aquel martes fatídico de 2001 cuando se sucedieron los ataques suicidas contra Nueva York y Washington- está todavía muy vivo.

Este año, se le ha dado un nuevo nombre a la conmemoración anual de los atentados en EE.UU.: el Día Nacional del Servicio y el Recuerdo.

El presidente Barack Obama y su esposa Michelle pidieron a los estadounidenses llevar a cabo servicio comunitario como una nueva forma de honrar "a los héroes de aquel oscuro día".

"En el juego"

Lidiar con la herencia del 11 de septiembre es uno de los retos más difíciles de Obama.

No se ha repetido un evento como el del 11 de septiembre en suelo estadounidense, pero alrededor del mundo al-Qaeda y su extensa familia aún están en el negocio.

Tres acontecimientos recientes muestran que la amenaza global sigue siendo real: los atentados en julio en un hotel de Yakarta, la capital de Indonesia, el intento de asesinato en agosto contra el príncipe saudí quien está a cargo de la seguridad interna de su país y la condena esta semana de tres musulmanes británicos por su participación en un complot para hacer estallar siete aviones transatlánticos en 2006.

El consenso entre la mayoría de los expertos es que al-Qaeda, aunque de capa caída, sigue en el juego.

Se ha debilitado por la constante presión de EE.UU. y sus aliados. Algunos de sus dirigentes de medio rango han sido asesinados en ataques aéreos estadounidenses por aviones no piloteados Predator.

En dos países importantes en los que alguna vez fueron fuertes -Irak y Arabia Saudita- ahora han sido obligados a ponerse a la defensiva.

Pero los mismos expertos piensan que en la batalla mundial por los corazones y mentes musulmanas, al-Qaeda ha superado a sus adversarios.

Su ideología parece que ser aún atractiva para los jóvenes musulmanes descontentos en el mundo.

Epicentro

En el rompecabezas mundial del extremismo, el frente principal es ahora la región remota y sin ley que se extiende a lo largo de la frontera afgano-pakistaní.

Esta no es sólo la región donde se cree que están Osama bin Laden y su número dos, Ayman al-Zawahiri. Para los jihadistas, Afganistán, Pakistán y tal vez India ahora se ven como un terreno más prometedor que Irak.

Visita de Obama a la mezquita Sultan Hassan en Cairo

Obama ha convertido en una prioridad el contacto con los musulmanes.

Es ahí que al-Qaeda y sus aliados talibanes están intensificando la presión.

Más allá de esta zona, las "franquicias" de al-Qaeda operan en el norte de África, Yemen y el sudeste de Asia.

Y, como mostró el atentado en los aviones, al-Qaeda continúa apuntando a Europa, con jóvenes musulmanes "criados in situ", incluidos los conversos.

El efecto Obama

Pero si esa imagen es ampliamente conocida, hay un elemento nuevo en la ecuación: Barack Obama.

Su elección provocó feroces ataques desde la máquina de información de al-Qaeda. Ayman al-Zawahiri fue tan lejos que hasta utilizó un insulto racista, llamando al nuevo presidente esclavo.

Esto sugiere que los jihadistas vieron en Obama un objetivo más complicado que su predecesor, George W Bush.

El nuevo presidente se apresuró en hacer una prioridad el contacto con los musulmanes.

Desterró el término "guerra contra el terror" y otras frases que consideró contraproducentes y en un discurso muy publicitado en la Universidad Americana en El Cairo en junio, ofreció a los musulmanes un "nuevo comienzo" en sus relaciones con EE.UU.

Se comprometió a retirar las tropas de EE.UU. en Irak en 2012 y llamó "intolerable" a la situación de los palestinos, pero tres meses después, incluso los musulmanes que acogieron con beneplácito el discurso se muestran escépticos.

El peligro puesto por los islamistas es la amenaza más grave para el mundo libre desde la caída del comunismo y la primera masacre de la Alemania nazi

Nile Gardiner, de la Fundación Heritage.

Ven a Israel construir más asentamientos en Cisjordania, escuchan a funcionarios estadounidenses amenazar a Irán con sanciones "atroces" y ven la acumulación de tropas estadounidenses en Afganistán.

"Habla como Obama" comentó un presentador musulmán americano "pero actúa como Bush".

Islamofobia

Mientras que debe hacer frente a la desconfianza de los musulmanes hacia Occidente, el presidente estadounidense también tiene que lidiar con la otra cara de la moneda: el recelo occidental al Islam.

Muchos todavía creen que lo que está en curso es un choque de civilizaciones.

"El peligro puesto por los islamistas es la amenaza más grave para el mundo libre desde la caída del comunismo y la primera masacre de la Alemania nazi," escribió Nile Gardiner en el diario londinense The Daily Telegraph esta semana.

Gardiner trabaja en la Fundación Heritage, un centro de estudios conservador en Washington.

Desafiando al extremismo, dijo todavía más: "No es un ejercicio temporal de la ley y el orden, sino una guerra a largo plazo en lucha por la defensa de la civilización occidental".

Un comentario anónimo en el sitio digital del diario británico decía: "Los militantes islamitas hacen el trabajo sucio para el Islam".

Tales pensamientos no son poco frecuentes.

Varios estudiantes fueron recientemente enviados a casa de su escuela en el estado de Florida por llevar camisetas -suministrada por una iglesia local- proclamando "el Islam es del diablo."

"Historias de humillación"

Cerrar la brecha entre el Islam y Occidente es un reto a largo plazo.

La arrogancia y la ignorancia de los poderes autoritarios pueden crear nuevas historias de humillación que a su vez alentarán la sed de venganza desde ahora y en muchos siglos por venir

Ryan Crocker, ex embajador de EE.UU. en Kabul y Bagdad

En un artículo en al revista Newsweek, el diplomático estadounidense Ryan Crocker reflexiona sobre las lecciones del 11 de septiembre, ocho años después.

Crocker se retiró recientemente, después de casi cuatro décadas en el Departamento de Estado, de ser embajador de EE.UU. en Kabul y más recientemente en Bagdad.

Los estadounidenses -escribe- todavía tienen que aprender que "imponernos en las sociedades hostiles y caóticas no es la solución".

"La arrogancia y la ignorancia de los poderes autoritarios pueden crear nuevas historias de humillación que a su vez alentarán la sed de venganza desde ahora y en muchos siglos por venir".

Lo que se necesita, dice Crocker, es "paciencia estratégica", algo que a los estadounidenses tradicionalmente "les ha resultado difícil de reunir".

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