Última actualización: miércoles, 25 de noviembre de 2009 - 18:42 GMT

Albergues españoles repletos por la crisis

Albergue

En los albergues hay listas de espera.

Se adentra el invierno y los albergues y centros de acogida de Madrid están repletos. A los tradicionales habitantes de la calle se les han sumado inmigrantes y españoles desempleados que no tienen dónde dormir. No importa si hay que compartir cama o, incluso, dormir en una silla. Hay listas de espera.

"La crisis económica ha disparado las solicitudes de internamiento. Es una situación crítica porque llega el invierno. El perfil de solicitantes ha ido cambiando rápidamente en estos meses. Ya no sólo vienen inmigrantes sin papeles sino personas que se han quedado sin trabajo y no tienen con qué pagar un alquiler. Tanto extranjeros como españoles", señala a BBC Mundo Mario Nieto, trabajador social que colabora en varios albergues de la ciudad.

En la mayoría de centros hay listas de espera de hasta dos meses.

El cubano Miguel Vargas ha atravesado media ciudad para encontrar una cama donde pasar la noche. La última semana ha tenido que dormir en una silla que le dejan en un albergue de la Cruz Roja.

"Tengo que conseguir un trabajo"

La crisis económica ha disparado las solicitudes de internamiento. Es una situación crítica porque llega el invierno. Ya no sólo vienen inmigrantes sin papeles sino personas que se han quedado sin trabajo y no tienen con qué pagar un alquiler.

Mario Nieto, trabajador social

"Llevo nueve años en España y nunca me había visto así. Yo salgo de esta, pero tengo que conseguir un trabajo", comenta preocupado a BBC Mundo.

Miguel espera nervioso en la entrada del albergue San Juan de Dios. El portero no encuentra su nombre en la lista de reservas.

"¿Miguel qué?", pregunta el empleado mientras repasa la lista. "La situación está muy difícil y la gente no se quiere ir del albergue", advierte. A su alrededor brillan las miradas de varios solicitantes deseosos de cruzar la puerta.

De lejos parecen mochileros que recorren el mundo de no ser por sus historias. Juan Carlos, de Murcia, un año sin trabajo, no tiene familia en la ciudad; Alejandro, peruano, electricista, vino a España por una oferta de trabajo inexistente; Stoyan, búlgaro, 52 años, la edad no lo ayuda cuando busca trabajo.

"Este es el Hilton de los albergues. Hay comida y dormida gratis", señala Alejandro mientras recorre el edificio con la mirada.

"No, no hay ningún Miguel Vargas", interrumpe el portero ante la mirada titilante y azul de Miguel.

"Pero si la trabajadora social me dijo que me iban a apuntar", protesta entre aspavientos mientras da la media vuelta. Alto, moreno y corpulento, susurra entre dientes, como si hubiese tenido mejores temporadas.

Energía igual a supervivencia

Jaime Altamirano

Altamirano actualmente se encuentra en una situación difícil.

El búlgaro Stoyan ha conseguido otra noche en el albergue. "Llevo varias semanas. Siempre llego temprano y me vuelvo a anotar. Me quedan muy pocos ahorros pero no puedo gastarlos en pagar un alquiler", comenta a BBC Mundo.

"Tengo una oferta", enseña sonriente un documento oficial. "El problema es que no tengo permiso de trabajo. Tengo que volver a Sofía a resolver varios asuntos", señala.

En una bolsa de supermercado lleva un resumen de su vida actual: algunos documentos arrugados, una carpeta con sus proyectos, un pan seco y unas mandarinas. Ha trabajado a destajo, como electricista, obrero de la construcción… Y entre los descansos ha dibujado complejos mecanismos de termodinámica.

"Es una máquina que permite ahorrar hasta un 70% de energía", subraya detrás de sus gafas. En la bolsa se asoma el pan seco y las mandarinas. El proyecto lo ha enviado a varios centros de investigación de España. Ahora le han contestado. "Creo que esta será mi última noche en el albergue", anota y luego cruza la puerta del lugar.

Cerca de allí el peruano Jaime Altamirano observa el edificio. Una carambola de crisis, desempleo y un accidente en moto, lo han dejado repentinamente en una situación límite. "Estoy jodido. Me accidenté en la moto y me partí el brazo. No puedo trabajar porque aún estoy en la recuperación y se me han agotado los ahorros. ¿La moto? Nadie tiene para comprarla", señala a BBC Mundo mientras desmenuza sus cuatro años en España.

"Dejé la carrera de Derecho en Lima -con lo difícil que es ser admitido- por venirme a España. Allí tenía un negocio, allí está mi hijo. Un día tomé un avión. Al principio me iba bien, trabajaba como mensajero y ganaba más que en Perú. Ni los españoles ni los extranjeros imaginábamos que España iba a vivir una crisis tan dura", agrega mientras mira nuevamente la fachada del albergue.

"He pensado anotarme. Es algo que no te imaginas hasta que te pasa. De momento comparto alquiler pero no sé hasta cuando", subraya. La idea de volver le insufla la cabeza pero otra idea, la del fracaso, le frena. "Estoy pensando en buscar trabajo en lo que sea. No sé si me estoy arriesgando a perder el brazo pero tengo que intentarlo. ¿No cree?".

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