¡Yo estuve ahí!: URSS ataca palacio afgano

Najiba
Image caption Najiba, testigo.

Hace exactamente 30 años las fuerzas soviéticas invadieron Afganistán y mataron al presidente Hafizullah Amin.

En el palacio presidencial, en medio del caos de estallidos y disparos, una niña de 11 años, se escondía tras un sofá, junto a su madre y su hermano.

Tres décadas más tarde, esa niña, Najiba, narra su experiencia para los lectores de la BBC.

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Es 1979. Un día frío de diciembre en la capital afgana.

En la casa del ministro de Salud, el teléfono comenzó a sonar.

"Era la esposa del presidente Amin, quien nos invitaba a un almuerzo, para celebrar la renovación del palacio. Yo tenía 11 años y con mi hermano empezamos a saltar de la emoción, diciendo que sí queríamos ir".

Image caption El presidente Amin murió en su palacio, durante el asalto soviético.

El palacio no decepcionó a Najiba.

"Era como salido de una película: las escaleras, el elevador de oro, el hombre que estaba parado ahí con su traje negro, operando el elevador, y todo era tan nuevo, y los candeleros, y el brillo y la belleza de todo..."

La mesa del almuerzo era enorme, con los cubiertos destellando. Najiba y los otros invitados se sentaron a comer...

"Mi hermano siempre me molestaba con ranas y caracoles para quitarme el apetito, pero ese día me dijo algo muy extraño: 'si quieres seguir con vida, no te comas la sopa'. Y nunca voy a olvidar eso porque la sopa tenía algo que nos mareó y nos dio sueño.

"Y lo siguiente que recuerdo es que no podía sostenerme. Alrededor de las 7 pm escuchamos un ruido fuertísimo... Una enorme explosión que hizo cimbrar el lugar. Me desperté y tuvimos que salir corriendo al corredor, dejar mis bonitos zapatos nuevos color amarillo y mi abrigo blanco. Y yo quería volver por ellos, pero mi mamá dijo que no había tiempo.

"A los niños siempre nos decían que si oías una explosión había que correr al pasillo y tirarse en el suelo. Lejos de las ventanas, en el suelo y vimos al presidente Amin reuniendo a todas sus fuerzas. Las que tenía. Su hijo, su sobrino, su esposa, estaban corriendo, llevando las armas que tenían. Kalashnikovs.

"Yo estaba muy asustada. Mi corazón latía muy rápido, temía que algo iba a pasar".

¡Niños y mujeres!

De hecho, algo estaba pasando. Ahí mismo, dentro del palacio, en medio de la fiesta, el presidente afgano estaba siendo derrocado.

En medio de disparos de armas de fuego y proyectiles, Najiba, su madre y su hermano mayor habían escapado con uno de los empleados del palacio a un cuarto en la parte trasera del edificio. Agachados detrás de un sofá, aterrorizados, esperando, con el ruido de un sangriento asalto sucediendo en torno a ellos... Y entonces...

Image caption Se estima que al menos un millón de afganos murieron en su lucha contra la ocupación soviética.

"De repente escuchamos que alguien tocaba la puerta. Sólo ahora sé que era persa con un acento tajiki. El grupo que atacó el palacio se llamaba brigada rusa alpha y estaban usando a un intérprete tajik.

"La voz decía 'vamos a disparar. Vamos a contar hasta tres y empezaremos a disparar'

"Mi madre, una mujer muy sabia, gritó: 'niños y mujeres'.

"Empezaron a decir que abriéramos la puerta. Cuando lo hicimos, recuerdo un medio círculo de soldados, con sus armas apuntándonos. Pero en el momento en que nos vieron, pensaron que eramos rusos o algo, porque tengo el pelo rubio, mi madre es muy clara de piel.

"Escuché estas palabras: "¿Son ellos de los nuestros?" Y bajaron las armas y empezaron a revisar al hombre que estaba con nosotros. Se lo llevaron, y sentí debilidad en mis rodillas. Y un soldado joven -muy guapo- me sostuvo de la cintura y lo único que tenía en mi mente era que no me separaran de mi madre.

"Empezamos a bajar y las cosas que vi - Dios mío- gente en el suelo. Como una escena de una película de pesadilla. Todo el lugar estaba oscuro, pero entraba la luz del fuego, y había agua, vidrios rotos, cuerpos de personas muertas, no dos o tres, muchas. De lo único de lo que yo quería estar segura era que no me separaran de mi madre. Tú entiendes el mundo de otra manera a esa edad. No creo que yo haya entendido la gravedad de lo que estaba pasando".

Sangrienta herencia

Sin embargo, del otro lado del mundo, el entonces presidente de Estados Unidos, Jimmy Carter, entendió inmediatamente la gravedad de lo que había ocurrido en el palacio.

Image caption EE.UU., Paquistán y otros se involucraron para apoyar a la resistencia afgana.

La invasión soviética llevó la Guerra Fría a un nuevo nivel. Pronto, EE.UU., Pakistán y otros se involucraron para apoyar a la resistencia, una milicia islámica llamada "muyahidin".

Incluso en aquellas primeras horas, Najiba y los otros prisioneros reunidos en el palacio, sintieron intensamente la distancia que había entre la población afgana, mayoritariamente musulmana, y sus nuevos ocupantes soviéticos.

"Nos dio mucha hambre y pedimos comida. Los soldados rusos nos dieron algunas latas. Salchichas frías. Nunca antes había comido puerco. Mi madre dijo: el Corán dice que está bien si estás muriendo de hambre, en el desierto, lo puedes comer. Ella no quería pero nos hizo a mí y a mi hermano comerlo. Y era una mezcla muy extraña de sentimientos cuando debes comer algo que no quieres comer, pero mueres de hambre. Largas salchichas saliendo de una lata. Lo comí y se fue el hambre, así que ¡estuvo bien!

Más tarde esa misma noche, Najiba y su familia fueron llevados del palacio a una base militar rusa, luego a un centro de interrogatorios y, finalmente, a prisión, donde permanecieron por un tiempo junto con el resto de los miembros que quedaron de la familia del presidente Amin.

La vuelta a casa, con su abuela, marcó para Najiba y su familia el fin de su terrible experiencia. Pero la muerte del presidente Amin dejó una larga y sangrienta herencia. Una guerra de nueve años que dejó más de un millón de muertos. La madre de Najiba entre ellos.

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