Las Sucias, el dúo musical que pretende acabar con el patriarcado del reggaetón

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Image caption Alexandra Buschman y Danishta Rivero formaron el dúo Las Sucias en 2015.

"Somos sucias y a mucha honra".

La puertorriqueña Alexandra Buschman y la venezolana Danishta Rivero no tienen miedo de causar incomodidad o levantar cejas con su música, sus letras, sus comentarios, o incluso su nombre.

Juntas forman Las Sucias, un dúo que aspira a la deconstrucción de los aspectos del reggaetón que consideran más machistas pero preservando los elementos más positivos de este género musical.

Con una original combinación de música electrónica, mantras que se repiten, letras provocadoras y una escenografía que recuerda a un ritual sagrado, Las Sucias se hicieron un hueco en el mundo de la música underground de California, Estados Unidos.

Y ahora aspiran a dar el salto fuera de sus fronteras.

BBC Mundo habló con ellas.

Mujeres y latinas

Alexandra Buschman, de 36 años, y Danishta Rivero, de 38, se conocieron en 2008 en Mills College, una facultad de artes y ciencias ubicada en Oakland, en la zona de la bahía de San Francisco, California.

"Ella estudiaba música electrónica y yo composición musical", cuenta Alexandra.

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Image caption Las Sucias publicaron este año su primer álbum, "¡Salte al medio!".

"Empezamos a hacer colaboraciones musicales, sobre todo con la voz, improvisando. Queríamos hacer una versión más experimental y feminista del reggaetón, lo llevábamos hablando desde 2008 pero no fue hasta hace un año que le metimos mano y comenzamos".

Como resultado de ese proyecto en común, el dúo publicó este año su primer álbum "¡Salte del medio!", que contiene cuatro canciones.

"Ha sido increíble", interviene Danishta. "Nosotras nos reunimos así más que nada para hacerlo para nosotras mismas, la intención no era… no sé, fue muy personal reunirnos y trabajar en este proyecto, pero desde el principio, desde los primeros ensayos, fue algo muy catártico".

Su estilo innovador y difícil de etiquetar encontró cabida en los escenarios del área de la bahía de San Francisco y el apoyo del público no se hizo esperar.

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Image caption Lo que empezó como un proyecto personal terminó encontrando una buena recepción entre el público de la bahía de San Francisco, California.

"Somos dos de las pocas mujeres que hay en escena y encima de eso somos latinas", añade Alexandra.

"Había una necesidad de romper con el estereotipo, son sonidos que nostálgicamente extrañamos pero a la vez los vemos como machistas.

"Teníamos este deseo de cambiarlos y hacerlo para la mujer latina, especialmente para la mujer latina en Estados Unidos".

¿Un género estigmatizado?

Con letras como "Zúmbale mambo pa' que mis gatas prendan los motores" (del éxito "Gasolina", de Daddy Yankee), "Agárrala, azótala, pégala" (de Trébol Clan) o "Eso lo quiero ver, qué pasa cuando te pego duro contra la pared" (también de Daddy Yankee) el reggaetón se ha ganado las críticas de quienes acusan al género de ser misógino y de presentar a las mujeres como objetos sexuales.

"Yo estuve en ese mismo bote cuando vivía en Puerto Rico, odiaba el reggaetón, lo identificaba con el machismo, con gente cafre", recuerda Alexandra.

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Image caption El género del reggaetón despierta admiración y rechazo.

"Cuando salí de allí lo miré de otra forma, empecé a mirar a Puerto Rico con nostalgia y empecé a extrañar esos estilos. Me di cuenta de que era un poco clasista de mi parte ver al reggaetón de esa manera, como si fuera negativo nada más", reconoce.

"El beat del reggaetón está basado en la música dancehall que no está tan estigmatizada, no tiene la reputación tan mala. La gente en EE.UU. no ve el reggaetón como ve el dancehall cuando en realidad el beat es prácticamente lo mismo", agrega.

Me di cuenta de que era un poco clasista de mi parte ver al reggaetón de esa manera, como si fuera negativo nada más".

Alexandra Buschman, dúo Las Sucias

"Sí, la mayoría de los exponentes del reggaetón, las letras, son machistas y un poco desagradables pero a la misma vez hay muchos exponentes del reggaetón que también son buenísimos", apuntaAlexandra.

"Ahí está Ivy Queen, ella siempre está pendiente del feminismo y tiene buenas letras. Y ha habido otros que han sido buenísimos", continúa.

Danishta coincide en que no se puede tachar todo el género como algo malo.

"Si la música hace que el cuerpo baile en realidad no puedes hacer esos juicios de valor. La cultura que representamos es la que nos influye en cómo nos vemos y cómo vemos a los demás", señala.

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Image caption Las Sucias critican el estilo de reggaetón sobreproducido en estudio donde "todo suena igual y las letras son iguales".

"Yo eso lo he oído mucho entre personas de mi familia y amigos que el reggaetón 'nada que ver'. Tú les dices 'reggaetón' y ya fruncen el ceño solamente por el hecho de decirle el género cuando en realidad la música es válida, hace que el cuerpo se mueva.

"¿Qué es lo que hay allí que haga que me sienta o me ponga incómoda? ¿Qué puedo hacer yo para cambiar esa parte del reggaetón que en realidad no es fija?", se pregunta.

Ritual y espiritualidad en escena

El estilo de Las Sucias parte de la música más experimental para acercarse a un género más popular como forma de expresar el mestizaje del que se muestran orgullosas.

Ambas reconocen la influencia de la religión en su música, con componentes del catolicismo y la santería, algo que se aprecia en los elementos de trance y repetición de sus canciones.

"La música experimental es en cierto modo más académica, más intelectual, que la música de baile que se siente como en el vientre, en el estómago", opina Danishta.

"Mi interés ha sido tratar de sacarlo más del intelecto y meterlo más en el vientre y la manera de hacerlo ha sido por medio del rito, el trance es muy importante".

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Image caption El reggaetón tiene en los puertorriqueños Daddy Yankee (izda.) y Don Omar (dcha.) a dos de sus principales representantes.

Grabaciones y conciertos

La publicación de su álbum y el éxito de sus conciertos en el mundillo alternativo de San Francisco animaron a Las Sucias a dar un paso más y lanzarse a conquistar América Latina, donde creen que su mensaje es muy necesario.

No temen que su nombre genere rechazo.

"Por lo menos en Puerto Rico y en Venezuela, cuando alguien es un sucio tiene muchos significados, por ejemplo que friega mal, no tiene un sentido tan sexual como en inglés", explica Alexandra.

"Hay esa idea de que algo que es limpio o puro es deseable y que lo impuro es indeseable. Nosotras no somos puras en ninguna definición de la palabra, no podemos identificar esa pureza: somos sucias y a mucha honra", concluye Danishta.

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