10 años después del retiro israelí, el sur de Líbano es "Hezbolandia"

Mujeres en el nuevo museo de Hezbolá
Image caption El museo creado por Hezbolá muestra los túneles donde vivían los combatientes.

Cada día Abu Ali Shami, de 70 años, mira hacia Israel desde su pequeño olivar. La valla de alambre, que se encuentra a sólo un metro, le recuerda cómo era la vida cuando los soldados israelíes se encontraban instalados en el lado libanés.

"No teníamos ningún poder", afirma Ali Shami. "Había tanta injusticia, era como vivir en una gran prisión".

Como todos los residentes de Kfar Killa, un poblado en la frontera líbano-israelí, Abu Ali Shami todavía recuerda las restricciones en viajes y el ambiente marcado por el terror impuesto no sólo por el ejército israelí, sino también por sus colaboradores libaneses.

"Estábamos tan felices de que se fueran. Se retiraron en el medio de la noche y parecía como si finalmente nos devolvieran nuestro país".

"La resistencia nos hace libres"

Diez años después de la retirada, los efectivos de las Naciones Unidas y el ejército libanés todavía patrullan la frontera.

Pero hondeando en lo alto de la valla se encuentra la bandera amarilla y verde de Hezbolá. Junto a ella, la bandera del país extranjero que más firmemente lo apoya: Irán.

Es Hezbolá quien realmente tiene control de todo lo que ocurre en el sur del Líbano y muchos de los habitantes de sus pueblos reconocen que les gusta que así sea.

"Es la resistencia, sus armas, y su líder, Hassan Nasrallah, quien nos hace sentir libres aquí", dice Fawwaz Mohammed. "Sin la resistencia, nunca podríamos ser libres".

La milicia chiita está poniendo en marcha una serie de eventos para marcar el décimo aniversario de la retirada de Israel y lo que se vive como una gran victoria.

En el marco de las celebraciones, se abrirá un nuevo museo no muy lejos de la frontera.

El museo de los bunkers

En él se expondrán cientos de piezas de armamento y artillería. Construirlo costó más de US$3 millones, que, según declaró Hezbolá, provienen de fondos privados.

"Es una conmemoración de nuestros combatientes, de nuestros mártires y es también una forma de recordar a las nuevas generaciones los sacrificios que se han hecho", dice el vocero del grupo, Ibrahim Moussawi.

A medida que conduce a los visitantes a través del museo, a lo largo de una elaborada red de túneles, el guía describe con todo lujo de detalles las batallas y las condiciones de vida de los combatientes de Hezbolá.

Prácticamente todo el sur del Líbano está lleno de bunkers similares. Se cree que Hezbolá los usa para entrenar a sus guerrillas y guardar sus armas.

Pero el guía no responde a las preguntas sobre los túneles. "Es un secreto", dice riendo.

Mientras que Hezbolá continúa siendo extremadamente reservada acerca de su poder y fuerza militar, el museo es, en muchos modos, un signo de cómo el grupo ha evolucionado en los últimos diez años.

Sofisticada organización política

Image caption El grupo Hezbolá ha preparado distintos eventos para celebrar su victoria sobre Israel en el Líbano.

Actualmente podría decirse que Hezbolá constituye la milicia más poderosa en el Medio Oriente.

Y dentro del Líbano funciona también como una sofisticada organización política que ha ganado elecciones, que tiene un largo historial de realizar un serio trabajo social por el bien de la comunidad y que es muy inteligente a la hora de venderse y de hacer su propio marketing.

El creciente poder militar de Hezbolá, propulsado por la financiación de Irán, es una seria preocupación para Israel y sus aliados.

Recientemente los gobiernos de Israel y Estados Unidos acusaron a Siria de armar a la agrupación extremista con misiles balísticos Scud, lo que generó un nuevo cruce de imputaciones y nuevas especulaciones sobre el inicio de una nueva posible guerra.

Mutua disuasión

Entre los que negaron las acusaciones israelíes y estadounidenses se encontraba el primer ministro libanés, Saad Hariri, pero Hezbolá nunca lo negó.

De hecho, en Líbano mucha gente cree que el grupo cuenta con alguna especie de misil de largo alcance, porque en sus recientes discursos, el líder de Hezbolá, Hassan Nasrallah, amenazó con golpear profundamente en el interior de Tel Aviv.

"No sé que tipo de armas o de mísiles tiene Hezbolá, pero lo que sé es que Hassan Nasrallah no lanza amenazas vacías. E Israel lo sabe, por eso está asustado", dice Rami Khoury, analista establecido en Beirut.

Y sin embargo, a pesar de los rumores de guerra, las tensiones y las acusaciones mutuas, o quizá a causa de ellas, Rami Khoury cree que la situación está bajo control.

"Lo que nos encontramos ahora es con una buena situación de mutua disuasión. Nadie va a rendirse o a entregarse al otro lado. Pero, al mismo tiempo, las dos partes saben que si inician una guerra, ésta será feroz y habrá muchos civiles muertos".

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