Por qué el tiempo juega en contra de Ahmadinejad

Mahmoud Ahmadinejad, presidente de Irán.
Image caption La mala gestión económica podría tener importantes consecuencias políticas en Irán.

Un año después de la disputada reelección del presidente Mahmoud Ahmadinejad, Irán ha vuelto a la normalidad, a la vez que ha cambiado para siempre.

El espíritu de las protestas que llevaron a millones de personas a las calles, parece haberse agotado. Los partidarios de la oposición están desilusionados, no sólo con el gobierno sino también con la oposición.

Los dos principales líderes opositores, Mir Hossein Mousavi y Mehdi Karroubi, anularon las protestas previstas para este primer aniversario, para evitar -dijeron- la pérdida de vidas inocentes.

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El gobierno sigue insistiendo en que todo el problema fue causado por un puñado de alborotadores instigados por potencias extranjeras. Además, combate su sensación de inseguridad con una interminable sucesión de advertencias y declaraciones triunfales sobre la forma en que han vencido al enemigo.

Frustrado conformismo

Testigos aseguran que las calles de Teherán han sido invadidas durante los últimos días con un número sin precedentes de agentes de policía y miembros de las fuerzas de seguridad.

Después de la vacilante respuesta inicial del gobierno a las manifestaciones de junio de 2009, el aparato de represión ha sido perfeccionado y endurecido. El seguimiento de internet y los teléfonos se ha incrementado, por lo que es cada vez más difícil recibir información fiable fuera del país. Además, aún siguen detenidos partidarios de la oposición y periodistas en cárceles iraníes. Incluso, los exiliados están cada vez menos dispuestos a hablar por las continuas amenazas que reciben de los servicios de Inteligencia y de la Guardia Revolucionaria de Irán. Muchos iraníes han caído en el conformismo, frustrados al ver evaporadas sus esperanzas de cambio. Así la situación en la actualidad, en el largo plazo en cambio, las cosas pueden ir en contra del presidente Ahmadinejad y de su equipo.

Divisiones internas

Pero el disgusto con el régimen empieza a ir más allá. Las divisiones internas se ejemplificaron de forma reveladora durante la ceremonia de conmemoración de la muerte del ayatolá Jomeini el pasado viernes 4 de junio.

Image caption Tras un año de represión, las esperanzas de cambio de la oposición se han evaporado.

Durante las oraciones en la mezquita del Imán, a las afueras de Teherán, su nieto Hassan Jomeini, conocido partidario de los reformistas, fue abucheado por una multitud llegada hasta el lugar para apoyar al presidente Ahmadinejad y al líder supremo, Ayatolá Jamenei. El incidente conmocionó a muchos iraníes que ven al nieto de Jomeini como el guardián que mantiene viva la llama del líder revolucionario, aún muy respetado en el país.

Y es evidente que muchas figuras clave del régimen están dando sólo un apoyo reacio a Ahmadinejad, como el ex dirigente Ali Akbar Hashemi Rafsanjani e incluso el presidente del Parlamento, Ali Larijani.

El resultado es un mandatario debilitado que ha tenido que comprometer algunos de los ejes centrales de su política interior como la reforma de los subsidios, y ha carecido de la autoridad suficiente para negociar con librertad sobre el programa nuclear.

Mala gestión económica

Y más grave aún, las tendencias económicas no son buenas. La combinación de una mala gestión y la presión internacional, han provocado un descenso rápido en la producción de petróleo que ha pasado de 4,1 millones de barriles diarios a 3,5 millones en los últimos dos años. La producción de gas no alcanza tampoco a reemplazarlo. Sorprendentemente, este país de grandes reservas es probablemente importador. Al mismo tiempo, amplios sectores de la economía prácticamente se han entregado a la Guardia Revolucionaria, cuyo poder ha aumentado enormemente desde las elecciones. Según un economista, tras la reciente adquisición por parte de estas fuerzas de seguridad de la empresa estatal de telecomunicaciones, se contrataron 12.000 empleados adicionales, muchos de ellos, presumiblemente, leales seguidores. El empleo se utilizo como premio y como forma de intensificar las comunicaciones. En un escenario tal, el gobierno parece incapaz de revertir el elevado gasto realizado por el presidente Ahmadinejad cuando los precios del petróleo alcanzaron niveles sin precedentes, ya que, una vez más, carece de autoridad para tomar decisiones difíciles. Hay un gran debate sobre la posible llegada de una recesión económica. El principal síntoma podría ser una crisis en el tipo de cambio y las reservas de moneda extranjera. Las consecuencias políticas podrían ser enormes si el gobierno comienza a quedarse sin dinero para pagar a sus leales partidarios en las fuerzas de seguridad, por no mencionar los muchos millones de iraníes que trabajan ahora en empresas de propiedad estatal.

Factor clase

Durante las protestas de junio del 2009, hubo un elemento que no estuvo presente, y que ha ido cobrando fuerza: los conflictos laborales.

Desde entonces, ha habido huelgas esporádicas, en su mayoría por impago de salarios, pero ni rastro de un movimiento más amplio de inspiración política.

Image caption Los conflictos laborales son un problema latente de la sociedad iraní.

Si esto se desarrollara y diera lugar, por ejemplo, a una huelga general, sería enormemente perjudicial para el gobierno y para el sistema. Sin embargo, la páralisis en el ámbito de la protesta laboral también ilustra la debilidad del llamado "movimiento verde" opositor.

A pesar de la impopularidad del presidente Ahmadinejad, la oposición no ha sido capaz de aumentar el apoyo entre la clase trabajadora. Tampoco ha ganado adeptos en las diversas regiones de Irán, donde los diferentes grupos étnicos se han radicalizado a consecuencia del régimen. La mayoría de los ciudadanos se puede oponer a Ahmadinejad, y fueron muchos los que votaron en su contra en las elecciones del pasado verano, pero todavía no hay una oposición activa. Por ello, el gobierno podría evitar las consecuencias de su constante mala gestión económica si sigue con su táctica de seguir reprimiendo a la disidencia, aun cuando está llevando a un país rico en recursos a la pobreza.

Jóvenes que miran al exterior

También en otros sentidos, el tiempo juega en contra de Ahmadinejad, ya que la población es mayoritariamente joven, con una buena formación y con la vista puesta en el exterior. A pesar del mensaje engañoso del presidente sobre la base rural de la sociedad, la gran mayoría de la población vive ya en las ciudades. Los iraníes cada vez más se consideran a sí mismos como clase media, con aspiraciones de llevar una vida más libre y más abierta, con menos ataduras religiosas.

En la memoria, tienen además presentes muchos episodios de su historia, de los que se enorgullecen. Entre ellos, la rebelión popular que ha dado forma a la sociedad iraní y el gobierno por más de 100 años. Por todo ello, es difícil imaginar a un gobierno iraní sobreviviendo indefinidamente en el poder, cuando afronta un escenario de divisiones internas y la oposición de tantos y tantos ciudadanos.

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