Última actualización: martes, 29 de junio de 2010 - 20:30 GMT

"Espías": entre la Guerra Fría y la "cumbre de la hamburguesa"

Barack Obama y Dimitry Medvedev

Los presidentes de EE.UU. y Rusia compartieron una hamburguesa la semana pasada.

El documento que contiene las demandas del Departamento de Justicia de Estados Unidos contra de 11 supuestos espías del gobierno ruso, es rico en detalles y puede leerse como si se tratara de una novela de espionaje que data de la época de la Guerra Fría.

Excepto que en este caso, los hombres y mujeres acusados de espiar para Rusia estaban utilizando tecnología del siglo XXI y la Guerra Fría -el enfrentamiento ideológico que tuvo lugar entre EE.UU. y la extinta Unión Soviética entre 1945 y 1991- ya terminó.

De hecho, apenas la semana pasada, los presidentes de EE.UU. y Rusia almorzaron juntos hamburguesas con papas fritas.

Entonces, ¿qué estaban haciendo los presuntos espías? Aparentemente, los acusados se dedicaban a ganarse la confianza de estadounidenses poderosos o muy bien informados en lugares tales como Nueva York, Nueva Jersey, Boston y Washington.

Se habrían codeado con los más importantes financistas de Nueva York, con ex funcionarios del gobierno estadounidense y miembros del Congreso que tenían conocimiento sobre el tema nuclear.

Sus jefes les habrían pedido que se "americanizaran" -que se adaptaran a la forma de vida de los estadounidenses- así que se compraron casas e intentaron integrarseen la sociedad.

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"Conexiones"

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Los acusados tenían identidades falsas. Sin embargo, los documentos judiciales no especifican exactamente qué fingían ser: ¿periodistas? ¿investigadores? ¿personas conocidas en las altas esferas?

Hasta ahora lo que sabemos es que presuntamente se les pidió que "buscaran y desarrollaran conexiones en los círculos de poder en EE.UU." y que luego enviaran de vuelta la información de inteligencia recopilada.

Algunas de las informaciones que los acusados intentanton recabar, parecen bastante serias y están vinculadas a los búnkeres donde estarían almacenadas cabezas nucleares.

Sin embargo, el Departamento de Justicia ha dejado claro que la información que estaba en juego no era clasificada.

De hecho, aún no está claro qué fue lo que realmente los sospechosos lograron conseguir.

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"Conspiradores de Boston"

Barack Obama y Dimitry Medvedev

Las relaciones entre ambos países ahora son más cálidas.

La mayoría de lo que los supuestos espías estaban buscando parece bastante anodino.

En un mensaje desde la sede operativa del grupo, los "conspiradores de Boston" –como se les llama a algunos de los sospechosos en el documento judicial- se les solicita que recopilen información entre otras cosas, sobre la política estadounidense a cerca del uso de internet por parte de terroristas, la política de Washington hacia Asia Central, los problemas de la política militar de EE.UU. y las estimaciones occidentales de la política exterior rusa.

Antes de que el presidente de EE.UU., Barack Obama, viajara a Moscú el año pasado, por ejemplo, se les encargó la misión de buscar más información sobre la política exterior estadounidense hacia Afganistán y en torno al programa nuclear iraní.

Éste es el tipo de información legal que funcionarios políticos en la mayoría de las embajadas recopilan, a través de conversaciones con congresistas y funcionarios gubernamentales y sobre el cual posteriormente escriben informes que envian a las sedes centrales de operaciones.

Diplomáticos de países occidentales aliados, como el Reino Unido y Francia, están en contacto regular -a veces diario- con funcionarios estadounidenses.

Ellos intercambian información -en ocasiones delicada- y material de inteligencia, además de sostener conversaciones francas con sus homólogos estadounidenses.

Pero para los diplomáticos rusos y chinos el acceso es más difícil y las conversaciones en su presencia tiende a ser más reservada.

La información obtenida por este supuesto grupo de espías -no importa qué tan anodina pueda parecer- aún podría ser de valor para Moscú.

Vale la pena recordar que los rusos involucrados en este caso fueron enviados a EE.UU. en la década de los '90, cuando la Guerra Fría recién había terminado y el nivel de desconfianza aún era bastante alto.

Uno casi se preguntaría si fueron olvidados en EE.UU., si no fuera porque la demanda aporta detalles sobre recientes solicitudes de información.

"Conspiración para actuar"

En efecto, los supuestos espías no enfrentan cargos por espionaje, sino por "conspirar para actuar como agentes ilegales de la Federación Rusa dentro de EE.UU.".

Es lamentable que esta actividad sucedía en nuestro país; pero esto no debe afectar el actual impulso que tienen nuestras relaciones con Rusia

Funcionario de Estados Unidos en conversación con la BBC

En el pasado ha habido, por supuesto, casos mucho más serios de espionaje –como el de Robert Hanssen, un ex agente de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés) que suministró información altamente clasificada a Rusia y fue arrestado en 2001.

Hanssen fue sentenciado a cadena perpetua sin libertad condicional.

En 2006, Ariel Weinmann, un funcionario de la Marina de EE.UU., fue arrestado y acusado de espionaje. Se sospechaba que estaba trabajando para los rusos.

Aunque el último incidente no deja bien parados a los rusos, particularmente después de la amistosa "cumbre de la hamburguesa" de la semana pasada, la reacción inicial de Washington ha sido moderada.

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Un alto funcionario estadounidense le dijo a la BBC: "Es lamentable que esta actividad estuviera sucediendo en nuestro país; pero esto no debe afectar el actual impulso que tienen nuestras relaciones con Rusia".

Las historias sobre espías rusos suenan alarmantes pero probablemente no sorprenden a nadie en Washington, especialmente no causan asombro en el gobierno.

De hecho, funcionarios estadounidenses que viajan a Moscú rutinariamente apagan sus teléfonos celulares Blackberry y los dejan en el avión para asegurarse de que la información contenida en sus móviles no pueda ser interceptada por algún agente de inteligencia ruso.

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