La cuestión racial persigue a Obama

Barack Obama, presidente de EE.UU.
Image caption "El sentimiento subyacente entre muchos es que un afroamericano no debería ser presidente", dijo Carter.

En Estados Unidos algunos dicen que el peor insulto que puede hacérsele a alguien es acusarlo de racista. Si eso es así, entonces el debate político nacional se está convirtiendo en un torneo de peyorativos. Y ese descalificativo mayor ha salido ya a relucir.

En sus ocho meses en la Casa Blanca, Barack Obama ha sido tildado de "nazi", "comunista", "socialista", "musulmán" (cosas estas tres últimas que para algunos extremistas puedan ser descalificativos), y hasta de no ser ciudadano estadounidense.

Pero acusarlo de mentiroso en una sesión solemne de ambas cámaras del Congreso ha sido para muchos el "colmo" de la falta de respeto hacia la figura del primer mandatario, como pasó la noche del miércoles 9 de septiembre cuando Obama explicaba su proyecto de reforma de salud.

Opine: ¿Se juega la carta racial en EE.UU.?

El grito de "usted miente" que le espetó el congresista republicano Joe Wilson, incluso ha sido considerado por algunos como una manifestación de racismo hacia el primer presidente negro de la historia estadounidense.

"El sentimiento subyacente entre muchos en este país es que un afroamericano no debería ser presidente", aseguró el martes el ex presidente Jimmy Carter, con lo que aceleró la polémica.

Lea: Carter: las críticas a Obama "son racistas"

"Tendencia perturbadora"

Image caption El republicano Wilson pidió disculpas tras la sesión en la que acusó a Obama de mentiroso.

Carter aseguró que el grito de Wilson en el Congreso es parte de una "tendencia perturbadora" que asegura haber visto en los últimos meses. Sobre todo en manifestaciones de derecha que se oponen a la reforma de salud y a otras políticas impulsadas por Obama.

Aunque Wilson se disculpó inmediatamente con la Casa Blanca y el presidente aceptó la disculpa, a instancias del Caucus Negro demócrata en la Cámara de Representantes –el grupo de parlamentarios afroamericanos– el cuerpo tomó la también inusual decisión de reprobar al congresista.

Pese a que muchos, incluso algunos demócratas, consideraban innecesaria la sanción, los parlamentarios negros argumentaron que esa "afrenta inédita" a un presidente se ha visto favorecida por supuestas posturas racistas que algunos conservadores han venido explotando para desprestigiar al gobierno.

"Cualquiera que diga lo contrario está en una negación (…) Pese a todo el progreso que hemos tenido hay todavía un problema con el tema racial en EE.UU.", le aseguró a BBC Mundo Keith Wright, miembro del Caucus Negro.

"No es por el color"

Sin embargo, la Casa Blanca negó que las protestas y las duras críticas a los proyectos del presidente "estén basadas en el color de la piel".

"Entendemos que la gente no esté conforme con algunas de las decisiones que hemos tomado y algunas de las actuaciones de esta administración", dijo el vocero presidencial, Robert Gibbs.

Por otro lado, el hijo mayor de Wilson, Alan, ha salido en defensa del congresista asegurando que "no hay un solo hueso racista en el cuerpo de mi padre".

"Ni siquiera se ríe ante esos chistes (racistas) de mal gusto. No voy a comentar sobre el ex presidente Carter porque no conozco al presidente Carter. Pero yo conozco a mi papá y simplemente eso no está en él", afirmó Alan Wilson en un evento en Atlanta.

Agosto candente

Agosto, el normalmente tranquilo mes de receso político en Washington, fue muy activo en otras partes del país en las que se convocaron asambleas ciudadanas para discutir el proyecto de reforma de salud.

En algunas de ellas se vieron a ciudadanos exaltados expresando su desacuerdo con lo que consideran la intención "socialista" –y por tanto peligrosa para ellos– de crear un sistema de salud manejado por el gobierno.

