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La frontera que miles de españoles cruzan cada día para trabajar

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8 may 2012 10:23 GMT

Pablo Esparza

BBC Mundo, Gibraltar

Gibraltar

España: la fina Línea entre el empleo y el desempleo Ver 02:29

Miles de españoles hacen un viaje diario de ida y vuelta a territorio británico para trabajar. Pero no necesitan tomar un avión.

Su destino es Gibraltar, el enclave británico incrustado en el sur de la Península Ibérica, que es un oasis con pleno empleo en una de las regiones de Europa más castigadas por la crisis.

Nadie publica estadísticas sobre algo tan difícil de medir como los contrastes, pero Gibraltar es quizá uno de los lugares con mayor concentración de ellos por metro cuadrado.

En la calle principal de la ciudad, los bares sirven jamón serrano y sangría como cualquier local de Madrid y también fish and chips y full English breakfast, como si de un pub londinense se tratara. Y todos los productos son "tradicionales".

El lugar es pequeño. Tanto que la carretera que llega de España cruza la pista de aterrizaje del aeropuerto y un semáforo detiene a los autos para que dejen pasar a los aviones que llegan o se van.

Este enclave de alrededor de 30.000 habitantes y seis hectáreas de extensión –poco más del doble de Central Park de Nueva York- pasó a manos británicas en 1713, cuando España lo cedió como consecuencia del Tratado de Utrech, que puso fin a la larga guerra de Sucesión y llevó a los Borbones a la corte de Madrid.

"Un escape"

El hecho de que la economía gibraltareña esté sorteando la crisis con éxito ha hecho que la diferencia económica con los pueblos vecinos haya aumentado y que muchos españoles busquen una salida laboral en el peñón.

Mientras la provincia de Cádiz, donde "la roca" está incrustada, tiene una de las tasas de desempleo más altas de Europa -superior al 35%- el enclave británico -con un paro de menos del 5%- ronda el pleno empleo.

Según la Asociación de Trabajadores Españoles de Gibraltar, cerca de 12.000 españoles trabajan en el territorio británico, 4.300 de ellos de forma fija.

"Gibraltar es un escape para mucha gente que está pasando una mala situación aquí", comenta Juan José Uceda, vocero de la asociación, en diálogo con BBC Mundo.

Cruzar "la verja"

Que los españoles crucen la frontera para trabajar no es un fenómeno nuevo, como tampoco lo es que numerosos gibraltareños y británicos residan en las ciudades españolas aledañas.

Pero el número de esos trabajadores que trabajan en Gibraltar está aumentando. De acuerdo con Uceda, en el último año, pasó de 3.700 a a 4.300, la mayoría empleados en el sector servicios y de la construcción.

Cada mañana, el tráfico de la carretera entre La Línea de la Concepción –la ciudad española más cercana- y Gibraltar circula casi en una única dirección.

En hora punta, el flujo de carros, motos, personas a pie y en bicicleta hacia el peñón es constante.

Manolo, que es de La Línea, pero lleva 35 años trabajando en Gibraltar, le cuenta a BBC Mundo que la primera vez que viajó a la roca no pudo hacerlo por tierra y tuvo que tomar un barco desde Marruecos.

Eran los años 70 y en 1969 el gobierno del general Franco había decretado el cierre de la aduana –conocida popularmente como "la verja"- como medida de presión contra el Reino Unido. Esa clausura se mantuvo hasta 1982 y dejó profundas huellas en los habitantes de la zona.

"Yo sólo he tenido dos problemas en mi vida con la policía. Uno fue cuando tuve que saltar la verja ilegalmente porque mi padre estaba a punto de morir en el lado español. La otra hace poco, porque una mañana fui a trabajar con una camiseta de protesta contra los controles aduaneros a los trabajadores", dice este empleado de unas instalaciones de combustible cuya mujer e hijo también trabajan en la roca.

Beneficio mutuo

Gibraltar pertenece a la Unión Europea, pero -al igual que el Reino Unido- no forma parte del tratado Schengen, que elimina los controles fronterizos en Europa.

Las autoridades españolas denuncian que el paso es un coladero para el contrabando de tabaco, que es mucho más barato en Gibraltar que en España.

Sin embargo, muchos trabajadores califican la frontera de cuello de botella y a menudo las esperas de los vehículos pueden durar horas.

Y en tiempos de crisis, las cuestiones económicas cobran relevancia entre los trabajadores de la zona.

"Gibraltar es nuestra única fábrica. Es de la frontera hacia arriba cuando la gente desconoce lo que es Gibraltar y lo ve esto como un problema", señala Uceda.

En 2009, el profesor JohnFletcher de la Universidad de Bournemouth llevó a cabo un estudio sobre la importancia económica del enclave británico para El Campo de Gibraltar, la comarca que lo envuelve.

Según su informe, en 2007, los trabajadores españoles que cruzan la frontera ganaban cerca de US$70 millones al año.

"Gibraltar se beneficia de la región también. No es un tráfico en un solo sentido", señaló.

Es una relación, indica Fletcher, beneficiosa para ambos lados. También en este punto, Gibraltar, parece obligado a tener un papel de bisagra.

Territorio de ultramar

Las claves del éxito económico del enclave británico radican en su condición de territorio de ultramar –autónomo casi todas las materias, pero no en defensa y política exterior-, que le permitió disponer de un sistema fiscal propio.

El lugar se convirtió en un centro financiero importante y, en la última década, en uno de los principales nudos de operaciones de apuestas online.

Las compañías domiciliadas en el territorio, pero que desarrollaban sus negocios fuera de él, no pagaban impuestos y durante años, algunos organismos -como la OCDE hasta 2000- incluyeron a "la roca" en las listas internacionales de paraísos fiscales.

Sin embargo, esta situación cambió en los últimos años y en 2011, el gobierno local introdujo un nuevo impuesto del 10% a las empresas. Una tasa que sigue siendo baja en comparación con la de la mayoría de países de su entorno. En España, por ejemplo, el impuesto a las sociedades es del 30%.

"Gibraltar ya no tiene cero impuestos. Y era entonces cuando se nos incluía en esas listas", señala a BBC Mundo Fabian Picardo, ministro jefe (el equivalente a primer ministro) del territorio.

Picardo, del partido laborista, de centroizquierda, habla un inglés impecable, con el acento propio de las islas británicas. Pero cuando se da cuenta de que quien se dirige a él es hispanohablante, cambia de lengua con naturalidad y responde en perfecto "andaluz".

"Entramos en la competición internacional que hay para convertir a nuestro país en el más atractivo para instalar su empresa y hacer sus negocios aquí", nos comenta frente a un retrato de la reina Isabel II.

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