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El homicidio que obsesiona a los colombianos

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16 ene 2013 19:34 GMT

Arturo Wallace

BBC Mundo, Bogotá

Luis Andrés Colmenares. Foto: Archivo Particular / Cortesía El Tiempo

La muerte de Luis Andrés Colmenares, en la madrugada del 31 de octubre de 2010, no capturó en un inicio la atención de los medios de prensa colombianos.

Pero cuando casi un año después la fiscalía decidió reabrir el caso, originalmente considerado un suicidio, todo el país empezó a poner atención.

Los padres del estudiante de la Universidad de Los Andes nunca habían creído en la versión de las dos jóvenes que acompañaban a su hijo en esa noche de Halloween.

Y con la ayuda de médicos forenses y detectives privados obligaron al Ministerio Público a retomar la investigación.

En la versión de Laura Moreno y Jessy Quintero, compañeras de Colmenares en la prestigiosa universidad bogotana, el joven de 20 años había salido corriendo de pronto, a la salida de una fiesta en la capital colombiana.

Y, en su loca carrera –dijeron- se había precipitado al caño que atraviesa el parque El Virrey, ubicado en el norte de Bogotá.

La segunda necropsia, solicitada por los padres del estudiante de ingeniería industrial, sugería sin embargo que su muerte había sido consecuencia de un golpe en la cabeza propinado con un "objeto contundente".

Y varias heridas en cuerpo y cabeza, aparentemente ocasionadas con arma blanca, parecían echar por tierra definitivamente la hipótesis del suicidio, favorecida por el anterior fiscal.

"Historia de novela"

Para octubre de 2011 las dos jóvenes ya habían recibido casa por cárcel y Moreno –descrita por los medios como la novia de Colmenares– empezó a ser procesada por coautoría impropia de homicidio y falso testimonio.

Y Quintero, su mejor amiga, por falso testimonio y encubrimiento.

Fue en ese momento que los medios locales empezaron a interesarse en el caso, que también capturó la atención de las redes sociales.

Y desde entonces a la fecha, la extensa e intensa cobertura mediática les ha permitido a los colombianos seguir paso a paso el proceso y las investigaciones, que en junio del año pasado condujeron a la captura de un exnovio de Moreno, también estudiante de la Universidad de Los Andes.

Carlos Cárdenas fue identificado por la fiscalía como el principal sospechoso de la muerte de Colmenares y del encubrimiento que en su momento puso fin a la investigación.

Pero los tres jóvenes siempre han insistido en su inocencia.

Y este miércoles la historia dio otro giro inesperado, cuando el Ministerio Público pidió la anulación del proceso por homicidio agravado y soborno en contra de Cárdenas, y ordenó la captura de varios de los testigos en su contra.

Un giro que probablemente hará que que toda Colombia vuelva a interesarse en la historia, que ha logrado capturar como pocas la imaginación del país.

"Es que es una historia que tiene todos los ingredientes de una novela: unas mujeres muy lindas, un muchacho hacendoso de provincia que supuestamente es asesinado, un grupo de estudiantes de una prestigiosa universidad y la noche de brujas", le dijo a BBC Mundo José Monsalve, autor de un libro sobre el caso Colmenares.

Y el editor en jefe del diario El Tiempo, Ernesto Cortés, destaca dos elementos: la extracción de clase de los involucrados y el perfil mediático de los abogados que asumieron su representación.

"Se trata de jóvenes de estratos sociales altos, que estudian en la mejor universidad que tiene el país y una de las mejores universidades del continente, la Universidad de los Andes, y eso ha despertado un poco como la morbosidad del crimen de estratos altos", le dijo a BBC Mundo.

"Y tanto la defensa de las víctimas como las de los (supuestos) victimarios la están asumiendo las firmas de abogados más prestigiosas del país, lo que también le ha dado mucha relevancia", agregó.

"Espejo de la impunidad"

El escritor y columnista Ricardo Silva Romero, sin embargo, considera que la historia ha fascinado a los colombianos por lo que dice del país y de su sistema de justicia.

"Alguien o algo hecho de dinero, que respira pesadamente en la sórdida tras escena del drama, ha conseguido que ni los supuestos amigos que fueron testigos de la lenta agonía de la víctima ni los primeros funcionarios que tuvieron el caso entre las manos se atrevan a contar lo que pasó", escribió Silva Romero en una columna publicada en el diario El Tiempo el pasado seis de enero.

"Pero la verdad está aquí día por día como una mancha que no quita. Y todo aquel que se entera de la noticia se obsesiona con ella porque de prueba en prueba, de los perturbadores informes de los médicos forenses a las incriminatorias llamadas interceptadas, se ha estado convirtiendo en una antología de nuestros peores males", agregó.

Y Monsalve, quien en su libro defiende la tesis de que "Nadie mató a Colmenares" -como se titula la obra- coincide en que la obsesión por la búsqueda de justicia es parte importante de la ecuación.

"Al comienzo ese fue el interés genuino de la gente, que recibió la historia con indignación porque partían del presupuesto de que era un crimen execrable y que entre más presión y más indignación se mostrara en redes sociales resultaría más difícil burlar la justicia o que el tema quedara en la impunidad", le dijo a BBC Mundo.

Pero el periodista de la revista Semana, ganador en el año 2008 del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar, considera que esa impresión fue reforzada injustamente por unos medios de prensa que sacrificaron calidad informativa a cambio de audiencia.

Y también por unos funcionarios de la fiscalía "que entendieron que era un caso muy taquillero, quisieron tener su cuarto de hora de fama y le dieron cuerda a una tesis que cuando uno hace las verificaciones no tiene como sustentarla".

Por lo pronto, sin embargo, los procesos judiciales continúan su curso. Y el "Caso Colmenares" continúa capturando la atención de todo un país.

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