En muchas de esas asambleas se podían ver carteles caricaturizando la figura de Obama, con un bigote a lo Adolfo Hitler, o como un Pinocho al que curiosamente no le crece la nariz, sino las orejas, uno de los rasgos fisonómicos más pronunciados de presidente.

También ha estado circulando un video en el que un pastor sureño dice "desear" que el presidente muera porque "odia" lo que representa. Y hasta algunas personas fuertemente armadas han acudido a reuniones en las que está presente el presidente, poniendo en alerta adicional al Servicio Secreto.

"Este tipo de cosas no son salidas casuales de un debate sincero sobre si debemos tener o no un programa nacional de cuidados de salud. Es más profundo que eso", afirmó Carter.

Entre inmigrantes y reformistas

Image caption Carter aseguró que el grito de Wilson es parte de una "tendencia perturbadora".

El ex presidente del Partido Demócrata en Carolina del Sur, Dick Harpootlian, afirmó no creer "que la salida de Joe (Wilson) haya sido porque el presidente Obama sea afroamericano".

"Creo que se debió a que no hubo un filtro entre su cerebro y su boca", señaló.

"Creo que la conducta de Joe fue estúpida, pero creo que sería igualmente estúpida sin importar el color del presidente. (…) Yo respetuosamente estoy en desacuerdo con el presidente Carter, porque le da validez al racismo", afirmó Harpootlian este miércoles en entrevista con el canal de noticias Fox.

El grito de Wilson se produjo justo en la parte del discurso en la que el presidente Obama aseguraba que los inmigrantes ilegales no recibirán beneficios con la reforma, algo que preocupa a muchos estadounidenses que consideran injusto que sus impuestos paguen servicios para personas que violan la ley para estar en EE.UU.

Junto con el costo de US$900.000 millones, la posibilidad de que el gobierno desplace a empresas privadas del sector y que se establezcan límites a los servicios de salud disponibles para la población, los potenciales beneficios a los inmigrantes ilegales es lo que más preocupa a los críticos de la reforma.

Por eso muchos aseguran que el racismo del que acusan a Wilson tendría una doble vertiente en la falta de respeto hacia el presidente Obama y en el rechazo a los inmigrantes, particularmente los de origen latinoamericano, que conforman la mayoría de los indocumentados que viven en EE.UU.

"Nadie sabe qué estaba pensando Joe Wilson o qué lo motivó a hacer ese comentario. O si fue racista o no, pero fomenta este ambiente en el que expresiones racistas se han convertido en tolerables".

Carta racial

Hay una diferencia entre las motivaciones de Wilson y el contexto del debate público, pues mientras el congresista puede no haber actuado movido por sentimientos raciales, su comentario alimenta un delicado debate que existe en la sociedad estadounidense.

En ese debate Obama nunca ha jugado la carta racial, una estrategia que han usado con éxito algunos políticos estadounidenses.

Aunque el mandatario suele referirse a problemas de su niñez y juventud nunca habla de ellos como parte de una condición racial sino como un asunto familiar.

La única vez que entró en un debate de ese tipo fue en julio pasado cuando acusó a la policía de Cambridge, Massachussets, de haber actuado "estúpidamente" al arrestar a un académico negro que además es amigo suyo.

El presidente sugirió en ese momento -aunque no lo dijo directamente- que la raza del profesor pudiera haber tenido un papel en su arresto.

Ante las críticas de la policía, el presidente lamentó sus palabras y todo terminó con unas cervezas en los jardines de la Casa Blanca entre Obama, el profesor arrestado y el policía blanco que lo arrestó.

No es extraño que la minoría negra estadounidense -el 14% de la población de acuerdo con la Oficina del Censo- se sienta discriminada en un país en el que hasta hace pocas décadas la separación de razas estaba legalmente permitida.

Pese a las conquistas legales y sociales del movimiento por los derechos civiles entre los años '50 y '70, y al respeto universal que suscita la figura de su principal líder, Martin Luther King, la desconfianza entre razas persiste. Y, en este caso, tiene usos políticos.

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