Última actualización: viernes, 3 de septiembre de 2010 - 10:46 GMT

La discreción logró lo imposible

Ytzhak Rabin, Bill Clinton, Yasser Arafat

El acuerdo de Oslo se firmó formalmente en la Casa Blanca.

El escepticismo es una constante cuando se trata de conversaciones de paz en el Medio Oriente. Pero quizás vale la pena recordar que en los momentos previos a que se lograra el probablemente único hito que se ha marcado hasta ahora, reinaba una completa desesperanza.

Antes de la firma del Acuerdo de Oslo prácticamente no existía nada que apuntara a una posible resolución y el mediador por excelencia se había dado por vencido.

Durante el verano de 1993, un frustrado y agotado portavoz del Departamento de Estado de Estados Unidos se lamentaba públicamente de que los israelíes y palestinos nunca llegarían a un acuerdo de paz.

"Si no se progresa, uno realmente tiene que evaluar si es acertado seguir invirtiendo recursos (...) No podemos, como lo hemos dicho una y otra vez, hacer por las partes lo que tienen que hacer por sí mismas".

Mona Juul

"Fueron negociaciones extremadamente difíciles hasta el puro final. El resultado solo se vino a dar uno o dos días antes"

Mona Juul, diplomática noruega

Lo que no sabían ni el vocero de la Casa Blanca ni el resto del mundo, era que, a unos seis mil kilómetros de Washington, en una tranquila capital europea, los palestinos e israelíes sí estaban dialogando. Las conversaciones se venían llevando a cabo desde hacía ocho meses, lejos de las cámaras, y se estaba a punto de concretar el histórico convenio.

Mona Juul, de la Cancillería noruega, junto con su esposo Terje Roed Larsen, un sociólogo y diplomático, conjuntamente ayudaron a facilitar las reuniones, varias de las cuales, se dieron en la cocina de su residencia.

"Fueron negociaciones extremadamente difíciles hasta el puro final", reveló Juul a la BBC. "Sólo nos dimos cuenta de que habría una firma uno o dos días antes".

Riesgos y risas

El proceso era tan secreto que Juul y Larsen tuvieron que mantener silencio con sus propios colegas y con sus familias. Ni hablar de las partes involucradas.

Terje Roed Larsen

Terje Roed Larsen es un veterano diplomático y negociador de paz.

"El gobierno de Israel habría tenido que renunciar pues en ese entonces era ilegal hablar con miembros de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP). Y lo mismo para estos últimos... muy arriesgado. Incluso para nosotros, poníamos en peligro nuestra relación con EE.UU.", señaló la diplomática.

Los primeros pasos tentativos se habían dado a finales de 1992. Tanto israelíes como palestinos estaban abiertos al diálogo cara a cara -aunque en privado- lejos de la atención internacional. Noruega era neutral, lista para hacer el intento.

Los noruegos los hicieron sentirse cómodos, les servían las comidas y los atendían, pero les quedaba claro que tenían que mantenerse neutrales. Los llevaron al recinto, cerraron la puerta y los dejaron solos.

"De repente, escuchamos fuertes risas y comprendimos que todo había empezado con el pie derecho".

Esa primera reunión fue entre el contingente palestino encabezado por el ministro de la Organización para la Liberación de Palestina (OPL), Abu Ala, y el gobierno de Israel, representado por dos académicos y luego por una alto funcionario de la Cancillería, Uri Savir.

Entre gritos y chistes

A pesar de que entre Ala y Savir se desarrolló una relación admirable que les permitió impulsar las negociaciones, Mona Juul dice que frecuentemente hubo momentos de crisis.

Shimon Peres

El entonces canciller Shimon Peres dijo que se iba a dormir.

"Sostuvieron airadas peleas, se gritaban pero, al mismo tiempo, se tenían un enorme respeto. Y muchas veces tuvieron el buen sentido de introducir el humor para desviar la tensión", explicó Juul.

Durante una ocasión memorable, Mona fue objeto de una broma, cuando Uri Savir y Abu Ala concluyeron una charla tarde en la noche.

"Salieron con las caras largas, cansados, y me dijeron que todo había fracasado y que se marchaban a casa. Yo no podía creerlo y quería llamar a mi esposo, pero resultó que me estaban tomando del pelo".

No obstante, en medio de los chistes y chanzas, se estaban dando grandes pasos. Las delegaciones acordaron una declaración de principios, que sería el marco de futuras negociaciones. Bajo ésta, los palestinos recibieron el derecho de autonomía limitada; las fuerzas israelíes se retirarían primero de Jericó y luego de Gaza. La OPL reconocería por primera vez el derecho de existencia de Israel.

Fue un logro extraordinario, después de décadas de estancamiento. El siguiente paso sería suscribir el documento. Pero en secreto.

¡Que se vayan los invitados!

Para no atraer la atención, se montó una cena oficial en Oslo durante una visita oficial del entonces canciller de Israel, Shimon Peres. Pero a la hora de la verdad, los negociadores tuvieron que esperar hasta que los demás invitados se marcharan.

"No sabíamos cómo deshacernos de ellos. Les sugeríamos que fueran a algunos clubes en la ciudad, hasta que Shimon dijo que se iba a acostar y, con eso, se marcharon", contó.

Hicimos una pequeña ceremonia, sencilla, 'hecha en casa' pero para los que estuvimos involucrados fue increíblemente emotiva

Mona Juul, diplomática noruega

Una vez se fueron, la policía secreta noruega escoltó rápidamente a las delegaciones negociadoras por una puerta trasera. Era la una de la madrugada del 20 de agosto.

"Hicimos una pequeña ceremonia, sencilla, 'hecha en casa' pero para los que estuvimos involucrados fue increíblemente emotiva. Creo que ni estabamos conscientes de la importancia histórica de ese momento... por fortuna, los servicios secretos noruegos grabaron todo", recuerda Juul.

Tres semanas más tarde, los Acuerdos de Oslo se firmaron oficialmente en el jardín de la Casa Blanca por el líder de la OLP Yasser Arafat y el primer ministro de Israel, Yitzhak Rabin.

Con el presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, de testigo, el histórico apretón de manos fue reconocido después con el Premio Nobel de la Paz para ambos líderes.

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