Cross: "Es fácil entrar pero no salir"

El mayor general del ejército británico, Tim Cross, ha estado al frente de varias misiones internacionales para la estabilización de países en la posguerra, en particular en los Balcanes.

Estuvo presente en la primera Guerra del Golfo, cuando el derrocado presidente de Irak Saddam Hussein invadió Kuwait y luego, en 2003, fue el representante del Reino Unido para la reconstrucción y asistencia humanitaria de Irak, bajo el liderazgo del administrador interino estadounidense, Jay Garner.

La BBC le pidió su opinión sobre una misión que este martes termina su fase de combate. Estas son sus palabras.

"La historia nos enseña que, mientras es fácil entrar en una pelea, salirse de ella es un asunto muy diferente.

Irak empezó para mí entre 1990-91, cuando formé parte de la 1era. División Blindada con la que ayudé a sacar las fuerzas de Saddam de Kuwait, y continuó hasta la primavera de 2003 cuando entré a Bagdad.

Los aciertos y las equivocaciones de la invasión en 2003 sin duda serán debatidas durante muchos años venideros, pero en aquel entonces -como ahora- no tuve ningún reparo respecto a eliminar a Saddam Hussein y su brutal régimen.

Sin embargo, ha sido un trayecto difícil y, a medida que el retiro continúa, es menester que reflexionemos sobre algunos de los momentos clave de ese recorrido.

Para mí, esos momentos incluyen una conversación que tuve con unos iraquíes en abril de 2003, poco después de entrar en Bagdad.

Querían saber por qué la Coalición no había instalado una brigada en la capital en la primavera de 1991; se hubiera podido evitar mucho del sufrimiento en los subsiguientes 12 años, arguyeron.

Después, viendo los cadáveres siendo removidos de las fosas comunes en Hillah, al sur de Bagdad, y siendo testigo de la destrucción de los pantanos del sur, acompañado de personas que habían vivido allí y en los alrededores de Basora, ese argumento cobraba más fuerza.

La Coalición había instado a estas personas a sublevarse en marzo de 1991 y el resultado fue tan brutal como lo que vi en mis otras misiones en los Balcanes y otros lugares.

El inocente optimismo de los líderes tanto de Estados Unidos como del Reino Unido todos esos años después en 2002, así como su rechazo inicial a dedicar los recursos necesarios para la planeación y reconstrucción de la posguerra, definitivamente hicieron que las cosas fueran peores que lo que debieron ser.

Yo estuve presente cuando se anunció la ridícula decisión de desbandar el ejército iraquí, eliminar selectivamente del sector público -incluyendo de ministerios clave- personal afiliado al antiguo partido Baaz, y frenar los procesos políticos que Jay Garner había empezado a establecer a comienzos de 2003.

A esto podemos añadirle los años perdidos antes de la intensificación militar, las serias deficiencias en los niveles de equipos y pie de fuerza del Reino Unido que solo cambió cuando el Gobierno -avergonzado- se vio forzado a tomar acción.

Todo esto, y más, contribuyó a los niveles de violencia y penurias económicas que el pueblo iraquí han enfrentado día a día durante siete largos años.

A pesar de que es correcto que la Coalición haya mantenido su presencia durante tantos años -a un gran costo finaciero y humano- la realidad es que nuestro compromiso militar debe ir concluyendo e Irak debe continuar construyendo y desarrollando sus propias capacidades.

Los países están hechos de personas, y las personas pueden ser guiadas, convencidas, cuidadas, amadas y hasta amenazadas; pero al final de cuentas, ellas mismas deben encontrar su propio camino.

Tomará tiempo superar el inevitable temor e incertidumbre.

Desarrollar la confianza en el futuro de la nación -y con ésta la lealtad, disciplina e integridad que son los fundamentos de una sociedad firme- es un largo proceso de décadas. No obstante, es posible lograrlo y el pueblo iraquí tiene un potencial innato para construir una sociedad fuerte y exitosa.

Ahora, cuando nuestra atención se vuelve hacia Afganistán -que me preocupa muchísimo más que Irak en cualquier momento- tal vez nuestros líderes políticos también hagan una pausa y reflexionen y, ojalá, estén menos dispuestos a entrar en más peleas en el futuro".