Crisis del euro: cuatro posibles escenarios

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Image caption Euro: ¿qué futuro tiene?

La crisis del euro y la situación de las economías de la eurozona son uno de los principales ejes de la reunión de ministros de Finanzas y presidentes de los bancos centrales del Grupo de los 20 (G-20), que comienza este viernes en Busán, Corea del Sur.

La moneda única europea ha registrado su cotización más baja en años y varios de los países se encuentran agobiados por altos niveles de deuda y déficit, además de un bajo nivel de crecimiento.

Los últimos datos no son alentadores ni para la zona del euro ni para el resto del mundo, que todavía lucha por consolidar incipientes señales de recuperación económica.

De ahí la preocupación del G-20, que concentra el 90% del producto bruto global y es consciente del escollo que representa una eurozona paralizada para el crecimiento mundial.

En medio de esta crisis, se han alzado voces que vaticinan el fin de la divisa europea. La canciller federal de Alemania, Angela Merkel, ha advertido que el futuro mismo de la Unión Europea (UE) está en entredicho.

Una cosa está clara: el euro hoy se parece a un enfermo bajo tratamiento médico.

BBC Mundo investigó cuatro posibles escenarios futuros para este paciente de lujo, la moneda única europea:

Recuperación del euro | Larga convalecencia | Permanente debilidad | Muerte y disolución

Recuperación del euro

La actual crisis se centra en torno de los PIIGs (Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España), que han anunciado fuertes ajustes económicos en las últimas semanas.

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Si bien el impacto inicial de los recortes será seguramente negativo en el corto plazo, el objetivo del plan es que, con un poco de tiempo para recuperar la confianza de los mercados y la actividad económica, se saneen las finanzas públicas y se vuelva a crecer.

Grecia es el caso clave. Si con su programa de austeridad logra superar los serios problemas que tiene (déficit fiscal del 13%, deuda pública superior a su Producto Interno Bruto, PIB), se evitará el efecto contagio sobre los otros PIIGs.

Mucho más que la economía griega, que representa un 2,4% del PIB de la eurozona, la posibilidad de "contagio" a otros países ha estado detrás de la turbulencia que vive el euro.

En la década de los años 90, Suecia logró salir de una crisis que también parecía terminal gracias a una serie de medidas que dieron resultado.

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Larga convalecencia

Image caption Crisis económica y protestas: apenas un comienzo.

En este segundo escenario, la intervención conjunta de las naciones de la eurozona, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional (FMI), así como las medidas adoptadas por los PIIGs, consiguen controlar el déficit fiscal sin ahogar el crecimiento, pero no logran solucionar una serie de problemas estructurales.

En este caso, la zona del euro podría recuperar la estabilidad, pero tendría una expansión económica anémica por muchos años.

Algo similar le ha ocurrido a Japón desde principios de los años 90.

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Permanente debilidad

Éste es un escenario de fuertes turbulencias económicas, políticas y sociales.

Los programas de ajuste de los PIGGs tienen un fuerte impacto recesivo, que afecta la recaudación fiscal y por tanto profundiza el déficit fiscal.

Grecia, que tiene el horizonte de vencimientos de deuda más complicado de los PIIGs, se ve obligado a recibir más ayuda y termina reestructurando su deuda.

Los otros PIIGs quedan entre la espada y la pared: algunos se inclinan por seguir el camino griego (Portugal es el primer candidato) y otros sobreviven como pueden. Los bancos europeos, muy expuestos a la deuda soberana de los PIGGs, quedan también fuertemente afectados por la crisis.

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A pesar de la recesión y la turbulencia, el euro se mantiene por el altísimo costo que tendría abandonar la moneda común europea.

El ejemplo del pasado es lo que ocurrió con Argentina y el sistema de convertibilidad -que ataba el peso al dólar- en 2001.

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Muerte y disolución

Es el paso siguiente: las consecuencias políticas y sociales de la crisis son de tal intensidad que podrían provocar la salida de uno, varios o todos los miembros del euro.

En el caso de los PIIGs, esto les permitiría recuperar la competitividad con una moneda propia (devaluándola podrían estimular la exportación), pero al mismo tiempo tendrían que lidiar con una deuda mucho más alta (si Grecia vuelve al dragma, por ejemplo, sus compromisos financieros seguirán siendo en euros o dólares, con lo que necesitará recaudar mucho más en su divisa nacional para pagarlos).

Una posibilidad es que el euro sobreviva con los países del Norte (Alemania, Francia y otros), con Italia y España como posibles acompañantes. Pero la moneda europea como lo conocemos hoy en día no existirá.

En este escenario habrá que ver si el vaticinio de Angela Merkel sobre el devastador impacto que la muerte del euro podría tener sobre la UE era un recurso político para movilizar a los reticentes a ayudar a Grecia o una perpicaz evaluación de la realidad.

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