Gobierno en la semana, Talibán sábado y domingo

Combatiente talibán
Image caption El funcionario público (alias) Gul Mohammad ha combatido durante dos años para el Talibán.

En las aldeas de Afganistán, muchos hombres jóvenes están trabajando durante la semana para el gobierno, pero en los fines de semana salen a combatir al lado del Talibán.

"No nos pagan por eso. Es voluntario, todo por amor a Dios. Inclusive, nosotros mismo pagamos por el combustible para los operativos. Así como nuestras municiones y balas", dijo a la BBC uno de ellos.

Gul Mohammad (su nombre es otro para proteger su identidad) no es el típico combatiente Talibán que uno se imagina.

Ha estudiado, está en sus años 20, casado con hijos y, durante la semana, trabaja en una oficina del gobierno.

"Soy un funcionario público, así es como sostengo a mi familia, con mi salario y el cultivo de trigo aquí en la aldea.

"Al mismo tiempo, trabajo para el Emirato Islámico (el nombre con el que el Talibán se refiere a su régimen en Afganistán). Llevo combatiendo para el Talibán unos dos años".

Gul Mohammad es uno de un número desconocido de afganos que trabajan en oficinas gubernamentales durante la semana y luego se trasladan a sus aldeas durante el fin de semana para visitar a sus hijos y combatir con el Talibán.

Vive en la provincia de Wardak, que está al occidente de Kabul. La capital provincial, Maidan Shah, queda a veinte minutos en auto desde Kabul. Él dice que no tiene ningún problema combinando sus labores de oficina con sus deberes ante el Talibán.

Lealtades divididas

El fenómeno de estos combatientes temporales plantea muchos interrogantes, no sólo en torno a cómo mantener la seguridad de Kabul y las capitales provinciales pero, además, si la insurgencia podrá llegar a su fin algún día.

La mayoría de los combatientes talibanes en esta zona son hombres jóvenes, dice Mohsin (no es su nombre), que también viene del distrito de Wardak. Él ratifica que muchos son funcionarios públicos.

"Las personas que trabajan en Kabul o en la capital de provincia, que tiene tierra y familia en las aldeas, tienen que demostrar su apoyo por el Talibán.

"Aportan al personal o contribuyen de otras formas con tarjetas con minutos telefónicos o proveyendo asistencia financiera. Necesitan seguir trasladándose de la aldea hasta el trabajo".

De acuerdo a Mohsin, no son sólo los individuos los que dividen sus lealtades para poder sobrevivir.

"Es un secreto de la aldea -hay personas que tienen cargos importantes en el Talibán mientras sus hermanos son altos funcionarios en el gobierno afgano- están conscientes de la actividad de cada uno y de sus vínculos, y se acepta como un hecho".

Los motivos para unirse a la insurgencia varían, dice, desde el fervor religioso hasta el honor patriótico o las perspectivas de hacer dinero de los secuestros o de saquear al enemigo.

Apoyo auténtico

En algunos lugares, los aldeanos son intimidados y amenazados para que contribuyan con el Talibán, pero en esta zona, Mohsin dice que el apoyo es auténtico y ha crecido debido a quejas específicas locales.

"Después de 2001, la gente estaba muy optimista de la llegada de la paz y la estabilidad, que veríamos un gobierno verdadero que atendería las necesidades del pueblo", dijo.

Image caption No es sólo combatir -el apoyo puede ser con tarjetas telefónicas y asistencia financiera.

"En el primer o segundo año, la gente estaba esperando, pero no se dio. El Talibán reapareció en la región -intentando reorganizar a sus antiguos camaradas, pero la gente no los apoyo.

"Entonces, a medida que veían lo ineficiente que se volvía el gobierno, lo corrupto e indiferente, empezaron a inclinarse hacia el Talibán".

Tanto Gul Mohammad como Mohsin afirman que la corrupción endémica en el gobierno está detrás del descontento popular, pero Mohsin dice que la chispa que encendió la insurgencia fue la designación de un jefe de policía del distrito particularmente rapaz.

"Imagínese, durante el día, los policías son policías y, de noche, son ladrones. Saquean las casas de la gente, roban en los bazares y matan personas inocentes.

"La gente se enfureció. Se plantaron firmemente contra él y su grupo. Y el Talibán aprovechó esta oportunidad. Atacaron el cuartel del distrito y, hasta ahora, sigue bajo control Talibán".

Rabia contra el extranjero

El gobernador Wardak, Abdul Haleem Fedaee, que fue designado hace un año, dice no poder negar o confirmar la existencia de elementos talibanes dentro del Estado.

"Pero tenemos agencias de inteligencia que monitorizan las oficinas públicas y tenemos otra gente -ancianos y clérigos- que podrían identificar a los que estén combatiendo con el Talibán", expresó.

Añadió que algunos funcionarios públicos podrían apoyar el Talibán con dinero o tarjetas telefónicas, pero que solían ser intimidados y aterrorizados para que ayuden.

Los enfrentamientos en Wardak han sido severos este año.

La estrategia de Estados Unidos contra la insurgencia se basa en arrebatar a la fuerza las zonas en manos del Talibán, proteger a los civiles de los insurgentes y permitir que el gobierno afgano se extienda a las nuevas zonas "liberadas".

Mohsin manifiesta que los operativos estadounidenses sólo han generado más rabia.

"En nuestra región, los estadounidenses han tomado las casas de la gente como su base. Han bloqueado el acceso a la carretera de 5.000 viviendas y han bloqueado el agua para el sistema de irrigación que alimenta una gran zona de agricultura y que lleva agua para la mezquita.

"Han empezado a cortar árboles en ambos lados de la carretera para evitar emboscadas. La gente pensaba que las fuerzas extranjeras estaban aquí para hacernos la vida más fácil y para ayudarnos, pero ahora sus presencia se ve como problemática".

Gul Mohammad asegura que la gente los ayuda y que continuarán combatiendo durante su tiempo libre hasta que los extranjeros se vayan.

"Vamos a ganar, no en base a aviones y soldados, sino por la voluntad de Dios".

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