El guardián del Vaticano en problemas

Papa Benedicto, foto de archivo
Image caption El entonces cardenal Ratzinger fue nombrado prefecto de la CDF en 1981.

En su papel de guardián del Vaticano, responsable de abordar los abusos sexuales de los sacerdotes de la Iglesia Católica, el organismo llamado Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF) enfrenta serias dudas acerca de su trabajo, sobre todo durante los años en que ese organismo estuvo dirigido por el actual Papa.

El cardenal Joseph Ratzinger, como era conocido antes de convertirse en el papa Benedicto XVI, llegó a la prefectura de la CDF en 1981, y dirigió la Congregación durante casi un cuarto de siglo.

Semanas antes de convertirse en el nuevo papa en 2005, escribió para expresar la rabia que le provocaban los clérigos corruptos que habían manchado "los ropajes y el rostro" de la Iglesia.

"Cuánta inmundicia hay en el seno de la Iglesia, e incluso entre aquellos que, dentro del sacerdocio, debían pertenecer enteramente a Él (Jesucristo)", escribió.

Al año siguiente de haber ascendido al trono de Pedro, le ordenó al fundador de la influyente congregación de los Legionarios de Cristo, el sacerdote mexicano Marcial Maciel, retirarse del ministerio, en medio de acusaciones de que había tenido hijos y de que había abusado de algunos estudiantes.

Fue una acción intrépida contra un religioso que era cercano al papa Juan Pablo II. La misma es ofrecida por algunos como una prueba sólida de la intolerancia de Benedicto ante el abuso.

Sus defensores mencionan el hecho en momentos en que el Papa es acusado de no haber tomado una acción adecuada contra los sospechosos cuando era todavía el cardenal Ratzinger.

Cronología de los escándalos de abuso sexual dentro de la Iglesia Católica

Juzgados y apartados del sacerdocio

Cuando Joseph Ratzinger asumió la prefectura de la CDF, heredó una institución que se remonta, bajo varios nombres distintos, a la Inquisición del siglo XVI.

En su primera encarnación fue conocida como la Sagrada Congregación de la Inquisición Universal y su misión principal era defender a la Iglesia de la herejía.

En el siglo XVII el famoso astrónomo Galileo fue blanco de sus ataques.

Desde 1965 se le conoce con el nombre actual, y su misión es promover y salvaguardar la doctrina católica así como "la moralidad en el mundo católico".

El trabajo de investigar abusos sexuales de sacerdotes es sólo una de sus ocupaciones, y hasta este siglo, únicamente los casos más contenciosos le eran presentados, como cuando un sacerdote desafió la decisión de un obispo que quería apartarlo del sacerdocio.

En el caso Wisconsin, un sacerdote acusado de abusar de hasta 200 alumnos en una escuela para niños sordos, escribió directamente al cardenal Ratzinger, diciéndole que estaba arrepentido y pidiendo que lo dejaran solo. No se ha encontrado una respuesta sobre el caso, pero lo que sí se sabe es que los procesos eclesiásticos en contra del sacerdote Lawrence Murphy se detuvieron.

Lea: El Vaticano "encubrió" abusos sexuales en EE.UU.

"Control"

En un artículo reciente en el National Catholic Reporter de Canadá, el analista de asuntos religiosos John Allen asegura que la CDF vivió una revolución cuando en 2001 el cardenal Ratzinger sujetó a la autoridad de su oficina todas las acusaciones en contra de sacerdotes por abuso sexual.

Algunos críticos ven esta acción como un intento de la CDF por controlar la información y hacen notar que su directiva no hacía mención alguna de llamar a la policía.

Estas críticas fueron desestimadas enteramente a comienzos de mes por Monseñor Charles Scicluna, quien como Promotor de Justicia de la CDF es efectivamente el fiscal principal de la entidad.

La regla "nunca se entendió como una prohibición de reportar (crímenes) a las autoridades civiles", dijo al periódico L'Avvenire, vocero oficial de la Confederación de Obispos de Italia.

Lo que logró esa directiva, dijo a los periodistas Monseñor Scicluna, fue que una "avalancha" de casos de abusos se activara en Roma.

El obispo dijo que cerca de 3.000 casos de abuso sexual, cubriendo un lapso de 50 años, han sido procesados por la CDF en este siglo, la mayoría de ellos originados en Estados Unidos.

De esos, aseguró, 300 involucraban acusaciones de "pederastia genuina". La mayoría de los otros casos tenían que ver con atracción homosexual hacia adolescentes.

Según el obispo, cerca de 20% de los 3.000 casos resultaron en que los acusados fueron expulsados del sacerdocio.

En la mayoría de los otros casos, según sus declaraciones al L'Avvenire, los sacerdotes fueron considerados ya muy ancianos para enfrentar un juicio integral pero sí recibieron otros castigos como prohibiciones para oficiar la misa o para confesar a los fieles.

'Cambio requerido'

Image caption Galileo fue juzgado como hereje por la Inquisición en 1633.

En su artículo, John Allen equipara al Papa con el famoso fiscal estadounidense Elliot Ness, retratándolo como un hombre comprometido en una misión para limpiar la "inmundicia" de la Iglesia.

"Acusar al Papa actual de esconder (casos) es falso y difamatorio", dijo Monseñor Scicluna a los periodistas.

En la CDF, insistió, el Cardenal Ratzinger mostró "sabiduría y firmeza" para confrontar los casos.

Hoy, la oficina todavía estudia casos que abarcan acusaciones muy graves.

El cardenal estadounidense Joseph Levada, actualmente jefe de la oficina, recientemente ordenó una nueva investigación acerca de presuntos abusos sexuales y de otra índole por parte de cerca de dos docenas de sacerdotes en una escuela para niños sordos en Verona, Italia.

La CDF está compuesta por 23 miembros, que incluyen a cardenales, arzobispos y obispos, junto con 33 "consultores", con una planta de personal de 37 personas en el Vaticano.

Monseñor Scicluna, siete otros sacerdotes y un criminólogo laico están encargados específicamente de estudiar los casos de abuso sexual.

Parece un equipo pequeño para una iglesia con más de 1.000 millones de creyentes, cerca de 400.000 sacerdotes, y una misión de manejar todos los casos de abuso sexual que involucran a religiosos.

John Allen sugiere que podría hacerse más a nivel local, sin que Roma tuviese que intervenir directamente.

"Deberían encontrarse nuevas maneras para que los obispos tengan que responder por limpiar su propio desorden", añade.

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