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El exiliado que promueve la libre empresa en Cuba

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3 abr 2012 16:32 GMT

Fernando Ravsberg

La Habana

Carlos Saladrigas

En 1961, con apenas 12 años de edad, Carlos Saladrigas fue enviado solo a Miami porque sus padres pretendían salvarlo del comunismo.

Medio siglo después es uno de los empresarios cubano-estadounidenses de mayor éxito. Militó durante gran parte de su vida en el ala dura del exilio anticastrista pero ahora forma parte de un grupo que pretende apoyar el proceso de reformas que se realizan en Cuba.

Se trata del Grupo de Estudios de Cuba, empresarios cubanos en el exilio que dicen trabajar juntos aunque con diferencia de criterios "con el fin de tender puentes, buscar soluciones y apoyar los cambios" en la isla.

La pasada semana dio una conferencia en el Centro Cultural Félix Varela de La Habana, donde expuso sus puntos de vista. Posteriormente aceptó conversar en exclusiva con BBC Mundo.

¿Qué propone Carlos Saladrigas a la sociedad cubana?

Lo que proponemos es buscar soluciones para Cuba, el conflicto cubano es un conflicto político y por lo tanto debe tener una solución política. En vez de entorpecer los cambios estamos comprometidos a facilitarlos para que sean más rápidos, más fáciles y más abundantes.

Yo creo que es obvio para todos -incluyendo a los líderes del gobierno cubano- que los cambios son muy necesarios, hacen muchísima falta.

Usted viene del ala dura del exilio, ¿qué lo llevó a cambiar?

Fue un proceso evolutivo. Yo soy empresario y cuando un empresario hace lo mismo durante 53 años sin obtener resultados no insiste, cambia de estrategia, busca otros medios. También hubo un proceso de reflexión sobre como pretendíamos cambiar a Cuba mediante sanciones que produzcan hambruna para que el pueblo se levante contra el gobierno. Eso no es ético, es usar al pueblo como si fuera un misil. En su lugar, ahora nos proponemos ayudar al pueblo a mejorar su vida y a reforzar su sociedad civil.

¿En concreto que proponen?

Ayudar a la pequeña empresa, nosotros pensamos que la pequeña empresa en cualquier país del mundo es una fuerza importantísima que democratiza la economía evitando la excesiva concentración de riquezas y creando empleos. Ahora que el gobierno ha decidido que la pequeña empresa es importante para Cuba es un buen momento para ayudarlos a que mejoren sus empresas y que cuenten con la capacidad y los recursos para hacerlo.

¿Cuáles serían las vías para apoyarlos?

Apoyar a la iglesia en términos de capacitación de los nuevos emprendedores, utilizar el talento de los empresarios de Miami en términos de consejería y, cuando sea posible, entregar microcréditos para ayudarlos a capitalizarse. Lo haríamos con un fin no lucrativo.

¿Pretenden ustedes invertir aquí?

Las leyes de uno y otro país están tan lejos de permitir eso que no vale la pena ni siquiera especular.

¿Qué respuesta han tenido de las autoridades cubanas?

No hemos hablado con nadie. Algún día se darán los contactos pero mientras tanto creo que hay espacios en la sociedad civil para hacer cosas. La misma iglesia tiene ya programas de formación empresarial muy buenos.

Usted dijo que si tuviera 25 años no se iría del país por las perspectivas que se abrirán en los próximos cinco años.

Sí, yo me la jugaría pero no pretendo imponerle mi criterio a nadie, sería muy injusto porque existen probabilidades de que no suceda. Ya hemos visto antes como se avanza y después se le da marcha atrás a las cosas, algo que ha generado mucho escepticismo. Pero yo viendo la situación internacional y las interesantes perspectivas de aquí creo que en cinco años en Cuba habrá muchas posibilidades para un joven emprendedor.

¿Qué le hace pensar que esta vez no habrá marcha atrás?

Lo veo muy difícil porque no creo que haya otras opciones, no queda más remedio que seguir hacia adelante. La gran pregunta no es si van a dar marcha atrás sino cuán rápido van a ir hacia adelante.

Al margen de la velocidad Usted plantea algunas críticas sobre la forma en que se hacen las reformas.

Cuando se hacen pequeñas aperturas en todos los sectores de la economía es difícil que tenga impacto en los mercados. Yo sugiero que el Estado escoja que sectores que quiere mantener bajo su control y que el resto los abra completo, que los mercados se ajusten y eso es lo que traerá la eficiencia. Los mercados han demostrado su capacidad de crear riquezas y reducir pobreza. Hay que regularlos pero no desde un papel restrictivo, deben dejar que los mercados hagan su trabajo.

¿Qué papel juega la beligerancia de EE.UU. y del exilio duro?

Sirve de muleta para adosarle todos los errores, le da legitimidad al gobierno cubano y genera miedo. La voluntad de cambio aumenta cuando los beneficios del cambio exceden los costos del cambio.

Tenemos que disminuir el costo del cambio para disminuir el miedo al cambio, hay que hablar de sus beneficios, de lo que podemos hacer todos juntos por el futuro de Cuba. El pasado nos enloda, dejémoselos a los historiadores y enfoquémonos en el futuro.

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